Educación

Los salesianos cierran un siglo en Canarias

La congregación mantiene sus raíces volcada en la docencia y la atención social

José Antonio Perdigones: «Hemos de afrontar el futuro con el estilo de don Bosco»

Un momento de la eucaristía presidida por el inspector Fernando Miranda Ustero, que tuvo lugar el viernes en la parroquia de Santa Catalina, regida por los salesianos.

Un momento de la eucaristía presidida por el inspector Fernando Miranda Ustero, que tuvo lugar el viernes en la parroquia de Santa Catalina, regida por los salesianos. / La Provincia

Amado Moreno

Amado Moreno

Los salesianos han aprovechado la clausura del centenario de su primer centro en Canarias, abierto un 8 de diciembre de 1923, para mostrar músculo y desafiar el futuro de otros cien años con la fe y el optimismo que exige el mensaje de su fundador, don Bosco, a favor de la educación y la ayuda a los jóvenes, en especial a los más vulnerables por razón de su precariedad social.

La confianza de la dirección salesiana en potenciar los valores que han guiado su actuación en el Archipiélago durante este primer siglo es enunciada sin ignorar el desplome de las vocaciones que han padecido y padecen, al igual que otras comunidades religiosas, además de las diócesis de todos los territorios, motivo por el que el papa Francisco reclamó recientemente la presencia de los obispos españoles para una reunión en Roma. Para enfrentar la dificultad, los salesianos sustentan su confianza en una eficaz red de cooperadores y cooperadoras, que han multiplicado en todas las latitudes de sus asentamientos, de modo que han conseguido mitigar el déficit de clero en muchas de ellas.

La clausura del centenario en el colegio de Ciudad Jardín de la capital grancanaria en la noche del viernes sirvió a los principales dirigentes no sólo para realzar la efeméride, sino también para evocar la tarea preferente con que nació la congregación inspirada por su fundador.

José Antonio Perdigones Bautista, director, enfatizó durante su intervención en la cena multitudinaria, celebrada en el patio del colegio, que corresponde a las nuevas generaciones el protagonismo y “aunque añoramos el pasado, toca vivir el presente y planificar el futuro. Es el reto que hemos de afrontar en familia con el pegamento del carisma salesiano y el estilo de don Bosco. Nos hemos comprometido a seguir escribiendo la historia del segundo centenario”, sentenció.

En la concelebración eucarística por varios sacerdotes oficiada con anterioridad en la parroquia de Santa Catalina, anexa al colegio, Fernando Miranda Ustero, Provincial de la Inspectoría Salesiana María Auxiliadora, con sede en Sevilla, abundó en su homilía en el papel educativo de la comunidad, centrándose en la formación profesional de la juventud a lo largo de más de un siglo, después de resaltar la Inmaculada como festividad de la jornada.

La cena de gala propiciaría escuchar y distinguir con un obsequio a Sor Rosario Ten, inspectora provincial de las Salesianas de España, que estaba acompañada de representantes de todos los centros gestionados en Gran Canaria por las hijas de María Auxiliadora. Otro detalle, consistente en un reloj con la silueta geográfica de Gran Canaria, fue entregado a Fernando Miranda en la velada gastronómica.

La Agrupación Parranda agüimense del Ejido, liderada por Juan Olivares, animaría la misma cita con los invitados hasta muy avanzada la noche.

Labor docente y social

La clausura del centenario de los salesianos en Canarias sugiere enfocar su realidad al día de hoy, un siglo después de su arribada a Gran Canaria, precedida por la iniciativa y esfuerzos del obispo Cueto en 1898, diez años más tarde del fallecimiento de don Bosco. El prelado emprende la gestión a través de los salesianos de Sarriá y la continúa luego con los de Sevilla antes de comunicarse directamente con Turín, sede del mando general de la comunidad religiosa. El eclesiástico insular actuó entonces respaldado por el ayuntamiento de la capital grancanaria y una asociación de cooperadores, mas el concurso posterior y decisivo de Alejandro Hidalgo, Santiago Ascanio y la esposa de éste, Rafaela Manrique de Lara, para acabar adquiriendo la sede de Ciudad Jardín.

