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Juli Caujapé Castells Director del jardín botánico Viera y Clavijo

«El Jardín Canario está inmerso en una transformación muy importante»

Juli Caujapé, la semana pasada, en un vivero de especies de cedro canario en las instalaciones del Jardín Canario.

Juli Caujapé, la semana pasada, en un vivero de especies de cedro canario en las instalaciones del Jardín Canario. Andrés Cruz

Juli Caujapé Castells es director del Jardín Botánico Viera y Clavijo - Unidad asociada al CSIC - desde 2014, pero lleva trabajando como investigador en estas instalaciones desde 1999. Doctor en Biología por la Universidad de Barcelona, ha liderado 20 proyectos de investigación nacional e internacional obtenidos en concurrencia competitiva y es autor de un centenar de artículos científicos y otros muchos de divulgación.

El Jardín Canario se ha convertido en un referente, ¿qué siente al tener que sentarse y dirigir todo este entramado?

Se siente una enorme responsabilidad porque la gran mayoría del equipo humano del Jardín es muy competente, está muy comprometido con su trabajo, y en muchos casos da más de lo humanamente exigible. Pero por otra parte, hay que reconocer que suceden imprevistos en el día a día que hay que solucionar de la mejor manera posible, y a pesar de las décadas de existencia del Jardín, estamos acometiendo un proceso de transformación importante y necesario. Se nutre de ideas y conocimientos sobre la biodiversidad y no estoy de acuerdo con ese refrán que dice «El saber no ocupa lugar». Las ideas necesitan infraestructuras donde materializarse y recursos humanos adecuadamente seleccionados para poder desempeñar su trabajo con la mayor dignidad posible en instalaciones que reúnan los requisitos adecuados.

¿En qué proyectos investigadores se encuentran ahora mismo inmersos?

La forma más sostenible de conservar una biodiversidad tan sensible, frágil y singular como la canaria es a través del conocimiento científico-técnico, de lo contrario incurriríamos en errores irreversibles que acelerarían extinciones en muchos casos. Tenemos varias líneas activas con proyectos europeos, por ejemplo Nextgendem, en el que estamos elaborando un mapa de calor genético para cada cuadrícula de territorio de la Isla con objeto de determinar qué zonas son más ricas en diversidad genética y de aplicar este conocimiento y otros derivados de información genética. Por ejemplo, a las estrategias conservación de la flora endémica que deben basarse en trazabilidad de las muestras, a la restauración ambiental y a la reintroducción en campo de especies que ven menguados sus efectivos. Pronto iniciaremos una actuación en un territorio de Gran Canaria que estamos seleccionando, pero que tendrá que ver con alguna de las zonas afectadas por los incendios, para demostrar la viabilidad de las aproximaciones genéticas en la conservación de la biodiversidad. Por otro lado, el proyecto Macfflor está dedicado a elaborar un Atlas de la Biología Reproductiva de la flora del Archipiélago, porque disponer de un sistema de alerta temprana para detectar qué poblaciones tienen problemas reproductivos es clave para saber dónde hay que actuar a nivel conservacionista, y estamos obteniendo resultados muy relevantes. Y también investigamos la flora endémica que todavía no está amenazada porque parte de los endemismos del futuro van a generarse desde esa flora que no ha tenido tiempo de endemizar.

¿Qué importancia tiene conservar la flora?

