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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Tamaraceite cae poco a poco

El barrio espera un documento que permita que no desaparezcan edificios históricos - La carretera general podría ser la inspiración de cualquier película de los 50

Casa de la Cultura de Tamaraceite

René Verneau escribía en alguno de sus escritos: «...en Tamaraceite todos los cocheros que vienen de la capital hacen su primera parada, para que sus caballos descansen». El casco de Tamaraceite se va a convertir en poco tiempo en historia. Este lugar emblemático para la zona alta de la ciudad poco a poco ha ido desmoronándose. Viviendas vacías, muchas okupadas por personas indigentes y convertidas en focos de venta de estupefacientes o simples vertederos. Otras están siendo demolidas sin ton ni son. El Plan General de Ordenación Urbana de Las Palmas de Gran Canaria de 2012 estableció en la ficha API-08 la redacción del Texto Refundido del Plan Especial de Rehabilitación y Reforma Interior de Tamaraceite. El barrio está esperando la redacción de un documento que permita que no desaparezcan edificios históricos, un inventario de edificios y construcciones de reconocido valor, determinando su carácter histórico o cultural, así como la situación actual de su estado de conservación, ocupación, uso, actividad, etc.

La carretera general de Tamaraceite está enmarcada dentro del casco histórico de Tamaraceite, es parte de nuestro patrimonio local y donde antaño, allá por el siglo pasado sin irnos más lejos, giraba la vida del pueblo ahora convertido en barrio. En torno a la carretera general o lo que la gente denominaba «El Paseo» porque era el lugar donde los niños, jóvenes y mayores salían los sábados y domingos a tomar algo, pasear o simplemente a ver a la gente al borde de la acera. Una imagen que no se me olvida es la de la gente sentada con su silla al borde de la carretera «viendo a la gente pasar».

La carretera general de Tamaraceite era un vínculo de unión y un punto de encuentro para la gente del pueblo. Pasaban los coches de hora de cuando en cuando y la mayoría no tenía coche. En los años 50 sólo había tres señores con vehículos: don Francisco Aguilar, don Juan Suárez y los González y los tres eran de la marca Ford. Por ello no quedaba más remedio que hacer vida en Tamaraceite. Era el lugar de reunión para muchos jóvenes con otros que venían de fuera, donde todos esperaban con muchas ganas a que llegase el domingo o el día de fiesta para sacar «la ropa de los domingos» y salir a pasear.

Viviendas vacías, okupadas por indigentes y convertidas en focos de venta de estupefacientes o vertederos y otras están siendo demolidas

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Los límites del «Paseo» eran desde el bar de ‘Vicente el Chico’ hasta el Cruce de San Lorenzo, unos 300 metros aproximadamente. Siempre había algunos, con pareja claro, que arriesgaban a irse un poquito más arriba. Por allí pasaba el «coche de hora» y los «piratas» que unían Las Palmas de Gran Canaria con Arucas y Teror. Los jóvenes y no tan jóvenes de Tamaraceite hacían un pequeño paseo el domingo por la mañana, a la salida de la misa, que iba desde la plaza hasta el almacén de Lela Suárez, allí se hacían fotos en la casa de Juan Suárez, en la granja, donde había una mimosa muy bonita.

Vivienda en estado de abandono en el casco de Tamaraceite Juan Castro

Pero el auténtico paseo era el de la tarde, que empezaba a las cinco o seis después de la salida del cine. Si hacemos una fotografía de aquel paseo podríamos comenzar por el cruce de San Lorenzo, allí donde antes estuvo la farmacia de don Vicente hasta los años 80, había un bar, el de Mariquita Ortega, que tenía unas sombrillitas en la plaza. Enfrente estaba maestro Ulpiano, que era latonero y tenía la latonería encima de la casa de Manzano. Y justo enfrente del cruce, en el local sobre el que vive don Pedro del Rosario, había una zapatería, la de maestro Fernando.

Por la carretera general pasaban los coches de hora de cuando en cuando y en los años 50 sólo había tres señores con vehículos

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Correos y Teléfonos estaban un poquito más abajo, cuando los teléfonos eran de manivela y los números se marcaban a través de la operadora que allí se encontraba. El número uno lo tenía Juan Pérez, el número dos el molino, el número tres la farmacia, etc. La central telefónica estaba abierta incluso sábados y domingos hasta las nueve de la noche. Caminando hacia la plaza estaba la casa de los Benítez, Servando y Paquitina, la casa de Feliciano, Don Fernando Pulido y luego la tienda de Mariquita Serapita y don Félix, practicante y sacamuelas. En el callejón del cine, en lo bajo de la casa de Don Fernando Pulido había un bar que lo tuvo maestro Luciano y también Juan Pérez. Esta casa también ha estado ocupada hasta hace poco tiempo.

