La toponomia indígena apunta a entidades supraterritoriales en el noroeste de Gran Canaria

El experto en toponimia indígena, Víctor Perera Mendoza, y Premio de Investigación Gregorio Chil y Naranjo presentó en el Museo Canario su obra Términos nativos del noroeste de Gran Canaria, una obra con la que trata de dibujar una suerte de mapa administrativo de la organización territorial anterior a la Conquista en la que es una de las áreas geográficas más desconocidas por la población isleña.

Víctor Perera Mendoza autor de 'Términos nativos del noroeste de Gran Canaria'.

Víctor Perera Mendoza autor de 'Términos nativos del noroeste de Gran Canaria'. / Andrés Cruz

Juanjo Jiménez

Juanjo Jiménez

Presentó usted este lunes en el Museo Canario el libro ‘Términos nativos del noroeste de Gran Canaria’, compendio de un trabajo por el que ya logró en 2021 el Premio de Investigación Gregorio Chil y Naranjo. ¿Qué singularidad ofrece para haber logrado el galardón?

Habría que preguntarle a quién me otorgó el premio, pero de lo que se trata es de tener un planteamiento sobre los territorios nativos de esa parte de la isla de Gran Canaria lo más ajustado posible a los datos que disponemos de la documentación de los siglos XVI y XVII.

Precisamente de uno de los territorios más desconocidos por los isleños, el del noroeste, ¿no cree?

Si. Bueno yo en particular como procedo de Artenara me es más natural, pero para mucha gente se trata de una zona desconocida.

Que tuvo un papel fundamental en la Conquista.

Sí, como denota su riqueza en yacimientos arqueológicos lo que indica un importante pasado indígena que se refleja en el hecho de su declaración como Paisaje Cultural de la Unesco.

Cuénteme. ¿Cómo podríamos recrear la vida en aquella Gran Canaria anterior a la llegada de los europeos a partir de sus topónimos?

Por ejemplo Tirma, ciñéndonos a la documentación se trata de un territorio extenso que ocupa desde el barranco de La Aldea hasta Guayedra y Tamadaba que se dedica en buena medida al aprovechamiento del ganado guanil o salvaje. Además se deduce que en ese marco geográfico existiera la posibilidad de que en algún momento se constituyeran entidades supraterritoriales de las que si bien no tenemos suficiente información para acreditarlas en el período indígena, pudieran originarse en torno a Tirma o Artevirgo. En el caso de Tirma, más dedicado a esa explotación del ganado. Ahora, debemos de ser prudentes a la hora de extrapolar la situación que muestra la documentación de los siglos XVi y XVII a la etapa nativa, mientras no tengamos información fiable y precisa preconquista al respecto.

¿Y en el de Artevirgo, que quizá esté más visibilizado en las crónicas?

Sí, es más conocido, sobre todo por la información protocolaria y de los repartimientos de tierras y aguas, que es donde aparece bastante, y donde muestra su faceta de entidad supraterritorial. Es un topónimo utilizado para una demarcación que se llama cilla, con c, que hace referencia a un distrito de recolección del diezmo del grano que se hacían entre los vecinos que correspondían a esa cilla.

Es decir, no es un topónimo.

Ahora sí, en cuanto existe la montaña de la Cilla. El vocablo tiene varias acepciones, una es el lugar físico dónde se deposita el grano recaudado, pero también la que hace referencia a los mencionados distritos de recolección. No es un término indígena sino castellano, pero en el caso de la Cilla de Artevirgo, este distrito de recolección incluiría los territorios de Acusa, Artenara y Artevirgo propiamente dicho.

En síntesis, que lo que usted realiza es dibujar el antiguo mapa administrativo de Gran Canaria a golpe de topónimos.

Sí, o por lo menos estableciendo hipótesis que se acerquen lo más posible a las fuentes.

En este ámbito territorial hay topónimos muy curiosos, como el Redondo de Guayedra, ¿qué me dice?

Efectivamente. El Redondo de Guayedra. Desde el punto de vista de la toponimia indígena tendríamos que las primeras formas se parecen más a Guayayedra, y otras similares que con el tiempo acabaron transformándose en Guayedra. Y por otra parte el nombre denota la importancia económica de este territorio, ya que el concepto de redondo viene a significar que todas las propiedades que forman parte de su territorio pertenecen a un solo propietario, que en este caso es Fernando Guanarteme.

