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Ni una mascarita en Vegueta

La cancelación del Carnaval provoca que nadie acuda disfrazado al casco - Para los comercios de la zona el de ayer era uno de los tres días más importantes del año

La calle Obispo Codina, con el restaurante Te lo dije Pérez, a una hora en la que normalmente hay grandes aglomeraciones por el Carnaval de Día. | | JUAN CASTRO

La calle Obispo Codina, con el restaurante Te lo dije Pérez, a una hora en la que normalmente hay grandes aglomeraciones por el Carnaval de Día. | | JUAN CASTRO

Nadie. Ni el típico despistado que aún desconoce que ha sido cancelada la celebración del Carnaval. Ni siquiera el habitual rebelde sin causa para el que no disfrazarse un día como el de ayer sería como cortarle la cabeza. Ni tampoco los padres con niños caracterizados como superhéroes que se pudieron ver la semana pasada con motivo de las fiestas en colegios y guarderías. Nadie disfrazado de mascarita transitaba por las calles típicas del caso antiguo de la ciudad, entre las 14.00 y las 14.30 horas, para acudir a esa celebración conocida como el Carnaval de Vegueta que normalmente congrega a miles de personas ya desde el mediodía y que es uno de los momentos álgidos de la fiesta.

Unos cuantos turistas y los vecinos y trabajadores de la zona eran las únicas almas que transitaban por esas calles a primera hora de la tarde de ayer. Unas calles que, dicho sea de paso, transmitían una imagen realmente desoladora repleta de bares y restaurantes que han tenido que cerrar ante las estrictas medidas decretadas por el Gobierno específicamente para estos establecimientos.

Pero realizando un recorrido imaginario de lo que hubiera sido dicha fiesta en caso de no padecer el actual problema vírico, la primera parada obligatoria de los carnavaleros, tras pasar Triana, habría sido la zona de la Alameda de Colón y la Plaza Cairasco. Así, Valentina Vargas, camarera del emblemático Café Madrid, se mostraba hasta cierto punto comprensiva con la medida de cancelar las fiestas. “Si ahora podemos omitir estas celebraciones y luego tener más temporadas para estar trabajando fijamente con un horario hasta las 11.00 de la noche perfecto”, aclaraba en un primer momento, aunque luego reconocía la dureza de la situación. “Hay una bajada de ingresos y los empresarios están haciendo sacrificios”, pero “si después de que pasen estas fechas las medidas adoptadas harán que podamos pasar a la fase dos del confinamiento pues perfecto”. Sin embargo, Vargas reconoce que todo esto les afecta de forma clara en su economía. “Nos repercute, por supuesto”, señala. “Para nosotros el día del Carnaval de Vegueta, el de los Indianos y los Reyes son los más importantes de todo el año”, añade. “Y lo notas ya por la mañana porque desde que abríamos estaba la gente tomando copas, para venir a comer y después quedarse bebiendo”, indicó.

Ni una mascarita en Vegueta

Siguiendo el trayecto típico de la celebración, la siguiente parada es la calle Obispo Codina donde normalmente se produce una de la mayores aglomeraciones de todo el barrio. Allí, Miguel González, camarero desde hace dos años del Te lo dije Pérez, señala que “yo, como persona, veo razonable la medida, porque si no se puede juntar la gente es lógico que no se haga el Carnaval”, pero desde luego “que afecta tanto social como mentalmente porque la gente no sale de las casas”. Para González, tanto el Carnaval de día de Vegueta como la víspera de Reyes “es cuando más hemos trabajado”, y este año se notó también “que las navidades no fueron las mismas”, pero es lo que hay “y tienes que adaptarte y buscar la nueva normalidad”.

En un tono muy parecido se expresaba Miguel Quintero, cocinero del local desde hace veinte años. “Todo esto está afectando una barbaridad a esta zona de terrazas”, confiesa. “Están cerrando un montón de negocios, y el de hoy era un día ideal para que la gente que teníamos algún problema nos diera un empujón para salir adelante”. El aspecto de ayer en la calle Obispo Codina era el de una jornada laboral normal en la nueva realidad de la alerta 3, “pero a las 13.00 horas ya había aquí un jolgorio total”, aclara. “La fiestas que se montaban era el previo a la celebración de uno de los mogollones más grandes”.