En la acera de enfrente y desde la farmacia hacia la plaza estaba el molino de Juan Suárez. Una imagen característica al pasar por allí era las mujeres cosiendo sacos dentro del molino mientras la gente hacía cola esperando por el gofio, ya que incluso venían de otros lugares con su cartilla de racionamiento. A estas dos fotografías de la posguerra hay que unirle el olor a millo tostado que le daba un toque más que pintoresco a este escenario.

Un poco más abajo estaba situada la tienda de Jaime, que luego fue una barbería. Bajando nos encontrábamos con la farmacia de don Paco Arencibia, la casa de los Arencibia y el callejón. Pasando este empinado callejón se encontraba la casa de Manolito Acosta, colindando con el edificio donde estuvo la sede del Ayuntamiento de San Lorenzo y donde ahora está la Casa de la Cultura. Siguiendo por esta misma acera nos podíamos encontrar el «centro comercial» de Juan Pérez: tienda, ferretería, cafetería y bar. Éste tenía también un lugar de reunión donde se encontraban los más pudientes del pueblo: don Vicente Artiles, Peníchet, Aguilar...

Un lugar importante dentro del paseo y en la vida del Tamaraceite de estas décadas fue la Sociedad de Recreo

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Si volvemos a cruzar la carretera y desde el callejón del cine hasta la plaza, al lado de Mariquita Pernía estaba el bar de Horacio, que antes fue una carpintería cuya especialidad eran las cajas de muertos.

Un lugar importante dentro del paseo y en la vida del Tamaraceite de estas décadas fue la Sociedad de Recreo, que también era un punto de encuentro para la gente de la carretera ya que a muchos vecinos de la Montañeta no los dejaban pasar. Los chiquillos se pasaban horas detrás de don Félix, presidente de la Sociedad durante unos años, para que les dejasen entrar y hacer los clásicos «asaltos» o bailes a media tarde.

En la tienda de Mariquita Serapita en la subida del cine se podía comprar embutidos, chorizos, arroz, pan, golosinas, chufas y chochos, A muchos pobres de Tamaraceite los socorrió Mariquita en tiempos de escasez dándoles «fiaos» que en la mayoría de los casos no recuperaba. Los coches de hora hacían su parada en la misma curva, y muchos de los que en ellos viajaban bajaban a comprar los famosos bizcochos lustrados de Doña María Villegas, que estaban hechos de una masa compuesta de la flor de la harina, huevos y azúcar cocida en un horno pequeño y en trozos de distintas formas y no gran tamaño.

Vivienda tapiada en el casco de Tamaraceite Juan Castro

En el muro de Doña María Villegas y en el de Juan Pérez se formaban grandes tertulias, al igual que en el bar de Cristóbal, un poco más abajo, punto este importante de la carretera general por sus olores y por los encantos de Fiíta. En los descansos de los bailes se iba al bar de Cristóbal a comer calamares, vueltas o mero y la copita de anís, sifón, vermut o la clásica cerveza.

Estanque de las gallinas

Llegando a la plaza estaba la casa de don José el médico, enfrente estaba la de Lola Martín y la escuela de Don Santiago y Don Lorenzo. Por debajo de la plaza vivían los Vieras, Bolaños tenía la escuela y en la esquina con la calle Magdalena el bar de Vicente. Desde este punto se oía el croar de las ranas en el «estanque de las gallinas» y se podía oler las retamas de La Herradura.

Viendo a personajes del paseo como a Juan Suárez, sentado en su silla al revés, fumando la cachimba, «Padre Dios», los guardias, los marineros, los chiquillos jugando a las chapas y al fútbol, etc. Si a esto le unimos el olor que desprendían los bares, la música de los bailes en la plaza y en la Sociedad, la bocina del coche de hora, el olor a gofio y a pan que hacen que los que no vivimos esta época nos sea fácil imaginar que la carretera general de Tamaraceite, esa que la están haciendo desaparecer poco a poco, podría ser la inspiración de cualquier película de la época. 

No permitamos que desaparezca nuestro casco histórico. Urge un Plan de Rehabilitación y Regeneración Urbana del Casco Histórico de Tamaraceite, en el que como afirma en un estudio promovido por el propio Ayuntamiento y realizado por el Grupo Muse en 2017 denominado «Rehabilitación y Regeneración Urbana del Casco Histórico de Tamaraceite. Memoria de Diagnóstico Participativo», se deben priorizar intervenciones a medio y corto plazo, tendentes a crear una imagen para el núcleo histórico, recuperar la calidad del espacio público y responder a las necesidades que afectan tanto a residentes como usuarios de servicio, dotaciones, equipamientos y espacios de este centro urbano que, de no ser intervenido, podría quedar absorbido por la vorágine desarrollista y sus demoledoras consecuencias para un espacio tradicional que es especialmente sensible por su emplazamiento y características urbanísticas, su trayectoria histórica y sus valores patrimoniales. Dicho queda y a verlas caer.

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