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La ciudad en pandemia | Bares y restaurantes vuelven al nivel 2

La hostelería percibe que el cliente colabora para facilitar sus datos

Los empresarios reciben con los brazos abiertos la reapertura del interior de los locales en un día marcado por el mal tiempo y a las puertas del día de la madre

Interior del restaurante Las Lagunetas, en la zona Triana, ayer, con los primeros clientes en la barra después de mes y medio | | JOSÉ CARLOS GUERRA

Interior del restaurante Las Lagunetas, en la zona Triana, ayer, con los primeros clientes en la barra después de mes y medio | | JOSÉ CARLOS GUERRA

Los bares y restaurantes de Las Palmas de Gran Canaria han acogido con los brazos abiertos la reapertura del interior de sus establecimientos al pasar la Isla desde este viernes a nivel 2 de alerta epidemiológica. Como principal novedad, el decreto del Gobierno de Canarias incluye que los locales deban pedir a su clientela datos personales: nombre y apellidos, DNI, número de teléfono y dirección, con el objetivo de detectar y rastrear posibles focos de contagio. Por el momento, en bares y restaurantes de la capital perciben que la ciudadanía está colaborando en este sentido.

«Me parece muy bien, en mi caso estoy ya vacunada pero nunca se sabe». Así reaccionó este viernes una mujer después de que un camarero de la hamburguesería 200 Gramos, en la zona de la plaza de Cairasco, le anunciara que debía rellenar un formulario con datos personales si quería consumir en el interior del local. «En general todos los han aceptado de buen grado», indicó, por su parte, Alejandro Chacopino, encargado del establecimiento. «En toda la mañana tan solo ha habido un cliente que ha sido reacio y ha preferido consumir en la terraza», apuntó. Una negativa que no le duró mucho, el chaparrón que cayó sobre la capital a eso de las dos de la tarde le obligó a resignarse y a aceptar que debía facilitar sus datos personales al restaurante.

La hostelería percibe que el cliente colabora para facilitar sus datos | JOSÉ CARLOS GUERRA

«Vamos a ver qué tal el sábado y el domingo; al final es ir viendo cómo funciona este sistema», aclaró Chacopino. «De lo que se trata es de no seguir aumentando los casos, de hacer un seguimiento, y esta es la mejor manera; si estas en un restaurante o en un bar en algún momento te tienes que quitar la mascarilla así que lo veo bien», apuntó. Además, este hostelero destacó que el paso de nivel 3 a nivel 2 de alerta epidemiológica ha permitido mejorar la situación de la plantilla, pues han sacado del ERTE parcial a una serie de empleados que han tenido durante el último mes y medio la jornada de trabajo reducida.

La prueba de fuego, según los hosteleros, será este fin de semana. Más teniendo en cuenta que el domingo será el día de la madre, fecha que tradicionalmente está marcada en el calendario y en el que las familias suelen reunirse. No obstante, el de este viernes fue un día de mucho trabajo en bares y restaurantes de la ciudad. Había que traer más mercancía de lo habitual -ante el aumento de aforo y por tanto de comensales tanto fuera como dentro del establecimiento- y terminar de poner a punto los comedores después de un mes y medio sin usarse.

«Menos mal que nos dejaron abrir, si no con la lluvia no habríamos hecho caja», indica Acco

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«Hoy celebraba con mi marido nuestro 16º aniversario de casados, pero le dije que no podía ser, tenía mucho que hacer», señaló Laura Acco, quien regenta el restaurante de comida peruana Ají y Limón en el Monopol. «Me enteré tarde ayer [por el jueves], así que me vine a las ocho de la mañana para limpiar y preparar todo», precisó. «Se extraña al turista, pero tenemos unos clientes muy fidelizados, por lo que hemos trabajado bien; eso sí, gracias a que nos dejaron ampliar la terraza».

La hostelería percibe que el cliente colabora para facilitar sus datos

En este restaurante ya tenían el viernes la vista puesta en el día de la madre, «el turno de tres a cinco de la tarde ya lo tenemos completo», apuntó Acco. Y eso que recién han reabierto el salón y numerosos clientes desconocían ayer que esta norma había entrado en vigor. Además, el pase a nivel 2 le ha dado otra alegría a esta hostelera; el próximo 9 de mayo será el día de la madre en Perú -la tradición del país andino marca para esta celebración el segundo domingo de mayo de cada año-, «por lo que me da tiempo a preparar y organizar algo, ya es una fecha en la que suelen venir familias peruanas a comer aquí», explicó.

