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‘Atasco’ de veleros rumbo al Caribe

La flotilla de la regata ARC se congrega en la bahía de la capital antes de zarpar hacia la isla de Santa Lucía | Cientos de personas contemplan el arranque desde la ciudad

Salida de la ARC de la pandemia Juan Castro

Las Palmas de Gran Canaria vivió ayer el único atasco que vale la pena, el de la flotilla de veleros de la regata Atlantic Rally for Cruisers (ARC) que cada año, cuando se acerca el final de noviembre, se arremolinan en las aguas frente a San Telmo para dar comienzo a su gran aventura oceánica. A pesar de que esta trigésima quinta edición se ha visto algo deslucida en el número de participantes por la pandemia del coronavirus, casi 60 naves zarparon en torno a las 13.00 horas con tres semanas de navegación por delante en un viaje que, como escribió el poeta Kavafis, todos desean que sea “lleno de peripecias, lleno de experiencias”.

El domingo más importante del año en el Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria había arrancado cuando el sol aún ni siquiera despuntaba en el horizonte. Entre quienes corrían o paseaban a sus mascotas a primera hora por la marina se entremezclaban algunos tripulantes que apuraban las compras en las tiendas de la zona, como destacaba Laura Guerra, responsable del minimarket Rower de la calle Joaquín Blanco Torrent. Durante su estancia en la capital, los regatistas suelen comprar en este establecimiento productos “del día a día”, aunque cuando quedaban pocas horas para el comienzo de la regata llegaba el momento de acaparar caprichos de última hora o cosas que se habían quedado olvidadas en la lista de la compra: “A lo mejor vienen y se llevan chocolate porque no tenían, o se dan cuenta de que no habían comprado pan rallado y se llevan todos los paquetes”.

Guerra, que cuando el reloj aún no marcaba las diez ya había vendido más de 10 cajas de barras de pan, reconocía que los días de regata suponen un impulso para su negocio, aunque lamentaba que el número de participantes se haya visto reducido con respecto a otras ediciones en las que podían participar casi 300 embarcaciones. En términos parecidos se expresaba Juan Carlos Rodríguez, responsable de Rolnautic, una empresa que cuenta con un varadero y una tienda de equipamientos náuticos en el Muelle Deportivo en la que ayer aún despachaban algunos componentes para la regata: “Este año por culpa del Covid han venido muchos menos barcos y nos ha afectado”.

De regreso a los pantalanes, la mayoría de los regatistas apuraban los últimos minutos en puerto descansando a bordo o sacándose fotos de recuerdo junto a las mismas rocas del dique de abrigo en las que muchas tripulaciones han ido dejando huellas de su paso a lo largo de estas tres décadas y media. Allí estaban los cuatro ocupantes del velero La Fenice, que posaban exultantes junto al dibujo de un pájaro kiwi que despejaba cualquier duda sobre su nacionalidad. Estos neozelandeses comandados por Chris y Linda McMaster no solo tienen previsto atravesar el Atlántico en la regata. Por delante tienen una travesía en la que, tras llegar al Caribe, esperan cruzar el canal de Panamá y navegar hasta el Pacífico sur. La lista de escalas que han elaborado incluye algunos lugares de ensueño que ayer Chris recitaba con orgullo: “Tahití, Fiji, Nueva Caledonia y a casa”, adonde tienen previsto llegar en noviembre del año que viene, “justo a tiempo para el verano neozelandés”, agregaba Linda.

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Salida de la 35 edición de la Regata ARC Juan Carlos Castro

Los tripulantes de La Fenice regresaron rápidamente a su velero para zarpar mientras la escollera comenzaba a llenarse de personas que querían coger sitio para contemplar el desfile de barcos saliendo del muelle rumbo a la zona de comienzo de la regata. Entre los primeros en llegar se encontraban Juan Travieso y Fefi Rivero, que repetían experiencia como espectadores. “Los barcos son tan impresionantes y grandes... Es muy bonito”, apuntaba ella. “Nos gusta este ambiente”, agregaba él. ¿Tanto como para lanzarse alguna vez a la aventura? “Pues nos dan ganas de coger un barco”, aseguraba Fefi, a la que no le importaría “hacer una regata, vivir una aventura tan bonita”.

Los barcos comenzaron su particular procesión náutica entre el aplauso de los espectadores a ambos lados de la bocana del Muelle Deportivo. Los tripulantes saludaban, devolvían los aplausos o hacían sonar algún instrumento a modo de agradecimiento. Uno de los más emocionados viendo la flotilla era el pequeño Mario, que acudía por primera vez con su padre, Enrique Rodríguez. “El que más me gusta es uno con rayas naranja”, comentaba en referencia a una de las naves que salía. Su padre, que tiene experiencia náutica y no descarta aventurarse alguna vez a realizar la travesía del Atlántico, le preguntó entonces si le acompañaría, a lo que el pequeño respondió que sí sin dudarlo demasiado. “Vale, pero tienes que crecer para que me puedas ayudar”, terció Enrique, que ya había estado en el comienzo de otras regatas y para quien el mar “es una pasión”.

Al igual que él, el grupo de amigas conformado por Paloma, Pilar y Pepa demostraban conocer bien la regata. “Casi siempre que podemos, venimos; a mí personalmente me parece preciosa la estética de los barcos, el muelle y que la gente vaya hasta un sitio tan lejos”, explicaba una de ellas. “Esto es un espectáculo”, abundaba otra. “Es una belleza ver todos estos barcos salir, tanta gente unida por la ilusión”, comentaba la tercera. Ellas y el resto de espectadores habituales tuvieron que despedirse ayer del espectáculo de la ARC, pero pueden ir apuntando en sus calendarios de 2021 las fechas de la trigésima sexta edición, que ya han sido publicadas por la organización de la regata en su sitio web. La oficina de la regata abrirá sus puertas el 8 de noviembre y los barcos podrán llegar a la ciudad hasta el día 14 de ese mes. La salida está prevista para el domingo 21.

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