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José María Ezquiaga Arquitecto experto en planeamiento urbano

José María Ezquiaga: «Las nuevas ideas para la movilidad en las ciudades no son fantasías, surgen de la vida real»

José María Ezquiaga, precursor del planeamiento urbano con perspectiva sostenible, antes de su conferencia en la VII Semana de la Arquitectura de la COAGC. | | ANDRÉS CRUZ

El arquitecto José María Ezquiaga, uno de los artífices ideólogos de las nuevas ciudades sostenibles para las personas participó en la VII Semana de la Arquitectura organizada por el COAGC.

En 2008, cuando prácticamente nadie hablaba de hacer de las ciudades entornos más amables con el ambiente, trabajó en Madrid Centro, una idea primigenia para recuperar las calles para la ciudadanía, ¿cómo fue ese proceso?

Fue la oportunidad de tener un encargo que significaba investigar, que no se limitaba solo a dar una respuesta a una emergencia, sino que el planteamiento en aquel momento del Ayuntamiento de Madrid fue abrir nuevos horizontes de entendimiento de los problemas más profundos de la ciudad. Se nos planteó que investigáramos las necesidades de la ciudad desde el punto de vista de los cambios que debían emitirse en su espacio urbano, en la propia ciudadanía madrileña y en su gobernanza. Fue la primera ocasión de acuñar conceptos que luego han tenido mucho éxito, como renaturalizar la ciudad o poner a las personas primero, pero además de eso, planteaba la necesidad de que, para poder hacer un planeamiento distinto, el propio Ayuntamiento debía ser también distinto, es decir, tenía que cambiar la manera en que abordaba los problemas urbanísticos y trabajar con ideas más transversales. Este tipo de documentos son aparentemente ensayos, investigaciones, que no tienen ese valor que tiene una norma, pero en muchos casos la fuerza de la investigación es tan seductora o más que la propia norma y ayuda a cambiarlas. Como hay nuevos problemas en la ciudad, debemos cambiar la mentalidad para poderlos abordar.

Supongo que hubo muchas opiniones, ¿qué se dijo sobre el proyecto en aquel momento?

En muchos casos, al no abordar desde el punto de vista normativo problemas inmediatos de la ciudad, se planteó que era un enfoque utópico, irreal, excesivamente alejado de los problemas cotidianos. Pero es que los problemas que planteamos entonces son los más importantes en la actualidad: medio ambiente, la cultura como un arma importantísima en una ciudad, la cohesión social, la identidad… El tiempo ha ido dando la razón. Por ejemplo, la idea de renaturalizar la ciudad no es poner verde porque sí, es que hay más: en lugar de urbanizar el campo, ¿por qué no hacemos más verde la ciudad y así podemos vivir en una ciudad densa, más compacta, más cercana y no desperdigarnos por el total del territorio condenándonos a tener que utilizar siempre el automóvil?

Posteriormente, llegaron iniciativas que han partido de esa base como la de Madrid Central o la actual de Madrid 360º, ¿cómo ve estas políticas?

Nuestra propuesta era más amplia, porque planteaba que en toda la ciudad pudieran establecerse dos niveles de utilización del espacio público: uno en el que el protagonista fuera el residente, y otro en el que lo fuera la movilidad. Y no pensamos solo en automóvil privado. Se ganaría un enorme espacio de calles para un uso dominante residencial, de los vecinos. Madrid Central introduce eso en una pequeña escala, y lo que sugerimos fue que se ampliara al menos a todo el interior de la almendra central, el interior de la M-30. Cuando se corra la voz, será aceptado como un modo normal de moverse por las urbes porque tiene ventajas para los residentes.

Las Palmas de Gran Canaria se encuentra embarcada en un proceso de transformación radical para tratar de sacar vehículos del centro de la ciudad, ¿qué le parece lo que se está haciendo?

Hay que armar todas esas ideas en una política coherente, pero están surgiendo de la vida real. O sea, que lo bueno que tienen estas ideas es que no son fantasías: los patinetes, los skates, los minibuses eléctricos, los vehículos compartidos están ahí. Antes, el ecosistema de la movilidad en la ciudad era muy poco diverso, solo transporte público y privado, y ahora tenemos otro muy variado, en el que podemos encontrar hasta 15 o 20 medios de transporte perfectamente convivientes en la ciudad. Este nuevo ecosistema obliga a los decisores políticos a tomar iniciativas en este sentido, porque la realidad lo demanda.

Hablaba de esa tendencia a desperdigar los barrios porque el centro estaba muy colapsado, algo que se ve mucho en las islas, ¿es uno de los principales problemas que puede tener la movilidad en Gran Canaria?

Hay un diseminado residencial muy grande. Ese diseminado, como tiene baja densidad, es muy difícil de servirlo con sistemas de transporte público. Pero ahí la tecnología viene en auxilio, con medios de transporte colectivo en escala micro, como el VTC compartido, que puede funcionar casi como un minibús. De hecho, la agenda urbana de la ONU recomienda para todas las ciudades del mundo ir hacia los modelos que teníamos históricamente. La idea de vivir cerca los unos de los otros, pero en una densidad que no se convierta en hacinamiento, sino razonable, que permita que los servicios estén cerca y que uno pueda resolver la mayor parte de su vida cotidiana caminando o con medios de transporte sencillos. De la misma manera que se hablaba hace años en el urbanismo de la unidad vecinal, de principios del siglo pasado, que es el radio máximo al que una madre o padre puede enviar a la escuela a su hijo con la tranquilidad de que nunca se encontrará con un punto peligroso en su trayecto, y la ciudad fue pensada así en algún momento, y necesitamos que vuelva a serlo.

Resumidamente, ¿qué retos tienen por delante las grandes ciudades?

Hay retos globales que son sociales. Uno es que las urbes son menos equitativas que hace 15 años. Tenemos el reto enorme del cambio climático, y tenemos el reto de la salud. Ahora mismo, las ciudades promueven un modo de vida que no es saludable, abocan a enfermedades cardiovasculares, respiratorias, trastornos alimenticios cada vez más habituales. Ha venido el Covid y lo ha tapado todo, pero cuando pase, volveremos a recordar que el estilo de vida sedentario está relacionado con una reducción de la esperanza de vida. Además, hay varios temas que la pandemia ha puesto en primer lugar: la importancia del espacio público, de la naturaleza dentro de la ciudad, de volver a plantear la calidad de la habitación, que parecía que ya valía cualquier cosa y nos hemos dado cuenta de que no es así. Por último, la ciudad del futuro, si quiere ser compleja y más accesible a la gente, debe ser más mestiza, más mixta. Vamos un poco en la línea opuesta de lo que se planteó hace un siglo: organizar la ciudad separando espacios de trabajo, de ocio, residenciales, universitarios, judiciales... Ahora hemos visto que no es positivo porque obliga a más desplazamientos, más automóvil, más despilfarro energético.

¿Y la pandemia ha agilizado ese proceso transformador?

La pandemia ha agilizado algunas cuestiones, pero estamos volviendo atrás muy rápidamente, por lo menos en España. Aun así, sí ha cambiado muchas mentalidades, como el valor de la convivencia. Nos daba igual tener vecinos o no, pero cuando no hemos podido salir a las calles, ver a las familias, nos hemos dado cuenta de lo importante que eran los vínculos humanos. Ese tema está para quedarse, y por tanto, las administraciones también tendrán que plantear las ciudades desde una perspectiva mucho más cercana, que ayude a acercar a la gente y no a alejarla entre sí.

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