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Los hermanos que crearon el símbolo

La visita de una princesa inglesa empujó a las autoridades a llevar a cabo los sueños de Néstor y Miguel Martín-Fernández de la Torre, entre ellos el Pueblo Canario

Diseño del Pueblo Canario realizado por Néstor.

Diseño del Pueblo Canario realizado por Néstor.

El 3 de abril de 1938 el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria procedía a colocar y el obispo Pildain a bendecir la primera piedra del Pueblo Canario, el sueño de Néstor Martín-Fernández de la Torre. Éste había fallecido tan sólo dos meses antes y la ciudad donde había nacido se aprestaba, pese a las circunstancias que se vivían, a iniciar a dar existencia a aquel sueño. Como se dijo, había que «dar realidad a lo que el pensamiento exuberante de nuestro malogrado artista había concebido y a lo que su pincel había plasmado en un lienzo pletórico de luz y de colorido, de gracia y de belleza, además de comenzar en nuestra ciudad una labor verdaderamente constructiva; de quitar esta terrible monotonía que hace que constituya una población sin fisonomía propia, ni detalles característicos que le aparten de la más terrible de las vulgaridades, encauzar de una vez nuestro turismo por derroteros de certeza».

Los hermanos que crearon el símbolo

Ésa era una de las razones más firmes para que la adusta clase política que gobernaba Las Palmas de Gran Canaria en plena Guerra Civil apoyara las ensoñaciones nestorianas que su hermano Miguel quería hacer realidad: que creaban para aquel incipiente y cada vez más numeroso turismo caminos de certeza; seguros, veraces, auténticos.

Los hermanos que crearon el símbolo José Luis Yánez Rodríguez

Néstor había nacido en 1887 y Miguel en 1894 del matrimonio formado por Rafael Martín-Fernández y Josefa de la Torre, que además de relacionarlos con la alta burguesía de la isla, cargaban sus raíces genealógicas de intelectualidad, creatividad, entusiasmo, nociones de correcto futuro y ansias de progreso para su tierra.

Los hermanos que crearon el símbolo

Los hermanos que crearon el símbolo José Luis Yánez Rodríguez

Se ha escrito mucho sobre el periodo que media entre el retorno de ambos hermanos a la isla y cómo, de diversas maneras pero con idéntico enfoque, querían mejorar todo aquello que habían aprendido en Madrid, Paris... y querían traer a Canarias. El éxito está asegurado en esos caminos hacia el progreso y el bienestar de un pueblo cuando los políticos apoyan sus obras en las propuestas de la cultura, y eso comenzaba a verse a fines de la década de los 30 cuando los hermanos Martín- Fernández de la Torre llevaban muchos años generando esas propuestas para el pueblo de Gran Canaria y que, desde la creación de la vestimenta de Néstor hasta las extraordinarias realizaciones del racionalismo arquitectónico de Miguel afianzaban su autoridad para ello.

El fallecimiento de Néstor en 1938 dio paradójicamente un empuje inmenso a la realización de todo aquello que dejó esbozado en conferencias, tertulias, escritos y dibujos.

En medio de tanto y tanto como los hermanos y los que le apoyaban crearon, sería el Pueblo Canario la joya central, el polarizador ejemplificante de lo que podría ser el futuro de toda Gran Canaria, de toda Canarias.

El proyecto arquitectónico que se iniciaba había partido de la presentación por el mismo Néstor a la Comisión Gestora del Ayuntamiento capitalino presidida por Antonio Juan Mulet la propuesta de su puño y letra sobre la creación del Pueblo Canario y su solicitud de emplazarla en el Parque Doramas. La misma comenzaba afirmando que «el que suscribe, viene desde hace algunos años prestando especialísima atención, en su doble calidad de artista y de canario, a los problemas de revalorización insular tratando de que Canarias pueda alcanzar un futuro digno mediante la exposición y creación de sus valores, de sus tradiciones y de sus productos, cosa que facilita maravillosamente la concurrencia enorme de turismo que llega a este país».

Proponía la ocupación total del Barranquillo de Don Zoilo e incluía junto a un Museo Oceanográfico o la Fonda ‘La Casa del Capitán’ el llamado Conservatorio Folklórico, ya que Néstor entendía que en la revalorización de nuestros usos, costumbres, vestimentas y folclore radicaba gran parte del éxito y del atractivo de cara a los turistas. Y la música, no la olvidemos, ya que por aquellos años también el otro Néstor se implicaba en la creación de un conjunto de nuevas canciones de índole y raíz canaria que, nutriéndose de compases, tonadas, sones y temáticas isleñas pudiese responder a las exigencias de aquel turismo que, según decían, pedía algo más.

