Entrevista | Pedro Romera Arquitecto

"Las Palmas de Gran Canaria tiene poca vegetación para afrontar el calor"

El cambio climático produce 'islas de calor' en las ciudades, que no están preparadas para el incremento de las temperaturas

El arquitecto especializado en medioambiente propone una movilidad sostenible y la plantación de vegetación para hacer frente a las olas de calor

El arquitecto Pedro Romera en su estudio.

El arquitecto Pedro Romera en su estudio. / José Carlos Guerra

El doctor en Arquitectura y profesor de la ULPGC Pedro Romera está especializado en una arquitectura más sostenible, cercana al paisaje local y que evite el desperdicio. Ante el alza de las temperaturas y las olas de calor a causa del cambio climático, Romera analiza la situación de Las Palmas de Gran Canaria.

¿Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad preparada para el incremento de la temperatura?

Pocas ciudades están preparadas, sin embargo, aquellas que tienen mejor movilidad urbana para sus habitantes, así como, mayor superficie de vegetación por metro cuadrado construido son las que están mejor preparadas para el incremento de la temperatura. Nuestra ciudad está desarrollando el proyecto de la Metroguagua para cambiar y mejorar la movilidad de los habitantes. Tenemos uno de los mayores soleamientos por año, por lo que se debería aumentar la masa vegetal y los espacios públicos con sombra. Las plantas absorben la radiación solar y la transforman, eso hace que no se caliente una superficie. Sin embargo, Las Palmas de Gran Canaria tiene un exceso de superficie pavimentada y poca vegetación.  

¿Qué elementos arquitectónicos consiguen reducir la isla de calor en las ciudades?

Para conseguir un entorno más saludable y sostenible es fundamental la planificación urbana y del parque de vivienda. Es imprescindible ampliar el número y superficie de espacios verdes de las ciudades, tenemos que volver a la tierra, no podemos ser tan cómodos y urbanizar todo, tenemos que permitir que el ecosistema se regenere, que la tierra tenga sus insectos, sus animales, las plantas, los árboles y que haya fotosíntesis. No podemos tener una ciudad pavimentada solo porque sea muy rápida de limpiar. Otro punto es la movilidad. Somos como hormigas que están constantemente moviéndose todas las mañanas, van a trabajar y vuelven en su coche, y no podemos continuar así, es necesario diseñar una red de transporte público para una movilidad eficiente, como la Metroguagua a nivel municipal o el tren a nivel insular. Además de crear un diseño de espacios públicos con parámetros de sostenibilidad y rehabilitación energética.

¿Qué le falta a la capital grancanaria para ser una ciudad medioambientalmente eficiente?

La ciudad tiene elementos medioambientales de mucha calidad, por ejemplo, el litoral que la rodea, tanto en el este con la avenida marítima, como al oeste con la playa de Las Canteras, El Confital y el Istmo, la presencia de La Isleta como muestra del paisaje volcánico que originó la isla o el barranco Guiniguada como futuro pulmón verde. Además, tenemos el aire acondicionado más eficiente del mundo y es de la marca Alisios. Y no lo aprovechamos en la ciudad, ni en el diseño urbano, ni en las viviendas. A pesar de esos elementos, es cierto que hay una serie de cuestiones esenciales que mejorarían el bienestar ambiental de las ciudades como proyectar y construir arquitectura sostenible adaptada al clima subtropical, es decir, húmedo con mucho soleamiento. Es necesario una arquitectura adaptada al lugar, no es lo mismo vivir en un fondo de un barranco, que en la parte mediana o en la alta. No vamos a tener una solución para todo el planeta, pero sí muchas muy pequeñas. Por ello, también fomentamos las estaciones de carga para vehículos eléctricos, como la Electrolinera Disa en Santa Cruz de Tenerife que diseñamos en el estudio. Mejorar la gestión del agua, reciclando y reutilizando, así como la gestión de los residuos y apoyar la agricultura urbana y de cercanía, con la propuesta del huerto urbano y centro cultural del Lasso.

El huerto urbano La Chimenea, en el patio del Colegio Aguadulce, barrio de Arenales.

El huerto urbano La Chimenea, en el patio del Colegio Aguadulce, barrio de Arenales. / ANDRES CRUZ

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¿El cambio climático ha influido en la arquitectura?

Desde el inicio, la arquitectura se ha hecho para un clima determinado según las condiciones climatológicas de cada zona del planeta, utilizando los materiales del lugar. La arquitectura preindustrial generó muy pocos impactos, pero a partir de la Revolución Industrial con la masiva explotación del planeta como fuente de recursos es cuando se inicia el problema del cambio climático. Con el estilo internacional en la arquitectura de la década del siglo XX se proyectaron soluciones de diseño universales ajenas al clima de cada zona, colocando el edificio como una pieza aislada que sirve para cualquier paisaje. El actual cambio climático nos obliga a proponer nuevas soluciones, como por ejemplo el edificio de casas con jardines en Guanarteme, donde encerramos en una parcela acotada entre las calles Pascal, Padre Raymond y Tomas Alva Edison, un ‘resumen’ de la naturaleza. El jardín y la vivienda forman parte consustancial de la arquitectura de la ciudad, no sólo como recinto aislado en el interior de los ‘patios canarios’ sino, también, como ingrediente necesario para formar parte como pulmón del tejido urbano, de las calles y las plazas.