La flora endémica, para gran parte de la ciudadanía, tiene una función estética, pero es realidad es como una madre protectora, no solo de las generaciones actuales, sino también de las pasadas y las futuras. Entre todos tenemos que procurar que esta madre esté en un estado muy saludable, porque de lo contrario nuestra especie va a sufrir las peores consecuencias. De hecho, ya las estamos sufriendo hace tiempo, y esta mascarilla que llevamos en la cara en gran parte es consecuencia del deterioro ambiental que se ha producido en el último siglo y de nuestra relación, cada vez más tóxica, con la biodiversidad. En muchos sitios del mundo, la degradación ambiental está provocando que haya cada vez más repercusión de plagas o virus, cuya incidencia y grado de difusión podrían ser minimizadas por una biodiversidad en buen estado. La especie humana forma parte de la naturaleza, de sus redes ecosistémicas, pero es la única especie capaz de modificar el ambiente para posibilitar la supervivencia de sus genes. Cuando esa capacidad transformadora la ejercemos de forma insostenible, agresiva, provocamos que todas las especies que comparten el planeta con nosotros tengan problemas de supervivencia muy graves. Tal vez deberíamos aprender a hacer menos cosas.

«El conocimiento científico-técnico es clave para la sostenibilidad ambiental del planeta»

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¿Existe una relación directa entre la pérdida de biodiversidad y la proliferación de esos virus y plagas?

Sí, entre otros efectos perjudiciales. En todos los ecosistemas terrestres conocidos, las plantas son la base de producción primaria, de tal manera que si no hay plantas, tampoco hay animales, insectos u otro tipo de organismos que no sean bacterias o virus. Si tiene sentido hablar de números en relación con la biodiversidad, sería más un número de conexiones entre las especies que en cada momento y territorio la configuran que un número de especies en sí. El problema más grave que estamos padeciendo en la actualidad es la pérdida de conexiones entre las especies que forman los ecosistemas por causas atribuibles a nuestra especie. Cuando se pierden esos enlaces, la red opera con menor eficacia, lo que da entrada a plantas, animales invasores y otras plagas que amplifican esos desperfectos y menguan la sostenibilidad de la red de conexiones hasta que colapsa y se producen extinciones en cascada.

Ha hablado de una serie de problemas pero, ¿cuál de ellos puede ser más acuciante?

Si nos referimos a islas oceánicas, muchos problemas están asociadas a la complejidad del territorio, que hace que por defecto, aunque nuestra especie no existiera, la biodiversidad insular esté amenazada al verse obligada a crecer en condiciones muy restrictivas. Lo que más nos preocupa son las amenazas que tienen relación directa con nuestra especie o aquellas de las que somos amplificadores, como las especies introducidas invasoras. Espacios naturales que tendrían que seguir ocupados por biodiversidad endémica de las Islas, se ven invadidos por esas especies, que desplazan cada vez más a las nativas y en muchas ocasiones las devoran. Es urgente entender que cualquier especie fuera de su hábitat natural produce perturbaciones gravísimas en los ecosistemas en que se introduce.

¿Y las redes sociales?

Creo que son otra amenaza grave, cuando van asociadas a la desinformación. Estamos viviendo una infodemia en la que debemos saber dónde está el conocimiento fiable, o corremos riesgo de convertirnos en obesos digitales por el consumo de mucha información basura. La comunidad científica tiene que hacer un gran esfuerzo, aparte de para investigar la biodiversidad, para divulgar los conocimientos que manejamos a la ciudadanía. Solamente compartiendo ese saber, lograremos que se comprenda que restaurar un ecosistema no es solo cuestión de plantar árboles, en ese caso solo creamos desiertos de árboles nada sostenibles. Un ecosistema es una compleja red en la que también están implicados vertebrados, insectos, bacterias, plantas de sotobosque... La biodiversidad es más complicada en su funcionamiento que un telescopio o un cohete espacial, y menos predecible.

Este año tan duro por la pandemia parece llegar a su fin, e incluso han inaugurado el nuevo aparcamiento en el Dragonal, ¿se ve luz al final del túnel?