En palabras de José Carmelo Pulido Morales, salesiano y director del centro al inicio del programa centenario en enero pasado, la trayectoria descrita por la comunidad en este largo periodo ha permitido consolidar “una realidad educativa, religiosa y social comprometida con la sociedad canaria”. A los datos remite. El colegio cuenta con 1.300 alumnos. Curiosamente los dos primeros matriculados en 1923 eran dos niños del Puerto de La Luz que habían quedado huérfanos en el curso de una horrible epidemia de gripe durante la que perdieron a sus progenitores. En respuesta a una información de LA PROVINCIA sobre su drama (publicada el 22-XI-1923), los salesianos recién llegados acordaron acoger gratuitamente a ambos menores para su cuidado y educación.

La congregación funciona además en la capital grancanaria con dos parroquias (Santa Catalina y María Auxiliadora), un centro juvenil y la Fundación Don Bosco, destinada a la promoción de los jóvenes en situación de desigualdad social, a la vez que atiende a otros grupos en condiciones de vulnerabilidad como los migrantes, mujeres, desempleados y personas con adicciones.

La implantación del primer centro de los salesianos hace un siglo incentivó el nacimiento de bastantes otros (sumando cinco de las Hijas de María Auxiliadora), tanto en Gran Canaria como en Tenerife, donde afianzaron sus raíces, pese a la progresiva crisis vocacional y al cierre de sus aulas en Guía de Gran Canaria (1955-1971) y Teror (1955-1968). Cierres que merecieron calificarse de penosos, tras unas etapas verdaderamente fecundas en el campo de la enseñanza. El centro guiense produjo incluso dos salesianos misioneros: Gilberto González Díaz (Guía de Gran Canaria, 1945) destinado a Paraguay, donde aún sigue después de su jubilación, y Lucas Camino Navarro (Tejeda, 1948) que desplegó su labor durante treinta años en Senegal, Togo y Burkina Faso. Hoy ejerce en Málaga y apoya la parroquia de María Auxiliadora en Ronda.

Ambos colegios sufrieron en común los desencuentros entre el episcopado de la época y las reivindicaciones de la congregación, con ansias de mayor libertad y autonomía en su gestión educativa y religiosa frente a límites restrictivos de la diócesis. Tal circunstancia no fue la menor, entre otras, para frustrar la continuidad de los mismos en manos de los seguidores de don Bosco. El inmueble de Guía, de singular arquitectura, cedido temporalmente por el obispado al Cabildo, va camino de transformarse en residencia sociosanitaria, y el de Teror es casa consistorial de la villa mariana.

No obstante el descenso reconocido de vocaciones en distintos ámbitos, en el diocesano y en las órdenes religiosas, “el espíritu de don Bosco está más actual y vivo que nunca en las casas salesianas”, declaraba en mayo de este año a LA PROVINCIA-Diario de Las Palmas, Ángel Fernández Artime, rector mayor de la congregación, asturiano de Luanco, consagrado cardenal por el papa Francisco meses después.

Una manifestación, la suya anterior, en coherencia con los objetivos y la literalidad del texto con que el fundador, junto a dieciocho jóvenes, constituyó su congregación una fría tarde del invernal diciembre turinés en 1859. Suscribió la puesta en marcha de su movimiento “con el deseo y el mismo espíritu de promover y conservar el espíritu de auténtica caridad en la obra de los Oratorios a favor de la juventud abandonada y en peligro (…), determinan erigirse en sociedad o congregación”. Hoy persisten con la novedad de integrar más que ayer a laicos y laicas como enorme fortaleza para ayudar “a un mundo falto de justicia real, solidaridad y paz”, como se encargó de añadir y subrayar también Fernández Artime en Las Palmas con motivo del siglo presencial de los salesianos en Canarias.

El impulsor, Juan Bosco, sería canonizado por el papa Pío XI en 1934. Por su parte, Juan Pablo II le concedió el título de “padre, maestro y amigo de los jóvenes”. Y otro, Francisco, el papa actual, admirador del sacerdote turinés, alardea con frecuencia públicamente de su educación salesiana en Argentina, antes de ingresar en la orden de los jesuitas.