¿El futuro de las ciudades estará condicionado al cambio climático?

La arquitectura se debería comprometer con los problemas del planeta. Antes de la revolución industrial la arquitectura era sostenible. A nadie se le ocurría ir a viajar a China en barco antes del siglo XIX para traer un material, utilizaban los recursos del lugar, era muy eficiente y estaba muy adaptado a la climatología. El movimiento moderno hizo que la arquitectura fuese global, independientemente al lugar y eso generó un daño a nivel planetario enorme, porque se ha abandonado la arquitectura hecha para una zona y adaptada al clima. 

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Entonces, ¿cómo afronta la arquitectura el clima?

Hasta ahora se ha hecho arquitectura que se defiende del clima, es decir, climatiza en frío. Fuera pueden haber 60 grados como en Abu Dhabi, y yo hago la casa acristalada y no tengo ningún problema, porque dentro doy confort quemando energía fósil, generando un impacto altísimo. La arquitectura que se hacía para ese lugar antiguamente eran calles estrechas, con las sombras, con los patios, que era una arquitectura low cost a nivel energético.

¿Estamos volviendo a hacer arquitectura localizada?

Sí, estamos recuperando lo perdido. Antes las casas canarias eran altas y tenían patio, todas tenían ventilación cruzada, daban a una orientación con mucho sol y viento. Orientaban cada hueco de las ventanas según la orientación porque la iluminación y ventilación es distinta, en la zona norte nunca da el sol pero da el viento, al este da el sol por la mañana, desde la mañana a doce del mediodía, al sur da durante todo el día, por lo que las ventanas eran más pequeñas para protegerse. Hoy vemos la soberbia con la que determinados edificios dan el mismo hueco a cuatro orientaciones totalmente distintas.

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Pedro Romera en el estudio Romera Arquitectos.

Pedro Romera en el estudio Romera Arquitectos. / josé carlos guerra

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¿La ciudad necesita un estudio ecológico?

 A mí me gustaría que en las ciudades, en nuestros pueblos, en los barrancos, estudiemos bien el ecosistema, incluso los urbanos. O sea que, ¿por qué no hay calles y barrios que sean ecosistemas? Se puede estudiar que podamos insertar la vegetación, recorridos de aire, plantear pequeños ecosistemas donde de repente puedan volver especies de pájaros y vegetales que hubo en ese sitio y que puedan anidar y viajar a África o Europa. Canarias ha hecho un gran esfuerzo por la protección, tenemos un 56% del territorio protegido y es magnífico. Contamos con muchos parques nacionales de una belleza extraordinaria, pero yo creo que la labor ahora está en centrarse en las ciudades. Hay ejemplos de ciudades que han logrado insertar ecosistemas a los que han envuelto cientos de especies de insectos y de aves.

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¿Canarias está a la cola en cuanto a los cambios arquitectónicos que sean consecuentes con el medioambiente?

Aunque hay países, como siempre, que van muy por delante, sobre todo los del norte, no estamos tan mal como creemos. Nos encontramos en la misma situación que la mayoría de ciudades del mismo tamaño del ámbito nacional. Se está haciendo un gran esfuerzo en el cumplimiento de los objetivos y metas de desarrollo sostenible (ODS). Hay mucho que hacer a nivel mío de arquitectura. El suelo, por ejemplo, se agota demasiado hacemos arquitectura muy extensiva, de dos plantas o tres, y tenemos que subir en altura. El suelo se va agotando, esto es una isla, no vivimos en un continente, incluso en un continente, hay que reducir las infraestructuras urbanas que son más costosas de mantener. Nuestro modelo de planeamiento tiene que ser un urbanismo ecológico, muy compacto. Estudiar muy bien los solares, reduciendo los vacíos, incrementando, minimizando los impactos asociados al transporte a mayor distancia.

¿Qué otros elementos son esenciales para reducir la huella social?

Respecto a la arquitectura, propongo que sea sostenible utilizando los siguientes principios básicos como optimizar la selección del solar, reduciendo la ocupación y minimizando los impactos asociados al transporte, orientar el edificio para maximizar la captación solar, maximizar el uso de la energía renovable, como se propone con el proyecto del Salto de Chira para ser una Ecoisla, minimizar el impacto de los materiales utilizando productos sostenibles o diseñar para crear ambientes interiores saludables.