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San Bartolomé de Tirajana

El activista que potenció Ayagaures

La plaza pública del pueblo llevará el nombre de Adolfo Gil, quien luchó para lograr una carretera, agua y hasta la iglesia | Falleció en 2020 a los 71 años

El activista que potenció Ayagaures | LP/DLP

Dice Teresa Álvarez que quien haya visitado Ayagaures y no pasase por la casa de Adolfo Gil es como si no hubiese estado en la zona. Y, como esposa que era, quizá tenga razón porque Adolfo conocía a todos y todos conocían a Adolfo. Hasta un ciclista que pasaba por allí. Porque era un hombre dado a los demás que igual que se marchaba a Las Palmas de Gran Canaria a ayudar a un vecino con el litigio de una herencia, ayudaba a otro a colocar un contador de agua a la salida de un estanque. «Era un hombre que siempre tenía disponibilidad para todo el mundo», explica Eulogio Hernández, vecino de Ayagaures cercano a Adolfo. Y era además un gran activista social que luchó durante años para que el pueblo contase con sus servicios básicos y hasta con una iglesia. Fallecido en febrero de 2020, recibe ahora el homenaje de su pueblo después de que el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana haya aprobado una moción institucional para poner su nombre a la plaza pública de Ayagaures.

El activista que potenció Ayagaures

Adolfo era de esos de Ayagaures de toda la vida. Allí creció y conoció a Teresa Álvarez, vecina del pueblo con la que se casó en 1971, tuvo tres hijos, Gustavo, María Isabel y Miguel Ángel, y con la que compartió su vida durante 49 años, hasta que falleció el 24 de febrero de 2020. «Como marido era excelente y como padre, maravilloso», cuenta su esposa desde su casa de Ayagaures.

El activista que potenció Ayagaures

Adolfo siempre fue un hombre de su pueblo. Tanto, que no se le escapaba ni una y durante toda su vida fue un activista social que luchó por conseguir todas las mejoras y avances posibles para Ayagaures, tanto desde la asociación de vecinos Pilancones de Ayagaures como a título particular. Esta asociación fue impulsada en los años 80 por Alfredo Álamo y quien fuera alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Francisco Araña del Toro, y Adolfo fue su primer secretario y posterior presidente durante casi 20 años. «No estuvo más tiempo porque no quiso, él quería que otras personas también estuvieran implicadas con el pueblo y siempre tenía un buen equipo de vecinos con él», recuerda su esposa Teresa.

Adolfo luchó de forma decidida para conseguir que la carretera de tierra que llegaba hasta el pueblo pasase a ser de asfalto, también para conseguir mejoras en las redes de riego para los cultivos desde su posición de presidente de la comunidad de regantes y hasta entabló las conversaciones y relaciones con el obispado lograr que el pueblo contase con una iglesia propia, que acabaría construyéndose a finales de la década de los noventa. De hecho los terrenos sobre los que se levantó la parroquia, obra en la que él mismo colaboró, los habían cedido los abuelos de su esposa Teresa, Francisco Álvarez y Susana Rivero.

Adolfo era un apasionado de la pesca y desarrolló su vida laboral como mecánico de la empresa concesionaria del servicio de limpieza de San Bartolomé de Tirajana, donde estuvo 38 años. Pero antes de eso incluso tuvo su propio taller en El Tablero. «Con 20 años se sacó el carnet de conducir y su padre le compró un coche para subir y bajar del pueblo por aquella carretera de tierra», rememora su viuda, «era de segunda mano y un día desmontó el motor y lo volvió a montar el solito; eso para él fue una clase avanzada, era un coco». Como era de los pocos que tenía carnet y coche era quien ayudaba a los vecinos en todas sus necesidades.

Toda su vida la dedicó a su familia y a impulsar su barrio. «Hoy Ayagaures es todo lo que Adolfo impulsó, siempre acompañado por otras personas», cuenta su esposa. Y es que aunque Adolfo presidía la asociación de vecinos, siempre daba participación a otras tantas personas. «Él tuvo mucha culpa de la conformación del barrio de Ayagaures que los vecinos conocen hoy», señala por su parte Eulogio Hernández.

Teresa Álvarez y sus hijos están «muy agradecidos» por la iniciativa vecinal para que la plaza de Ayagaures lleve a partir de ahora el nombre su pariente. «El pueblo entero debería llamarse Adolfo Gil», cuenta con humor su esposa. Eso sí, reconoce que pese a su lucha e intensa labor social, a Adolfo nunca le gustó ser protagonista de nada. «Si Adolfo nos ve haciendo esto seguro que nos mata», señala con una sonrisa melancólica, «a pesar de que era protagonista de muchos momentos, él nunca lo quería asumir».

La muerte de Adolfo el año pasado fue un duro golpe para un pueblo que creció a su vera y a la de su lucha. «Su partida dejó al barrio huérfano de un activista social a quien todo el mundo quería», cuenta Hernández. Y su esposa Teresa tiene algo claro: «ojalá llegue al barrio alguien que lo defienda y ame tanto como lo hizo Adolfo».

En la foto superior Adolfo Gil, a quién el Ayuntamiento ha reconocido por su labor con Ayagaures dando su nombre a la plaza del pueblo, junto con su inseparable esposa Teresa Alvarez, y debajo en distintos momentos de su vida en unas imágenes facilitadas por la familia. |

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