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Sureste

El centenario de una tragedia familiar

Seis personas murieron sepultadas en un casa cueva en Guayadeque el 19 de noviembre de 1921

El centenario de una tragedia familiar

Cien años hace del despredimiento que costó la vida a Antonio López y Josefa Rodríguez, y a cuatro de sus hijos. Los descendientes de los supervivientes piden que no quede en el olvido.

La memoria sigue viva, mientras se cuente. Se han cumplido cien años del trágico accidente, el derrumbe de un risco, que supuso la muerte de seis personas: Antonio López Bordón; su esposa Josefa Rodríguez Ramírez; y de cuatro de los ocho hijos de este matrimonio, y que eran Lola, Josefa, Rita y Diego López Ramírez. Todos se encontraban durmiendo. Esta tragedia ocurrió durante la madrugada del 19 de noviembre de 1921 en una de las casas cuevas de Cueva Bermeja, en el barranco de Guayadeque, que es el linde de los municipios de Agüimes e Ingenio. Los otros cuatro hijos, Santiago, Antonio, María y Bartolo López Rodríguez se salvaron porque no se hallaban en esa vivienda.

Otro derrumbe del risco ocurrió en el mismo lugar de Cueva Bermeja, aunque 67 años después, exactamente el 23 de noviembre de 1988. En esta ocasión no hubo víctimas mortales, ni afectados.

José López, de 97 años, y Rita López, de 91, nietos y sobrinos de las víctimas, narran lo que les contaron

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Para que no se olvide esta tragedia de una familia humilde de Guayadeque ocurrida en 1921, dos de los nietos de Antonio López y Josefa Rodríguez narran a LA PROVINCIA / DLP lo que les contaron sus padres y otros familiares porque «fue un drama» para la familia. Ellos no habían nacido, sino pocos años después. Se trata de José López Bordón, nacido en Cueva Bermeja, en Guayadeque, en el suelo de Agüimes, en 1924, es decir, tiene 97 años; y su mujer Rita López Ramírez, que nació en 1930, hace 91 años, en Morro Junco, también en Guayadeque, en el municipio de Ingenio. Los dos residen en la actualidad en Los Molinillos, en la zona conocida como el kilómetro uno, en el casco del pueblo de Ingenio, y siempre están acompañados por algunos de sus hijos, nietos y sobrinos. José López es hijo del superviviente Bartolo López, y Rita López es hija de otro que sobrevivió, Santiago López, y por eso son primos.

Cabe destacar que algunos de los datos son aproximados porque la principal fuente de esta información es gracias a la transmisión oral, y a lo que recuerden los nonagenarios José López y Rita López de unos hechos ocurridos hace ya cien años.

Ambos se encuentran bien de salud en general, aunque ella tiene algún problema de audición y él a veces olvida lo reciente. «Ellos tienen buen tino», resalta una sobrina.

Antonio López Bordón se ganaba la vida recogiendo leña que luego vendía a panaderías de Agüimes e Ingenio. Josefa Rodríguez cuidaba y criaba a los hijos, y hacía labores relacionadas con la agricultura. «Mi abuelo Antonio era listo y tranquilo, y mi abuela Josefa una buena madre, como me ha dicho mi padre y muchos de la familia», dice Rita López.

Respecto a los hechos ocurridos ese día 19 de noviembre de 1921, Rita López señala que «ocurrió sobre las tres de la madrugada [según la prensa, sobre las 05.00], como recuerdo que me contó mi padre. Estaban durmiendo, así que ese golpe seco los pilló de sorpresa en habitaciones distintas de la casa cueva».

«Por eso, descubrieron los cuerpos sin vida en sitios diferentes y en días distintos por las dificultades para retirar tantas piedras enormes. A mí me contaron que al más pequeño, a Diego, que tenía unos 11 años [tres años, según la prensa], y que estaba en un pasillo, lograron sacar su cuerpo sin vida seis meses después del derrumbe. Tenía un sombrerito puesto», recuerda Rita López.

Otro derrumbe sin víctimas se produjo en 1988, también en el mes de noviembre, y en el mismo lugar

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Otro hecho que no ha olvidado la nieta del matrimonio fallecido fue lo que les pasó a sus tías Lola y Josefa. «Además de piedras, una puerta les saltó encima de ellas cuando intentaban huir, al oír el fuerte ruido durante el derrumbe. Se les clavaron clavos de la puerta», describe.

Según Rita y José perdieron la vida «el caballo y las vacas que tenían en otra cueva», aunque la prensa indica que se encontraron ilesas a una vaca y una ternera.

«Mi padre [Santiago] llegó a Guayadeque cuando le dieron el permiso, porque estaba haciendo el servicio militar, y se encontró que bajaban los cinco cuerpos empalizados, en unas tablas y sábanas. En ese tiempo aún no se usaban los cajones. Aún no habían encontrado, ni podido sacar a su hermano pequeño», explica Rita.

Santiago tenía unos 19 años. Al acabar la mili se fue a Cuba, y al regresar se casó poco después con Juana Ramírez López. Antonio, con unos 14 años, fue recogido unos días en una casa de vecinos tras el accidente, y años después se casó e hizo su vida. Bartolo y María estaban casados con sus respectivas parejas cuando ocurrió el siniestro.

Seguimiento

Los periódicos del momento publicaron esta noticia del accidente, pero con datos «poco exactos», como señala la familia de las víctimas, teniendo en cuenta los medios técnicos y humanos con los que se contaba en esa época. LA PROVINCIA publicó la información el martes 22 de noviembre de 1921 con el titular La catástrofe de Agüimes. Sepultados en una cueva. Cuatro muertos.