Por ello mismo, junto a la pretensión de que con el proyecto la ciudad perdiera su ramplona fisonomía y su terrible aridez; se tendría un permanente ejemplo de «manifestaciones arquitectónicas típicamente nuestras, con matices propios y originales» que suministrarían a los artesanos allí instalados modelos a imitar en lo que a industrias típicas de la tierra se refiriera así como el marco adecuado para todo aquel que visitándonos quisiera tener una correcta y completa visión del folclore insular.

A todo el masivo apoyo que la propuesta de Néstor ya tenía en la alta sociedad política isleña ayudó un peculiar suceso ocurrido el mes anterior a la primera piedra.

Una inglesa soñadora

En marzo de 1938 llegó a Canarias en viaje turístico y acompañada de un amplio séquito, la princesa María Luisa de Schleswig-Holstein, tía de Jorge VI, rey de Inglaterra.

María Luisa había nacido en Cumberland Lodge, en Windsor Great Park. Era hija de Cristian de Schleswig-Holstein y de la princesa Elena, hija de la reina Victoria de Inglaterra. Era por tanto prima hermana de Victoria Eugenia, reina de España hasta 1931. Tras la anulación de su matrimonio con Aribert de Anhalt se dedicó a organizaciones de beneficencia y al patrocinio de las artes.

La princesa venía en viaje de descanso y conocimiento a Gran Canaria, Tenerife y Madeira. El 26 de marzo de 1938 llegó a Gran Canaria procedente de Tenerife. El cónsul de Gran Bretaña y su esposa, Fernando García González en representación del Gobierno Militar, Antonio Limiñana López como presidente del Cabildo y Juan Melián Schamann representando al Consistorio se sumaron a su comitiva. Visitaron Arucas, donde fueron recibidos recibida por el alcalde Emiliano Urquía, que obsequió a María Luisa con un gran ramo de flores y les acompañó junto al cura a la iglesia en construcción. Luego se trasladaron a Teror, siendo también recibidos por el alcalde Isaac Domínguez y por el párroco Socorro Lantigua. Allí visitaron la Basílica de Nuestra Señora del Pino y fueron obsequiados con medallas y fotografías.

Marcharon posteriormente al Hotel Santa Brígida, donde almorzaron siendo amenizada la comida por la rondalla ‘La Siciliana’, el grupo folclórico que más había apoyado en los años anteriores las propuestas de Néstor en vestimenta y en sus célebres Fiestas Pascuales. Su repertorio musical era una muestra de todo lo que en aquellos momentos significaba los inicios de la canción canaria y se manifestaba en una serie de canciones, casi todas de Néstor Álamo, que pretendían crear una base musical al proyecto del Pueblo Canario. Cantaron aquella tarde en honor a la ilustre princesa inglesa soñadora, las seguidillas de la Fiesta Pascual, ‘Rubio y alto’, ‘Sombra del Nublo’, ‘Duérmete’, ‘La Molinera’, ‘Que quieres que te merque’ y ‘La Zajorina’. El cronista dejó bien claro que aquello «produjo en la ilustre viajera una grata impresión. Sus sinceras palabras de felicitación al director de la meritoria agrupación demostraron la gran complacencia y satisfacción que experimentó, llegando a manifestar que había sido el momento más interesante y agradable de toda la excursión, desde que salió de Inglaterra. Nuestros cantos y música populares los oyó con suma atención, preguntando si la canción ‘Santo Domingo’ estaba impresionada en discos, por ser propósito suyo darla a conocer en Inglaterra. Tuvo frases de elogio para nuestro traje típico, mostrándose encantada al ver que su Dama de Honor hacía el encargo de un traje canario, dejando la dirección para que le fuera remitido a su casa en Inglaterra».

Embarcó hacia Madeira y desde el vapor escribió un telegrama al consulado británico en los siguientes términos: «Sírvase elevar mi cordial agradecimiento a las autoridades militares y civiles y a todos cuantos contribuyeron a hacer mi visita a Las Palmas tan agradable. Siempre conservaré los más felices recuerdos por la maravillosa hospitalidad y grato acogimiento en Arucas, Teror y Santa Brígida y del simpático concierto de los músicos canarios. A todos estoy profundamente reconocida. Hasta la vista. Marie Louise».

