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Gáldar

Alumnos del instituto galdense Saulo Torón diseñan un pequeño satélite espacial

Un equipo del centro concurre con el ingenio LaycoSat al concurso de la ESA

Saulo Torón salta al espacio

Saulo Torón salta al espacio LP / DLP

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Saulo Torón salta al espacio Juanjo Jiménez

«Ayer se hicieron siete lanzamientos, y nadie salió herido». Al habla se encuentra el equipo Tortugas Ninja, del instituto galdense Saulo Torón. Un grupo de potenciales ingenieros, investigadores y programadores informáticos que se encuentra enfrascado en la competición CanSat de la Agencia Espacial Europea, la de fabricar una suerte de satélite con unas dimensiones estándar equivalentes a un bote de refresco capaz de gestionar energía, sensores y comunicación para dos experimentos principales, uno preceptivo, que mide la temperatura, presión y altitud del artilugio durante su caída, parámetros que a su vez tiene que enviar en tiempo real a una base de control, y otro secundario del que no piensan dar ni la más mínima pista. Ni siquiera si es para el mejor vivir de terrícolas o alienígenas.

Todos ellos tienen entre 16 y 17 años, cursan primero de bachillerato del itinerario científico-tecnológico y se enfrentan así a una carrera espacial que tiene lugar en toda Europa a través de tres fases.

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Alumnos del Saulo Torón de Gáldar participan en un concurso de la ESA José Carlos Guerra

Una regional, en la que concurren este año en Canarias media docena de equipos. Y otra nacional con los ganadores de cada región que da paso a la continental, que es el momento en el que el ingenio es lanzado desde mil metros de altura bien desde un cohete, un dron o un globo cautivo.

El desafío es total, no hay que olvidar que en cualquier caso «se supone que se va a lanzar en un ambientes hostil». Y abarca desde conseguir los componentes o difundir el proyecto como ha hecho Tortugas Ninjas convocando a este periódico, a la búsqueda de patrocinio, un éxito que en este caso en concreto ha insuflado de ánimos al equipo compuesto por Javier Ruiz, Darío Ruiz, Marcos Flores, Marta Jordán, Gabriel Castellano, Mario Martín, Daniel Pérez y el profesor Fran Mateo.

Y es que tras la campaña de emisión de cartas en búsqueda de una empresa afín, fueron recibidos a lo grande por la firma tecnológica Laycos, plataforma de comunicación y trabajo colaborativo ubicada en la capital grancanaria.

Laycos los invitó a conocer sus instalaciones «y tras presentarles el proyecto nos dijeron que si perdíamos no sería por falta de medios. Nos ofrecieron todo lo que necesitáramos, incluso un trabajador si hiciera falta, y con total libertad para desarrollar las ideas».

De allí salieron científicamente enralados. De entrante, el satélite ha sido bautizado como LaycoSat, y en esta última semana el trabajo de desarrollo ha sido el propio del que está en vísperas de lanzar el próximo James Webb.

En la pizarra asoman vectores, velocidades terminales y cálculos de fricción para determinar la dinámica del octógono de un paracaídas que tiene que ser capaz, una vez calculado el peso final de la carga, de hacer descender al conjunto a unos ocho metros por segundo, y además, de hacerlo sobre una diana prefijada. Eso sí, hay que ser consciente de que a esa velocidad determinada por la ESA dentro de las condiciones de concurso el artefacto resulta irrecuperable, o en su defecto, recuperable pero en forma de cochafisco.

Mientras, el alumno Mario Martín, introduce códigos en el software para cumplimentar el diseño en forma de lata que será fabricado en una impresora 3D que albergará, entre otros sensores y chismes 2.0, un microprocesador Arduino, al que a su vez habrá que introducirle su correspondiente software que permita secuenciar los procesos que requieran los dos experimentos que llevará a bordo.

De forma paralela se trabaja en la base de mando, experimentando con distintos diseños de antenas y diferentes materiales para dar con el que mejor cobertura ofrezca entre emisor y receptor.

Y mucha prueba-error. El jueves se subieron a la azotea del Saulo Torón con un modelo a escala compuesto por el cono superior de una garrafa de ocho litros, con su correspondiente tapón atado a un primer diseño de paracaídas con una serie de cabos que tienen que soportar una fuerza de 500 newton. Ahí estuvieron, subiendo y bajando escaleras hasta en siete ocasiones, como siete científicos chiflados. El 23 de abril es el día de la ignición en Canarias. A ver quién se ríe entonces.

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