Otra zona multitudinaria en este Carnaval es la calle Pelota, por la que tampoco se veía a nadie con ganas de fiesta. Allí, Guacimara Hernández, encargada del restaurante El Rifeño, describe un panorama más apocalíptico que el de sus otros compañeros hosteleros. “Más allá de que se celebre o no el Carnaval de Vegueta, para nosotros lo que ha sido una catástrofe es que hayan alargado el nivel de alerta 3”, reflexiona. “Esto ha dado lugar a que muchos empresarios hayan cerrado, a que se haya despedido a casi todo el personal porque no puede pagar ni a plazos, a que no tengamos mercancías, a que no nos lleguen vinos, con lo que los negocios están muriéndose; la crisis es monumental”.

Una experiencia desalentadora que constata con datos realmente contundentes. “Para Vegueta, el Carnaval de los Indianos suponía poder facturar todo el año, con lo que era asegurarse una base económica para muchos”, añade. “Pero llevamos dos años sin Carnavales que suponían unos ingresos extras de 50.000 euros”. Todo esto ha dado lugar a que “de todos los bares y restaurante en la calle Pelota ahora mismo hay abierto tan sólo tres negocios, o que en la calle Mendizábal estén trabajando los dueños porque no tienen empleados a casi ninguno”, añade, “y normalmente nos hemos quedado los que llevamos aquí muchos años como yo porque nos han mantenido por la antigüedad”.

Ni una mascarita en Vegueta

La encargada recuerda que en ese establecimiento “tenemos dos salones enormes cerrados herméticamente y abandonados que en caso de que estuvieran abiertos en ellos se podrían mantener las medidas de seguridad permitidas”, aparte de que “estamos facturando en una terraza que funciona al 50 % de su capacidad” lo que ha dado lugar a que “de facturar dos mil euros al día ahora no llegamos ni a quinientos”, y con estos precedentes “no se puede mantener al personal porque las cuentas están en negativo desde hace un mes”. Pero lo peor, en su opinión, sería que “si la situación se volviera insostenible y mi jefe cierra, qué hacemos los que trabajamos de esto, porque puede que vivamos cuatro meses del paro, pero cuanto no tengamos ingresos acabaremos en la pobreza y a lo mejor iremos a Cáritas”.

En su opinión todas las medidas han sido precipitadas y con falta de sensatez. “Nosotros somos los primeros en controlar la entrada con el número de clientes, en limpiar sillas y mesas cada vez que se levanta uno, limpiar el baño cada vez que se usa”. Por lo tanto, “llevamos realizando los protocolos desde el minutos uno”.

La situación adquiere ya tintes dramáticos cuando añade que “hay empresas que no han tenido ningún entrante en un día y nosotros, a veces parecemos más un bar de barrio, porque antes éramos trece y ahora nos hemos quedado en cuatro, entre despedidos y ERTE. Y es trabajar al mínimo”.

Ni una mascarita en Vegueta

Aún más tajante es Tanausú Fernández, dueño del local, que señala que “llevamos un mes así y esto no es viable, cuando tenemos salones muy amplios de cuatro metros de altura en los que podemos colocar mesas con más distancia”, añade. “Nosotros no podemos, pero el que tiene una licencia puede sacar las mesas a la calle con 50 centímetros de distancia entre unas y otras”. Todo esto en una ciudad en la que “ves las guaguas llenas y los centros comerciales a reventar, “Por eso mi pregunta es qué culpa tenemos la hostelería del coronavirus cuando usamos el alcohol y las mascarillas todos los días”, y subraya, por ejemplo, que los cocineros “tienen que trabajar asándose porque no sabes lo que es estar cocinando siempre con mascarilla a 40 grados ocho horas todos los días”.

Pero no solo los empresarios, o la gente asociada al mundo de la hostelería echaba en falta esa sensación de fiesta que un día como el de ayer normalmente inundaba el centro de la ciudad. Felipe Suárez recuerda que “olías el Carnaval de Vegueta con solo salir a la calle”, ya que “siempre veías a gente disfrazada en los bares y terrazas de la zona desde primera hora de la mañana”, pero hoy “parece un día laboral cualquiera”. Algo parecido asegura Antonio López, que añade además que “esta cancelación tiene un efecto colateral en mucha gente que vive todo el año sólo para estas fechas”.

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Vegueta se queda este año sin Carnaval Juan Carlos Castro

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