Néstor de cara al turismo

Estaba claro. La propuesta de Néstor funcionaba y sí, tal como expresaron los políticos, sería perfecto para nuestra promoción y nuestro negocio turístico si se hiciese dentro de su marco adecuado, con un fondo propio, sin el adecenamiento de estos hoteles iguales a los que los turistas podían encontrar en cualquier lugar.

Si la visita de la princesa, su comitiva, y los resultados de la misma hubiesen sido programados ex profeso no hubiesen salido mejor.

Había que hacer realidad parte del sueño nestoriano con un conjunto de medidas que acompañarían en los años siguientes a la propia construcción del Pueblo. El impresionante Hotel Santa Catalina que en la década siguiente y de la mano del mismo Miguel Martín-Fernández de la Torre complementaría el proyecto, el Museo Néstor, El Bodegón, los conciertos de la rondalla ‘La Siciliana’ que se aprobaron desde 1937 para ofrecer a bordo de los buques de turismo o como recepción en el muelle con «música y cantos regionales» o la obligación impuesta desde el Cabildo de la vestimenta de Néstor en cuantos actos públicos programaran los ayuntamientos y que hizo por ejemplo que durante décadas las primeras Romerías del Pino en Teror y otras muchas que fueron surgiendo, tuvieran siempre como carta de presentación la estampa del «traje de Néstor».

Las obras comenzaron y progresaron rápidamente y las inauguraciones también; porque hasta la definitiva en 1956 las partes de la edificación que se iban culminando servían para recibir a ilustres visitantes, y mostrarles esos cantos y bailes del país. Ante la carencia de rondallas y parrandas con una mediana categoría como para mostrar a los de fuera –Guía y algunos lugares del norte eran una honrosa excepción-, los políticos tiraban de grupos encargados a amistades bien amañadas.

La Masa Coral, Tamadaba, Guanarteme, Candelas, y otros muchos sin nombre, fueron formados, como escribo, para momentos concretos e iniciaron el camino de las posteriores. De tal manera se puso intención, que cuando las obras no llevaban ni un año de ejecución llegaban a sus puertas personalidades y comitivas. Pero el momento de empuje definitivo fue a partir de su inauguración oficial en 1956, que coincidió, por un casual de esos de la fortuna, con el establecimiento de la línea aérea directa entre Inglaterra y Gran Canaria, a cargo de los hidroaviones de la Aquila Airways, dependiente de la Élder.

La inauguración

Después todo fue de corrido, y una pléyade de magníficos creadores (el mismo Néstor Álamo, Juan Alberto Monzón, Martín Pérez, Herminia Naranjo, Andrés Macías, Andrés Viera Plata y otros muchos), grupos y rondallas como las extraordinarias Agrupaciones Roque Nublo o San Cristóbal comenzaron a desarrollar su arte conjuntamente con una cada vez más prolífica y creciente producción discográfica de nuestras músicas, al socaire del sueño de Néstor y su hermano Miguel.

El 18 de julio de 1956, tras casi 17 años de trabajos, se inauguraba oficialmente la extraordinaria edificación donde nombres como Miguel Martín-Fernández de la Torre, Néstor, Alfredo Farray o Ramírez Bethencourt se juntaban para crear la mejor puerta que según muchos iba a tener la ciudad y la isla entera para los que desde el Puerto de la Luz entraran en ella. Surgía pletórico de intenciones de bienestar para el pueblo canario -con minúsculas- y «aquel lugar de tanto interés para el turismo, pero con la condición de que la nueva obra ha de ser un fiel exponente del carácter típicamente isleño».

Pero seguía faltando algo; algo «de la tierra», algo que completara aquellos fabulosos dibujos ensoñadores con que Néstor imaginó, idealizó el futuro de su sueño. Y lo que faltaba llegó el 26 de agosto de aquel mismo año, en el que «para más distracción en este pintoresco ambiente», el Bodegón comunicaba que todos los domingos a partir de entonces, de doce a dos, actuaría una rondalla típica».

Y así fue. Y grupos extraordinarios, excepcionales, de una valía insuperable entre los que siempre descollarán Roque Nublo y San Cristóbal, tuvieron en el Pueblo Canario y sus patios el mejor cauce para dar a conocer a un turismo impregnado de querer amar a Canarias y su música, una singular vía para ello.

Surgen enfoques diferentes

Aunque la creatividad nestoriana tuvo siempre detractores y críticas (sobre todo relacionadas con su famoso traje) sería ya a mediados de los sesenta cuando las voces fueron unificándose, no tanto en contra del Pueblo Canario -único y magnífico- sino en contra del cierto monopolio que sobre el folclore desde allí afirmaban que se ejercía.