Hace poco más de un año, cambió el mundo. El Jardín siempre ha atendido, dentro de sus posibilidades, las demandas de la ciudadanía, como el disponer de un aparcamiento amplio y seguro por la puerta del Dragonal, que ha sido un logro prácticamente reivindicado desde la época de Sventenius. Fue de los primeros proyectos no científicos en que me impliqué profundamente como director, y se desarrolló gracias a la colaboración y financiación de la Consejería de Obras Públicas insular. Durante la pandemia, excepto esos meses en que estuvimos confinados en casa, el Jardín ha estado muy activo. Nos hemos dedicado a organizar mejor y más sistemáticamente las coleccionas vivas de flora canaria y mejorar la seguridad de trabajadores y visitantes. El Jardín está abierto al público desde el 8 de junio con un horario acorde a nuestras posibilidades, primero con una ruta concreta de un solo sentido de circulación, y ya luego todos los espacios. Está claro que las carencias de personal afectan también a nuestra atención al público, al principio no era posible tenerla en los dos accesos al recinto, y al inaugurar el aparcamiento del Dragonal, abrimos por esa puerta y destinamos personal a esos controles. Hace poco hemos abierto los fines de semana gracias a un esfuerzo coordinado de la dirección y nuestro escaso personal administrativo en el que hemos podido contratar un servicio de atención fuera del horario laboral de la plantilla. Y pronto esperamos poder regresar a un horario bastante parecido al de la pre-pandemia.

«Las mascarillas que llevamos se deben en parte a nuestra relación más tóxica con la biodiversidad»

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Hace poco también se sacó a concurso una actuación para dotar de riego automático las laderas del Jardín.

Solo en la zona dedicada a planta viva, el Jardín Botánico ocupa unas 20 hectáreas, y disponemos de apenas unos 20 jardineros, algunos con limitaciones físicas para acometer un trabajo tan duro, pero tan indispensable. Implementar el riego automatizado en las laderas implicará un gran ahorro de esfuerzo para este personal, lo que incidirá en un menor número de limitaciones físicas, un ahorro de tiempo en estas tareas y reducirá el número de averías que tiene el sistema de riego antiguo, porque la mayoría de tuberías son de cobre y tienen mayor propensión a las roturas. Es un avance, pero el Jardín Canario está inmerso en una transformación bastante evidente. Hay muchas obras previstas destinadas a crear infraestructuras nuevas pero necesarias para que nuestro trabajo se materialice de la forma adecuada, y en otros casos a recuperar infraestructuras que están en nuestro entorno y que son indispensables para nuestras misiones.

¿Cómo marcha el plan de accesibilidad universal a las instalaciones del Jardín Botánico?

Estamos a la espera de ver si conseguimos la financiación necesaria. Al Jardín Botánico le hace falta cumplir muchos requisitos para ser totalmente accesible, y si bien la parte baja es más cómoda y transitable para personas con problemas de movilidad o de visión, sigue teniendo muchas carencias que ese proyecto quiere subsanar. La accesibilidad universal que proyectamos no solo se orienta a personas con problemas de movilidad, sino también a aquellas con problemas de visión, de oído o cognitivos. La información que ofrecemos al público tiene que ser accesible para todas las personas. Este proyecto nos ilusiona, es muy exhaustivo para cubrir necesidades de todos los segmentos de población, queremos que el Jardín esté abierto a todos y que el conocimiento que generamos sea plenamente compartido.

¿Hay más retos por delante?

Uno de ellos, que como investigador y director de un centro de investigación considero muy importante, es la selección de personal investigador siguiendo criterios científicos relacionados con la especialización del mismo en nuestras diferentes áreas de trabajo. La labor investigadora aplicada a la biodiversidad implica conseguir recursos en concurrencia competitiva, y no podemos arriesgarnos a no tener éxito por no haber implementado mecanismos de selección idóneos. Por otro lado, atravesamos otro tipo de dificultades porque nuestro departamento administrativo solo cuenta con dos personas, que son altamente eficaces y dedican muchas horas a su trabajo, pero no es suficiente. Creo que tendríamos que poder tramitar de forma mucho más autónoma los recursos que tenemos para dar curso a las estrategias que consideramos más apropiadas para manejar eficazmente todas nuestras dimensiones de actuación.

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