«Hoy ha ocurrido un suceso que ha llenado de consternación a este vecindario, pues, aunque ocurrió en la jurisdicción de Agüimes, las víctimas gozaban en este pueblo de general estimación y cuentan en él numerosos familiares muy apreciados de todos». Así comenzó la información LA PROVINCIA.

El corresponsal, que dató la información el sábado día 19 de noviembre, resalta «la actitud y el celo desplegados por el señor alcalde de Agüimes, don Luis Artiles Castro, y por la Guardia Civil [dos agentes]».

Esa misma tarde del día 22 de noviembre de 1921, Diario de Las Palmas, al ser un periódico vespertino, sacó a la calle sus ejemplares con una segunda página en la que se titulaba: Desgraciado suceso. Seis vecinos muertos sepultados por una cueva. Su corresponsal que firmó la noticia el martes 21 de noviembre apunta que «debido a las persistentes lluvias han ocurrido los desprendimientos de riscos y piedras».

José López, de 97 años, y Rita López, de 91, nietos y sobrinos de las víctimas, narran lo que les contaron Juan Carlos Castro

El Progreso, diario republicano autonomista, incluyó en la primera página del miércoles 23 de noviembre de 1921 la noticia Derrumbamiento de cuatro cuevas. Seis personas aplastadas.

Los nonagenarios Rita y José aseguraron que les habían contado que hubo unas avisos antes del derrumbe del risco. «Había una grieta en una de las habitaciones de la vivienda y caía arenilla. Además, el bastidor de la puerta de la cueva de las vacas iba bajando con el paso de los días», afirma Rita López.

A la hora de valorar lo ocurrido, José López Bordón considera que «fue una tragedia porque eran humildes y trabajadores. No hay que olvidarlo». Rita López Ramírez opina: «Fue una desgracia, que pasó y hay que seguir adelante. En cambio, entiendo que fue muy duro para cada uno de los cuatro hijos que de la noche a la mañana perdieron a sus padres y cuatro hermanos. No los conocí, ni lo vi, por lo que no me afectó a mí directamente, como sí a mi padre, entre ellos. A veces no se siente lo que no se ve, ni se vive. De todos modos, lo bueno es que haya un reconocimiento y que no se deje en el olvido».

De otro lado, este matrimonio de está contento por lo vivido hasta ahora. Rita y José tienen ocho hijos: Francisco; Juana; Josefa; Rosario; Santiago; José [llamado Pepe], fallecido; Antonio; y Rita [llamada Tita], además de 18 nietos y dos bisnietos.

«A estas alturas, con 97 años, no me puedo quejar. Voy tirando hasta que Dios me llame. Estoy contento por lo vivido y junto a los hijos», manifiesta José López, mientras su esposa también está contenta «porque están nuestros hijos, a falta de Pepe, y porque no nos falta de nada. Lo único es que no oigo bien». Ambos se defienden bien, e incluso ella prepara la comida.

«Cocino de todo. Y muchas veces hago lo que desea el hijo o hija que se queda a dormir en casa con nosotros. Por ejemplo, hoy [el pasado jueves] preparé una tomatada, pescado sancochado con tomate, como me pidió que hiciera nuestro hijo Antonio».

La catástrofe de Agüimes La Provincia

José López Bordón trabajó en la labranza y con vacas, y finalmente como albañil, lo que siguió ejerciendo, ya como entretenimiento, hasta pasados los 80 años. Y Rita López Ramírez trabajó en su casa, crió a los ocho hijos, además de trabajar en la elaboración de cestos y en la recogida de pastos.

El historiador Juan Vega Romero realizó un trabajo de investigación, recopilando toda la documentación histórica referente al mencionado hecho ocurrido hace un siglo en Cueva Bermeja. “La hemeroteca y la memoria colectiva y oral atestiguan una tragedia que no debe pasar al olvido al formar parte de nuestra historia como pueblo», comenta Juan Vega, quien destaca que «su recuerdo y reconocimiento pueden servir como un homenaje a estas personas humildes. Y representa el espíritu de trabajo y sacrificio de las familias del barranco de Guayadeque”.

Restos aborígenes

Otro hecho histórico ocurrió hace cien años en Guayadeque, a parte de ese accidente mortal. «En enero del mismo año 1921, el Museo Canario adquirió por primera vez en su historia restos y elementos aborígenes a vecinos de este barranco. Entiendo que es así, por primera vez, como aparece en los periódicos El Progreso, el 29 de enero de 1921, y al día siguiente en Gaceta de Tenerife, el 30 de enero», explica Juan Vega.

El último transmisor


Santiago López Rodríguez fue uno los cuatro hermanos supervivientes del derrumbe del risco del 19 de noviembre de 1921 y el que más años vivió, exactamente 105. Como asegura su hija Rita López Ramírez, de 91 años, vecina de Ingenio, junto a su marido José López Bordón, de 97 años, «mi padre nos habló mucho de lo que sucedió, a todos, de cómo eran sus padres y hermanos que murieron. Fue una desgracia y él lo contaba para que no nos olvidáramos. Él fue el último en morir de los cuatro. Los otros tres, mis tíos, eran Antonio, María y Bartolo». Santiago López, con unos 19 años, no estaba en la casa cueva porque hacía el servicio militar. Antonio y Bartolo salieron a sembrar, y María, que estaba casada, vivía en una casa cueva cercana a la de sus padres y hermanos, pero el risco caído no llegó a dañar su vivienda. Los cuatro hermanos perdieron de golpe a su padres y hermanos. | M. Á. M.

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