Lo cierto es que el tiempo de este viernes invitó más a tomar algo caliente en el interior de un restaurante que a estar en una terraza. La lluvia hizo acto de presencia a la hora de comer, en ocasiones con cierta intensidad. El ligero viento, los cielos nubosos y unas temperaturas que no pasaron de los 22º hicieron el resto. «Menos mal que nos dejaron abrir, porque si no hoy no habríamos hecho nada de caja», señaló Laura Acco mientras miraba del mostrador cómo en la calle el agua caía sobre las mesas y las sillas que tiene puestas en el exterior del local.

“Nuestra clientela lo va a agredecer”, apuntó Yasmina Betancort, dueña del restaurante La Pepa, en la zona Triana, en un huequito que encontró entre tanto ajetreo. «Aquí viene sobre todo gente mayor que es más reticente a comer fuera, porque no les gusta que les estén mirando y demás». En general, destacó que por parte de los empresarios están «contentos» ante la reapertura del interior de los locales aunque habrá que ver cómo funciona el fin de semana y cómo aceptan los comensales las nuevas medidas. «El día de la madre será el importante para hacer una valoración», destacó la hostelera.

Y es que a lo largo de la mañana de este viernes se repetía la misma estampa en numerosos establecimientos de la capital. Clientes que llegaban a las puertas del local y preguntaban sí podían pasar al interior o tenían que quedarse en la terraza. La reapertura de los salones comenzó tímida, aunque después la lluvia ayudó a que se notara más el cambio de fase en las alertas epidemiológicas.

Toque de queda

La mayoría de restaurantes y bares no han tenido que hacer cambios en el interior de sus locales, pues las instalaciones llevan adaptadas para hacer frente a la Covid-19 desde hace un año cuando se produjo la primera desescalada -con mamparas, señalizaciones y dispensadores de geles hidroalcohólicos-. En esta nueva fase, el aforo se ha establecido en comedores o salones es del 50% y un máximo de cuatro personas en la misma mesa; mientras que en terrazas sube al 75% y un máximo de seis personas.

Por otro lado, el toque de queda se establece a las 11 de la noche, horario que lleva vigente durante toda la semana, después de que Sanidad diera el visto bueno para alargarlo una hora ante la mejoría de la situación en la Isla. La novedad ha sido ahora la inclusión de un formulario para controlar quien sale o entra del recinto, algo que ya estaba vigente en otro tipo de establecimientos.

«Vamos a ver si el cliente lo acepta, todo es un poco confuso, porque por un lado nos exigen siempre la protección de datos pero por otro ahora nos dicen que debemos pedirle datos personales», opinó Betancort mientras enseñaba el formulario que han preparado para estos días. No muy lejos de allí, en el Restaurante La Florinda, su dueño, Agustín Pérez, ve la medida «muy acertada». «Es un control que nos viene bien a todos», destacó.

El aforo en el interior de los restaurantes es del 50% y un máximo de cuatro personas por mesa

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Y al igual que en otros restaurantes de la zona, destacó que estaban «deseando» que abrieran los interiores pues hay mucha clientela que no quiere comer en la calle. «Ya hoy tenemos todas las reservar ocupadas», apuntó Pérez a eso de la una y media de la tarde, cuando apenas acababan de comenzar con el servicio de comidas y los camareros terminaban de preparar todo para esta esperada reapertura. «Ya hemos notado el cambio», precisó.

«De momento seguimos notando que la gente prefiere exterior», destacó Luz Marina Suárez, ayudante de camarera en el restaurante Las Lagunetas. Y es que la clientela, en tiempos de pandemia, sigue optando por la terraza. Aún así, ya se veían los primeros clientes en la barra a la hora de comer -la normativa permite en este caso un máximo de dos personas por barra-. Pero, lo más importante, el cambio de alerta permitirá reactivar el sector de la hostelería. «Hoy un compañero se ha incorporado del ERTE y los tres que faltan serán en función de cómo vayan estos días», señaló Suárez.

Por otro lado, a diferencia de lo que ocurrió en febrero cuando la Isla pasó de fase 3 a 2, el Ayuntamiento no ha mandado retirar las terrazas exprés -instaladas para suplir el cierre de interiores-. Así, los locales que así lo deseen podrán seguir ocupando espacio público en la calle con mesas y sillas.

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Los restaurantes de Triana, ante el paso a la alerta de nivel 2 José Carlos Guerra

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