Pero ese ‘redondo’ no se ha quedado en ningún otro punto de Gran Canaria.

Es verdad que hay alguna referencia de ‘redondo’ en lo que hoy se denomina Visvique, en el Valle de Agaete, que en el XVI aparece con variantes como Amesbique, y que en ocasiones puede interpretarse que fue un redondo porque pertenecía a un solo propietario.

De este noroeste que usted estudia, ¿qué topónimos permanecen originales?

La toponimia mayor, es decir, la que da nombre a espacios de entidad, ahí están bastante bien conservados, con ligeras variaciones, porque una parte de ellos se convirtieron en los nombres de los propios municipios, como Artenara o Agaete, y otros más pequeños han conseguido mantenerse como el caso de Acusa, Guayedra, o Visvique.

Se habrá topado usted con nombres curiosos, o de los que no sabíamos nada de ellos...

Aunque la microtoponimia indígena es la más afectada tras el proceso de la conquista y posterior colonización, aún nos podemos encontrar con algún vocablo inédito.

¿Cual?

Como por ejemplo Fagaginage.

¿Y tiene algún significado?

Que sepamos no. Eso ya es labor de filólogos y lingüistas.

Confiéseme. En el momento que da con un hallazgo de este tipo, ¿qué cara se le pone?

Ah, pues de emoción, porque es bastante raro por ese mismo profundo descalabro que ha sufrido la microtoponimia, de forma que se me pone cara de haber recuperado un trocito de la historia.

Fagaginage, ¿dónde se encuentra?

Sabemos que en el Valle de Agaete, pero no el lugar exacto. Está vinculado a las tierras de Francisco Palomar, un comerciante de origen genovés relacionado con Antón Cerezo.

Pero esto es apasionante.

Sí. Para el que tenga interés, sí.

Y ya puestos, ¿ha encontrado alguno que sirva para ponerle de nombre a un chiquillo?

Si ya ahora a la gente le cuesta poner nombres indígenas, no creo que haya nadie dispuesto a ponerle a un chiquillo Fagaginage.

¿Qué aporta la toponimia a la historia?

La toponimia recrea la historia, tenga el origen que tenga. Ofrece información de las familias, de la vegetación, de las costumbres, de las creencias religiosas, y en cuanto a la indígena, por su escasez implica más valor lo que de ella se pueda rescatar.

También se habrá topado con una fusión entre lo indígena y lo castellano, es de esperar.

Precisamente hay un ejemplo bastante significativo en Acusa, Artenara. Con un topónimo que aparece como Hoya del Baño, y aunque tiene una clara apariencia de romance, en realidad proviene del vocablo indígena arbaño, que es topónimo original y que con el paso del tiempo y sobre todo por sus transcripciones, quedó como hoy lo conocemos.

Usted hizo Derecho y ha terminado en un experto en esta otra materia, ¿cómo se enganchó?

Desde pequeño siempre me gustó la historia de Canarias, su pasado, y ya en Artenara quería saber de dónde provenían los nombres, si habían algunos desconocidos, y así a partir de 2013 empiezo a ir con más frecuencia a los archivos.

¿Y ha tenido usted un momento eureka?

Es complicado, pero sí cuando te encuentras algo significativo, como un topónimo inédito o cuando consigues cuadrar los linderos de un territorio más amplio, eso también es un momento eureka.

Que también es cuando llega a configurar un mapa, ¿no?

De hecho en el libro se muestran los mapas que intentan hacer entendibles los linderos entre territorios, que se vean gráficamente, pero siempre teniendo en cuenta que se tratan de hipótesis de trabajo. Lo que significa que si aparece nueva documentación hay que revisar y comparar ya que están abiertos a novedades, a esa documentación que aún no haya aparecido.

¿Y esos mapas son extrapolables a la actual organización territorial de la zona?

No se parecen mucho. En el caso de Artenara, por ejemplo, el actual municipio incluiría varias demarcaciones nativas, la de Artenara propiamente dicha, además de Artevirgo y Acusa aparte de Guardaya y de Tirma, de forma que hoy se llama Artenara, pero perfectamente podría conocerse hoy como Acusa o Artevirgo.