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Patrimonio | La decadencia de un hotel emblemático

Los Frailes: de monasterio a hotel en ruinas

El alojamiento, fundado por un coronel inglés a principios del siglo XX, cerró sus puertas en los años 90, pero siguió funcionando como local de marcha nocturna hasta 2008

De monasterio a hotel en ruinas | ANDRÉS CRUZ

Cuesta trabajo reconocer entre tanta devastación y tanta ruina a la elegante casona que en su día albergó el hotel Los Frailes, en la que todavía se pueden adivinar, pese a los destrozos, las antiguas celdas que conformaron el monasterio que se levantó en esa zona de Tafira y le dio nombre al lugar. Tras la Desamortización de Mendizábal, el convento -que unos dicen que fue fundado por frailes franciscanos y otros por dominicos- desapareció y el edificio terminó en manos de un tío de Josefa Toledo Suárez en la segunda mitad del siglo XIX.

De monasterio a hotel en ruinas

La belleza del patio principal del hotel Los Frailes, al que se accedía a través de una pérgola cubierta de flores, contrasta con la desolación que hoy reina en el lugar. Buena parte de los techos de la casona han terminado en el suelo. El edificio figura en el catálogo de inmuebles protegidos de la capital grancanaria por ser un ejemplo de arquitectura rural más antiguo de Tafira.

El catálogo de casas protegidas del municipio, en el que figura con una protección ambiental, sitúa su construcción en 1850 y medio siglo después -se desconoce la fecha exacta- fue arrendado a un coronel inglés que cambio su antiguo destino al frente de los ghurka en La India para fundar el hotel Los Frailes.

Así lo relata el abogado Andrés Merino, albacea testamentario y antiguo administrador de Josefa Toledo, quien explica que el coronel -cuyo nombre asegura desconocer- «recorre un día la isla en tartana, ve el convento, se enamora del lugar y piensa en fundar un hotel para esos ingleses que hacían el trayecto de Inglaterra a la India o a Sudáfrica». El alojamiento de 16 habitaciones se convirtió en un referente del turismo británico de principios del siglo XX y aparece citado, entre la oferta alojativa de la capital en la edición de 1922 de la guía turística de Alfred Samler Brown, Madeira, Canary Island and Azores, la primera guía moderna sobre Canarias en lengua inglesa.

La mayoría de los huéspedes eran jubilados ingleses, pero al mismo tiempo el lugar se puso de moda entre los canarios de la capital que acudían al restaurante con sus familias a almorzar los domingos o a merendar sandwiches de jamón y queso y queque con café con leche o té. En 1930, el restaurante ofrecía por diez pesetas el cubierto un almuerzo especial de Año Nuevo o de Reyes, «amenizado por la orquestina del hotel» y de, postre, baile a partir de las cuatro.

En los años 50 y 60 familias acomodadas canarias pasaron las vacaciones de verano en Los Frailes y no fueron pocas las parejas que pasaron allí su luna de miel. Aunque muchos ingleses seguían acudiendo al hotel una vez jubilados, y algunos incluso convirtieron la casona en la residencia de sus últimos años de vida, la decadencia del negocio fue inevitable al final de los años 70, coincidiendo con la aparición del turismo de sol y playas. A partir de ese momento, el negocio comenzó a decaer y se mantenía abierto para las personas mayores que residían en él. Alguno de ellos murió en el inmueble.

Hotel Los Frailes La Provincia

En 1986, el empresario Alberto García Beltrán arrienda el inmueble y monta un local de marcha nocturna que, tras tener un gran éxito inicial, logra sobrevivir a trancas y barrancas hasta 2008, año en el que Los Frailes echa el cierre. García Beltrán logró revivir el hotel, cuyas habitaciones se alquilaban como reservados. En 1999 el local seguía resistiendo, además de como local de copas, con fiestas particulares, celebraciones de bodas y banquetes y despedidas de soltero y logró incluso darle la bienvenida al nuevo milenio con una gran fiesta. Pero ya tenía los años contados. Las huellas del local nocturno, que llamaron El Fraile, se pueden ver aún en las barras del patio y las figuras de frailes pintados en las paredes, que se mezclan con grafitis posteriores. Ya en los años 90, el edificio empieza a llamar la atención por el abandono de sus jardines, una sombra de aquel vergel que llegó a ser. En la actualidad, buena parte del muro que rodea la casa se ha desmoronado, lo que permite a los gamberros entrar en el inmueble, que está totalmente destruido. La mayoría de los techos de las diferentes estancias se han venido abajo, lo que convierte en un ejercicio arriesgado transitar por su interior debido a la caída de cascotes. Los gamberros han provocado varios incendios y literalmente destruido puertas, ventanas, pavimentos de madera, baños y todo lo que han encontrado a su paso. La antigua campana que anunciaba la hora de las comidas, recuerda con tristeza Francisco Santana, encargado de la finca agrícola situada justo al sur del inmueble, también ha desaparecido.

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