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Hostel Gran Canaria, un albergue del siglo XXI

Hostel Gran Canaria, en Lomo Apolinario, recibe el sello compromiso de la Red Española de Albergues Juveniles, el único en Canarias | «Un espaldarazo al trabajo bien hecho»

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Albergue Gran Canaria José Carlos Guerra

Un albergue es mucho más que un lugar donde pasar la noche. Es un establecimiento con carácter genuino y una mentalidad abierta, en el que personas de diversas culturas y con tradiciones propias se unen en torno a unos días de descanso. El Hostel Gran Canaria, en el barrio capitalino de Lomo Apolinario, explota muy bien estas características propias, y lo hace en un ambiente cómodo, casi lujoso, adaptado a las demandas del siglo XXI, lo que le ha granjeado el conseguir el Sello de Compromiso de la Red Española de Albergues Juveniles (REAJ), el único que se ha otorgado hasta la fecha en Canarias y el tercero de España. Sus responsables, Fernando Galván y Korneel Ostyn, se muestran encantados con lo que consideran «un espaldarazo» al trabajo bien hecho durante los 14 años que pasaron desde que al primero de ellos le surgió la idea de erigir un hostel en la antigua casa de su tatarabuela, un inmueble de 1905 con mucha historia.

Un albergue del siglo XXI

El Sello de Compromiso REAJ establece 105 requisitos que deben ser cubiertos para poder lograr el reconocimiento. Se resumen en alcanzar grandes niveles de calidad en el servicio, el trato y las instalaciones, así como los deberes para con el medioambiente, la sostenibilidad y la creación de sinergias con el entorno en el que se encuentra el albergue. Según el gerente de la Red, Sergio Montoya, desde la entidad creen que es «un buen momento para reconocerles precisamente por la situación tan mala que atraviesan debido a la Covid-19». Actualmente, bajo su paraguas hay 319 establecimientos dispuestos por toda la geografía nacional, y en 2019 -el último año fiable de estadísticas- rondaron los 3,2 millones de pernoctaciones en total.

El Hostel Gran Canaria, con sus dos plantas y azotea, tiene menos de una decena de habitaciones, con diferentes capacidades, y todas cuentan con ducha y lavabo propios. El establecimiento abrió sus puertas en 2017 y, desde entonces, ya ha recibido a más de 3.000 clientes que han avalado su trato, limpieza, seguridad y comodidad en páginas web de reservas, alcanzando una puntuación de 9,5 en Booking.com. «Somos un albergue del siglo XXI, adaptado a las necesidades propias de la población de esta época», asegura Ostyn, en una afirmación que secunda su compañero de aventura, quien estuvo detrás de ello desde el principio. Según apunta Galván, es trascendental «meterle un poco de amor» al turismo con el objetivo de «atraer turistas de calidad», yendo siempre «a favor» de los visitantes y sus intereses.

Y es que Canarias está muy bien posicionada en el segmento del sol y playa, pero cada vez más trata de explotar otros mercados turísticos que también sienten interés por las Islas, como el de naturaleza, el activo, el urbano o el de conferencias y otros grandes eventos de los que la ciudad alberga cada año más. De hecho, en el Hostel Gran Canaria se han quedado profesores universitarios de visita, visitantes del Salón del Manga que anualmente alberga Infecar, o estudiantes de Erasmus con ganas de conocer Las Palmas de Gran Canaria y sus secretos mejor guardados. «Mucha gente pregunta que cómo se nos ocurre abrir en un barrio como Lomo Apolinario, alejado de los atractivos de la ciudad, pero realmente es un sitio tranquilo que queda a tira de piedra del centro, con paradas de guagua cerca y aparcamiento fácil para quienes vengan con coche de alquiler, y a solo 15 minutos de los municipios del centro», aseveran los propietarios.

Además, «el barrio está contento con el albergue, y el albergue con el barrio», en palabras de Ostyn, quien recuerda que, precisamente, uno de los criterios que tuvieron que cumplir para obtener el sello fue mantener una relación con el entorno más cercano del establecimiento. De hecho, estudiantes de un colegio cercano se encuentran preparando en clase carteles para disponer en las calles de Lomo Apolinario que sirvan de guía a los turistas para llegar hasta el establecimiento.

Un albergue del siglo XXI | JOSÉ CARLOS GUERRA Christian Afonso

Andrea es un ciudadano de origen polaco que durante muchos años fue de mochilero por albergues de numerosos países, hasta que llegó a Gran Canaria y decidió instalarse aquí. Ahora, ayuda a Fernando y Korneel en la gestión del hostel. Él tiene claro cuál es la esencia del alberguismo: «El factor humano marca la diferencia, encuentras a gente con la que haces planes cuando viajas solo, compartes gastos con el resto de clientes, conoces culturas e identidades diferentes, haces amigos y creas una red de contactos en diferentes partes del mundo». De ahí que tenga claro cuál es el epicentro de la estancia en este tipo de establecimientos: la cocina. Ahí, cenas o desayunas con el resto de huéspedes, haces los planes y surgen la mayoría de conversaciones.

Otra diferencia de los albergues con respecto a establecimientos hoteleros tiene que ver con el factor medioambiental. Según Galván, en este tipo de alojamientos se generan menos residuos, se trata de impulsar la recirculación del agua que se usa en las duchas y lavabos, se fomenta el reciclaje y se comparten ciertos productos de alimentación, por lo que se malgasta menos comida. Ello también juega un importante papel en los criterios del Sello de Compromiso REAJ. Todo ello que convierte en genuino a un establecimiento de este tipo, y por eso hay cierto malestar por la proliferación de alternativas ilegales en la ciudad, para lo que han llegado a crear una asociación para defender sus intereses y pelear contra estas prácticas en Canarias, ante la inacción que tienen las administraciones al respecto. Y es que, al final, ello les termina perjudicando a todos, no solo a los lugares que no cumplen, y contribuye a desprestigiar el destino insular.

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