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Honores y Distinciones de Las Palmas de Gran Canaria

La ciudad del escritor universal

El novelista Benito Pérez Galdós será proclamado Hijo Predilecto de la capital grancanaria un siglo después de su muerte | Su tataranieta recogerá el galardón

Retrato de Benito Pérez Galdós en una finca de Gran Canaria.

Retrato de Benito Pérez Galdós en una finca de Gran Canaria. LP/DLP

La ciudad que vio nacer a Benito Pérez Galdós el 10 de mayo de 1843 difiere mucho de la actual. Por aquel entonces, la capital estaba encorsetada entre desvencijadas murallas, el Puerto de La Luz no existía y la Ciudad Alta era una sucesión de lomos polvorientos. A pesar de esto hay algo que sí que no ha cambio: el legado que dejó el escritor de su puño y letra. En sus novelas reflejó la sociedad española, y la madrileña en particular pues fue allí donde escribió la mayor parte de sus obras, como pocos han sabido hacerlo. Trató temas que según destacan los expertos siguen vigentes en la actualidad y que todavía inspiran a los nuevos autores. 100 años después de su muerte [el 4 de enero de 1920], el Ayuntamiento honra a su descendiente más ilustre y este 23 de junio lo nombrará Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria a título póstumo.

La ciudad del escritor universal giraba entorno al barrio de Triana. Galdós se crió en una casa decimonónica de la calle Cano. Su padre, Sebastián Pérez Macías, fue un coronel del Ejército que luchó en un batallón durante la Guerra de Independencia. Esto sería determinante, pues serían sus anécdotas las que le llevaron a interesarse por los relatos antiguos y es, precisamente, el conflicto bélico contra la Francia napoleónica el contexto histórico con el que arranca la serie de 46 novelas que conforman los Episodios Nacionales -donde el autor grancanario retrató la historia de España de 1808 a 1880 a través de personajes de lo más variopintos-.

Marchó a Madrid a estudiar Derecho en 1862, aunque no terminaría nunca la carrera pues las inquietudes de este todoterreno iban por otro camino. Más bien, la escritura, el teatro y hasta el dibujo fueron las disciplinas que sedujeron al isleño. «Ha sido uno de los mejores escritores españoles de todos los tiempos», afirma la filóloga Yolanda Arencibia, quien ha dedicado su carrera a conocer en profundidad la vida y obra de Benito Pérez Galdós. El escritor volvió en varias ocasiones a su Gran Canaria natal, pero su vida la desarrolló en la capital española y posteriormente en Santander.

«Fue un adelantado a su tiempo, hacía una gran defensa de la mujer», indica Verde, su tataranieta

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Nunca se casó, aunque todos conocían su relación con la también escritora Emilia Pardo Bazán, entre otras mujeres. El maestro de la literatura realista tuvo una hija. María Pérez Galdós Cobián, cuya madre fue la modelo Lorenza Cobián, nació en 1891 y terminó por convertirse en la única heredera del escritor. Tuvo dos hijos, Rafael y Benito, fruto de su matrimonio con Juan Verde. Vivieron en Madrid pero parte de la familia terminó por marchar a Santander; «mi padre tenía un fuerte vínculo con su bisabuelo, por eso se mudó», relata Marta Verde, tataranieta del escritor y quien recogerá el reconocimiento de Hijo Predilecto.

«Fue un adelantado a su tiempo», destaca la tataranieta, en base a las historias que le contaban cuando era niña familiares que llegaron a conocer al escritor. «Hacía una gran defensa de la mujer, que era algo a destacar en su época», añade. Por otro lado, asegura que «contaban que era un gran amante de los animales». De Galdós, además, precisa que su faceta artística no quedaba ahí, pues además también pintaba retratos, «era un gran creativo». El legado que guardan es de gran valor. Solo en el último año han vendido a la Casa Museo una serie de manuscritos y cartas personales.

