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Opinión

Ico, la voz de la tierra, salitre y marea

La celebración del Día de Canarias tendrá este año una simbología especial para todos los lanzaroteños al coincidir con la máxima distinción honorífica, a título póstumo, que el Cabildo de Lanzarote realiza a don Federico Arrocha Hernández, Ico Arrocha, como Hijo Predilecto de la Isla.

Declarar a Ico Arrocha Hijo Predilecto de Lanzarote es un reconocimiento más que merecido al que es todo un referente del folclore de la Isla y uno de los mejores cantadores de Canarias; un justo reconocimiento a un hombre sencillo y humilde, profundamente enamorado de su familia, de sus amigos, del folclore y de la música tradicional... De la música con mayúsculas.

De abuelo y padre cartero, era previsible en aquella época que Ico terminara haciéndose cargo del servicio de cartería en la Tiñosa. Sin embargo, nadie imaginaba que aquel niño menudo, de ojos vivarachos, acabaría convirtiéndose en una de las mejores voces del folclore en las islas; en orgullo de sus compañeros, de los muchísimos amigos que Ico hizo por todas las Islas a lo largo de su vida y, orgullo también, de la sociedad conejera en su conjunto.

Lo que sí tenía Ico a su favor es vivir rodeado de una familia en la que no faltaban tocadores, cantadores y ecos de parranda. Así, Ico mamó el folclore desde niño; primero en casa y después en la Cantina del Cojo, donde con doce o trece años aprendió a tocar la guitarra y empezó con los primeros cantes.

Y si el folclore es tierra y campo, en Ico Arrocha es además olor a salitre y marea... A largas tardes frente al mar tranquilo, entre timples, guitarras y buenos amigos; es luz de estrellas y madrugadas interminables entre acordes de isas, folias, malagueñas y seguidillas. Eso sí, ¡seguidillas, de las buenas!, de las de toda la vida, de las del 3 y 5, como bien le gusta aclarar a su cuñado y amigo, Tito Perera, director de Guadarfía.

Los tiñoseros que lo conocieron recuerdan el ayer como si fuera hoy. Mantienen fresca la imagen de Ico con el grupo de amigos en el teleclub a donde iban a echar el ratito entre toques y cantes, cuando no en la terraza de la Casa Roja. Estremece aún a los que verbalizan y rememoran, cómo en las largas tardes de mayo, mientras el sol se ponía, la voz de Ico sonaba en todo el varadero.

Y es que Ico era una voz grande, de estilo sereno, pero sobre todo era una gran persona. De rostro y corazón noble y saber estar. Un hombre contenido, cariñoso, siempre con su sonrisa amable y unos ojos vivarachos que bailaban al son de su voz.

Su vida y su arte fueron adaptándose a los vaivenes de la vida y a la transformación de la propia isla. De la cantina, que era a la vez barbería y escuela de baile, pasó al Trío Lanzarote con Gerardo Cancio y Vicente García. Y así, mientras por la mañana repartía entre sus vecinos cartas, paquetes y postales, ya por la noche Ico derrochaba su talento en bares y hoteles de la zona turística. “Me lo paso bien y encima me pagan”, solía decir.

Después vendría la Agrupación Ajei y la Agrupación Folclórica Guadarfía, de la que nunca se separó. Ico Arrocha paseó su amor por el folclore por todos los rincones de nuestra isla y mucho más allá de Pechiguera y la Bocaina, desde la península a Venezuela.

Su voz era inconfundible y limpia, como su alma. Ico era voz y era persona. Una gran persona que nos hacía sentir y revivir en cada actuación el orgullo por nuestro folclore, por nuestra esencia campesina y por nuestras raíces.

Un pueblo sin memoria, sin cultura y sin referentes es un pueblo perdido. Y para afrontar el futuro, ahora más que nunca, necesitamos apoyarnos en el legado de nuestros referentes e Ico Arrocha es uno de ellos.

El hombre que cuando cantaba regalaba flores a todo el mundo. Su voz y su alma de cantador nos acompañará siempre.

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