El 29 de agosto de 1968 se anunciaba desde los distintos medios de comunicación la pronta formación de un grupo folclórico con el fin de «actualizar y revalorizar las canciones típicas de nuestra tierra». Totoyo Millares, que aparecía como promotor de la idea, hacía una llamada para que el 21 de septiembre de aquel mismo año se reunieran en El Monte músicos e intelectuales interesados en ello.

Conjuntamente a la crítica de la excesiva mercantilización, la «degeneración» de nuestro folclore, el olvido de las tradiciones, la amalgama de ritmos que no se sabía si eran mejicanos, paraguayos, argentinos o peninsulares, la presencia de raíces verdaderas de las que nutrirse como los viejos de Gáldar, el que ni las casas grabadoras, ni la radio, ni la televisión hicieran nada para sacar provecho en bien de las futuras generaciones aparecían como trasfondo de aquel malestar en folcloristas e intelectuales preocupados por recuperar la esencia pura que según muchos se había desvirtuado a lo largo del siglo XX.

Y en aquel fuerte movimiento de resurgimiento cultural que hizo nacer a Los Gofiones y en los años siguientes a decenas de grupos que tomaron su ejemplo -Roneros, Cebolleros, Cochineros, Berreros, Campurrios…- o al programa Tenderete, que en septiembre de este año cumplirá su medio siglo, aparecía una queja permanente: que el hecho de que fuera de las islas no se pudiera conocer nuestro folclore era debido a que ni siquiera en el archipiélago se conocía ni se fomentaba y a que gran parte del triunfo de esas composiciones se debía, tal como decía el mismo Totoyo, a esa alegría que las interpretaciones tiene más de sudamericana que de canaria.

Esa crítica al Pueblo Canario y a lo que desde allí se hacía se veía como la expresión de una cultura oficial realizada cara a la comercialización del turismo y descuidando a la vez el mantener la línea tradicional que databa de nuestros bisabuelos. Se observaba asimismo cómo «en el Pueblo Canario hemos visto cómo los turistas piden el Tartanero o Somos Costeros y en cambio aplauden fríamente una isa, folia o malagueña».

Equivoca el sentido más profundo de cultura, de folclore, de patrimonio quien crea que todo aquello que surgió a fines de los sesenta destrozó el camino impresionante de la llamada canción canaria que surgiera en la el primer tercio del pasado siglo. Tomás Moreno ‘Maso’, timplista excepcional, esposo de Mary Sánchez, afirmaba cuando se refería este presunto equívoco que ya «se les acabarían los tajarastes» a los que decían que la canción canaria había adulterado nuestra más profunda esencia musical. No lo hizo y también es verdad que gracias a la labor incansable y tenaz de todos estos grupos los hombres y mujeres de Canarias recuperamos con plenitud polcas, mazurcas, siotes y malagueñas.

Creaciones indisolubles

Se equivocaban todos los que desde cada una de las posiciones ponían el fanatismo como punto de partida para la conversación. Porque hay que llegar a la serena conversación y solucionar asignaturas pendientes como lo es por ejemplo el definir correctamente el uso y la plena interpretación de la vestimenta nestoriana en nuestras expresiones culturales. Esa necesidad está tan clara como el que ya al día de hoy esa vestimenta forma parte indisoluble del ideario sentimental común del que surge toda la cultura de una comunidad social.

Y tan indisoluble como el hecho de que creaciones tan maravillosas, tan portentosas, tan canarias como son «Por Santo Domingo viene», «El zagalejo», «Cuando ríe una canaria», «De belingo», «Campos de mi Gran Canaria», «Para Arucas voy», «Camino de Ansite», «Ay, Teror», «Virgen de la Cuevita», «En la fuente agria», «Gáldar mía», «Somos costeros», «Andrés, repásate el motor» y cientos de canciones más que se han escuchado en festivales, en programas televisivos pero, sobre todo, en parrandas y romerías de nuestra tierra, y que son ya por definición y pleno derecho, músicas de raíz y entronque en el sentimiento más profundo de Canarias. Y en ello tuvo mucho que ver todo el movimiento que se generó en torno a Néstor y Miguel y todos los que les apoyaron en el sueño del Pueblo Canario.

Porque tal como cantara hace mucho un miembro de la mítica Siciliana, «murió Néstor pero vive en el alma del canario, fue tan inmensa su obra que es imposible olvidarlo».

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