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Crisis del coronavirus Repercusiones en Lanzarote

El doble virus de la economía sumergida

Odalis Mejías y Santa Teresita Sena comparten techo con sus siete hijos en la casa en la que viven de okupas en Arrecife - Trabajan sin contrato y no tienen derecho a paro

Coronavirus en Canarias | Dos familias dominicanas viven la cuarentena en una casa okupada en Lanzarote

En la calle El Cribo, en el barrio capitalino de Argana Alta, a pesar de las necesidades económicas de varias familias okupas que comparten vivienda, cuya situación de emergencia social se ha agravado aún más por la crisis del coronavirus, no falta cada día a las siete de la tarde el sonoro agradecimiento de siete niños dominicanos que aplauden desde la terraza de su domicilio con calderos, sartenes y tapas a los sanitarios y todos los héroes sin capa de la gran batalla para derrotar al Covid-19.

La dominicana Agustina Mejías, conocida por Odalis, tiene cuatro niñas y tres su compatriota y amiga Santa Teresita Sena, todos menores de edad. Estas nueve personas comparten el segundo piso de una misma casa. Ambas madres tenían empleos 'en negro', por lo que no tienen derecho a cobrar la prestación del Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Han perdido sus trabajos y ahora carecen de un salvavidas económico al que agarrarse. Esta situación la padecen muchos inmigrantes, sobre todo de sectores como los de limpiadoras de hogar y cuidadoras que trabajan en la economía sumergida.

Agustina se fue a vivir con su amiga Santa Teresita cuando se quedó sin casa. En 1992 llegó a Lanzarote. "Tenía papeles, que he renovado cinco veces, y por circunstancias de la vida perdí el permiso de residencia", recordó. Denuncia que ha pagado dos veces por la renovación de su pasaporte, en el Consulado en Canarias y en la embajada en Madrid, a donde viajó tras pagarle el billete el Cabildo de Lanzarote, "pero nunca me llega", porque según dijo, "la embajada me lo perdió". Hasta hace unos días limpiaba villas turísticas. Cobraba 15 euros la hora. Salía de su casa a las cinco de la madrugada y regresaba doce horas después.

"En treinta años no he pedido una ayuda porque nunca la necesité y ahora sí me hace falta", aseveró el pasado martes. La ONG Emerlan, la asociación de saharauis y la Cruz Roja le han facilitado alimentos. "Las donaciones nos llegan poco a poco, pero las recibimos", manifestó agradecida, gesto que extiende a la asociación La Vida es Zuaina, de Argana Alta, que les ha facilitado una tableta para que los niños hagan los deberes del colegio.

"Mi jefe del bar me trae comida"

Agustina se encarga de que los chiquillos no se aburran en el confinamiento. "Me da igual que me rompan los calderos cuando salen a aplaudir a las siete de la tarde. Por lo menos se entretienen", aseveró.

Los hijos de Santa Teresita tienen 13, 12 y 8 años, respectivamente. Lleva 22 años en la Isla. Ejerció de camarera durante tres años en un bar de Argana Alta y trabajaba sin contrato porque no había finalizado los trámites de renovación de sus papeles de residencia. "Me he quedado con una mano delante y otra detrás. El jefe del bar en el que trabajé nos ha traído comida", relató.

Francisco Alberto Sena, hermano de Santa Teresita y nacionalizado español, reside en la planta inferior de la misma casa terrera de okupas. Tiene a su cargo a una hija de 19 años, otra de 9 y a un niño de 14. Trabajaba como cocinero en un hotel de Matagorda (Tías), que ha tenido que cerrar por el estado de alarma.

"Cobré 400 euros de sueldo por los quince días del pasado mes que trabajé y hasta mayo no volveré a cobrar el paro", se quejó. Añadió que "en el Ayuntamiento me dijeron por teléfono que los afectados por el Erte no reciben ayuda social, pero la asociación de vecinos de Argana me consiguió una ayuda de 180 euros para hacer una compra en un supermercado". Francisco Alberto, que vive desde hace 20 años en la Isla y lleva uno de okupa tras su divorcio, aseguró que "hay que plantar cabeza a pesar de las circunstancias" y anima a sus hijos en medio de toda esta situación. El propietario de la vivienda quiere desahuciarlo, pero el trámite se ha paralizado porque está pendiente de que le asignen un abogado de oficio. "No me he negado a pagar, pero pido un alquiler social porque más no puedo", reclamó.

La colombiana Deisy Johanna Arboleda y su pareja también viven de okupas en la misma planta que Francisco Alberto. Hasta hace unos días trabajaba limpiando casas, sin contrato. "Ni mi pareja ni yo tenemos paro", lamentó.

La guineana María Isabel Witter, voluntaria de Cruz Roja y presidenta de la comisión que reúne a ocho asociaciones de inmigrantes de la Isla (Guinea Ecuatorial, Marruecos, Senegal, Venezuela, Ecuador, Mauritania, Colombia y Bolivia), en trámite para convertirse en una federación insular, advirtió de que "esta crisis afecta, sobre todo, a trabajadores sin contrato y vemos que hay casos de extrema necesidad. En solo cuatro días hemos recibido cinco solicitudes".

El locutor de radio y presidente de la Asociación Casa de todos, el ecuatoriano Daniel Vera, y el periodista colombiano, Néstor Raúl Osorio, presidente de la Asociación Sociocultural Canaria Enero, coinciden en que esta crisis impedirá a muchos inmigrantes continuar enviando dinero a sus familias. Osorio se ha visto obligado a cancelar su proyecto Escuela de Radio Enero, tras dos meses de actividad, y el de mediación intercultural dirigido a 1.600 alumnos y 25 profesores de Lanzarote.

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