Verde recuerda las historias de la casa de Madrid de «la abuela María», que es como llamaban a la hija de Galdós, aunque realmente esta fuera su bisabuela. «Esa casa los viernes era abierta a todo el mundo, para hacer charlas y coloquios», apunta. Este miércoles acudirá en compañía de su madre, que aunque no es familiar del escritor sí es «una enamorada de su literatura». «Consideramos que había que ir, en su día no se le trató bien; se metía con la Iglesia y la sociedad de su tiempo y eso le costó el premio Nobel», remata.

«En ‘Electra’ he condensado mi lucha contra el fanatismo», indicó el escritor en una entrevista

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El reconocimiento ha tardado en llegar un siglo -bien es cierto que la figura de Hijo Predilecto no existía entonces-; pero, aún así, la ciudad del escritor universal está repleta de huellas que le honran. «El Ayuntamiento siempre estuvo pendiente de sus triunfos», resalta la filóloga Arencibia. «Tras un homenaje que le hicieron en Madrid en 1883, el pleno municipal acordó ponerle una placa para recordarle en la casa donde nació en la calle Cano», destaca. Un hito que aún sigue visible en la que hoy es la Casa Museo, una institución que abrió sus puertas en 1964 en el número 6 de la citada calle.

El Ayuntamiento capitalino también acordó en sesión plenaria, en octubre de 1883, denominar una de las nuevas calles del barrio de Triana «Pérez Galdós, en honor al eminente novelista hijo de Las Palmas y gloria de la literatura patria». El primer instituto oficial de enseñanza secundaria en la ciudad, inaugurado en 1916, también lleva su nombre. Y si de callejero hay que hablar, las calles del barrio de Schamann, el cual no existía en tiempos galdosianos, acogen los nombres de un buen número de personajes de las obras del escritor. De Mariucha a Pablo Penáguilas, pasando por Jacinta o Don Pedro Infinito. El propio novelista descansa en un banco de la plaza de Don Benito -a modo de escultura, claro está-.

Si hay una estatua galdosiana que destaca, esa es la situada en la desembocadura del Guiniguada. Se trata de una pieza similar a la que hizo el escultor palentino Victorio Macho en los años 20 para honrar al escritor tras su muerte. La original fue inaugurada en 1930 y fue colocada en el Muelle de Las Palmas. Según destacan Pablo y Plácido Checa en su libro La ciudad de Galdós -basado en unas rutas tematizadas que realizan por Vegueta y Triana recordando la vida del novelista en la capital-, el artista quiso que el escritor «pareciera un Atlante salido del mar que lo rodeaba». Tras la desaparición del embarcadero y un periplo tortuoso, permanece hoy en la Casa Museo.

«Nunca se le llegó a proteger, ni en la guerra, ni en la posguerra», señala la filóloga Arencibia

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Y frente a esta escultura sedente del Guiniguada se levanta el edificio que, probablemente, mejor lleve con orgullo el nombre del escritor. Habría que retrotraerse al 16 de abril de 1901, fecha del estreno de Electra en el entonces teatro Tirso de Molina; según los Checa «fue tal el éxito de la representación que ya popularmente se le empezó a llamar Teatro Pérez Galdós». Las páginas del Diario de Las Palmas destacaron aquel día que los palcos y butacas estaban «de bote en bote» y señalaron que asistieron «a la consagración de un triunfo para aclamar a Galdós, para dar vivas a la libertad».

Dos meses antes, justo después del estreno en Madrid, el mismo periódico recogía una entrevista y reportaje con el novelista en página y media -bien extensa, teniendo en cuenta que el diario apenas tenía cuatro folios-. «En Electra puede decirse que he condensado la obra de toda mi vida, mi amor a la verdad, mi lucha constante contra la superstición y el fanatismo», apuntó el célebre escritor. Es más, el periodista destacó que lo más «hermoso» que vio en la pieza fue «la protesta y la rebelión de la juventud contra toda tiranía que trate de oprimirla». «No, Galdós no ataca a la religión, como algunos pensaron», continuó, «El J’accuse de Galdós sólo alcanza a aquellos zurcidores de voluntades, cegados por el fanatismo».

Campaña en su contra

Pero, ¿por qué tanto revuelo? El estreno de Electra tuvo un éxito «extraordinario, fuera de serie», señala Arencibia. Pero la obra no gustó nada a la España más conservadora. La campaña que se levantó en su contra, motivada por sus ideas liberales y progresistas plasmadas en su extenso número de obras, hizo que su candidatura al premio Nobel de Literatura se quedara en el camino. Mismamente, la filóloga recuerda que el obispo Antonio Pildain se opuso durante la dictadura a la creación de la Casa Museo. «Incluso le escribió a Franco para que no la dejaran abrir», precisa.

Aún así, «nunca se le llegó a postergar, ni durante la Guerra Civil, ni en la posguerra», precisa Arencibia. «Fue con Matías Vega cuando el Cabildo compra la casa donde nació y empieza a adquirir el mobiliario», señala. Galdós visitó la Isla por última vez en 1894, se conserva una fotografía de aquella ocasión en la finca familiar, pero siempre tuvo su tierra presente. La filóloga resalta que en sus novelas pueden verse construcciones y expresiones propias del habla canaria; «usa un montón de diminutivos», por ejemplo.

En las novelas de Galdós pueden verse construcciones y expresiones propias del habla canaria

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Con todo, Arencibia destaca del autor la universalidad de sus novelas, «es una obra que tiene el mismo sentido si la lees aquí, en Madrid o Washington; una obra universal, con temas que no les son ajenos a nadie». Además, especificó que, aunque las tramas sean un espejo de la sociedad de su tiempo, del siglo XIX, «muchos de esos problemas siguen vigentes». Galdós escribió 150 novelas y cuentos y estrenó 21 obras de teatro.

Uno de estos relatos, Necrología de un prototipo, transcurre en la catedral de Santa Ana con el palanquero del órgano como protagonista. Es su única obra ambientada en Canarias y fue publicada en el periódico El Ómnibus en 1866. Pero, como rezan las páginas del Diario de Las Palmas de abril de 1901 «Galdós en los últimos meses ha hecho que se aclame su nombre no solo en España sino en toda Europa y en las naciones de América de raza latina». El hijo más universal de Las Palmas de Gran Canaria.

Una selección de obras de Galdós


Prosa. 150 novelas y cuentos

Benito Pérez Galdós (1843-1920) escribió un total de 150 novelas y cuentos a lo largo de su prolífica trayectoria. La mayoría formaron parte del realismo, movimiento literario del siglo XIX que representaba la sociedad tal y como era, a modo de espejo. La filóloga Yolanda Arencibia hace una selección de las obras más representativas: ‘Misericordia’ (1897), ‘Un voluntario realista’ (octavo volumen de la segunda serie de los ‘Episodios Nacionales’, fue publicado en 1878), ‘Fortunata y Jacinta’ (1887), ‘El amigo Manso’ (1882) y ‘La desheredada’ (1881). Además cuenta con un cuento de 1866 ambientado en la catedral de Las Palmas de Gran Canaria y sus alrededores: ‘Necrología de un prototipo’.

Teatro. 21 obras representadas Galdós también cultivó el teatro.

Llegó a representar hasta 21 obras en los escenarios. La filóloga Arencibia recomienda: ‘Alceste’ (1914), ‘Bárbara’ (1905), ‘Mariucha’ (1903), ‘La de San Quintín’ (1894) y ‘Doña Perfecta’ (basada en la novela homónima de 1876, fue estrenada en 1896).

Reconocimientos. Real Academia

Galdós no logró el Premio Nóbel de Literatura, principalmente por una campaña orquestada contra su figura según los expertos, pero sí logró otros reconocimientos. Fue miembro académico de la Real Academia Española de la Lengua desde 1897 (con el sillón N). Fue nombrado Caballero gran cruz de la Orden de Alfonso XII en 1902 y llegó a ser tres veces diputado en el Congreso por Puerto Rico primero, después Madrid y, finalmente, por Las Palmas.

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