Una vida de vocación, honor y deber

José Santana Miranda, criado en Tafira, pasó sus primeros años destinado en el País Vasco

Desde hace más de quince años se encarga de los recién llegados al cuerpo

Santana Miranda el pasado viernes, a una semana de jubilarse, en la Comandancia de la Guardia Civil de Las Palmas. | | JUAN CASTRO

Santana Miranda el pasado viernes, a una semana de jubilarse, en la Comandancia de la Guardia Civil de Las Palmas. | | JUAN CASTRO / Carlos Santana Beltrán

Carlos Santana Beltrán

José Santana Miranda ingresó en la Guardia Civil el 1 de marzo de 1978. Tras más de 45 años de vocación y servicio el próximo viernes 15 de diciembre dejará el cuerpo para disfrutar de una más que merecida jubilación. Un cambio de vida que afronta con cierto vértigo pero que tiene claro que no supondrá un adiós definitivo del Instituto Armado, al que lleva vinculado desde su infancia.

Desde su infancia, allá por la década de los 50 y 60, José Santana Miranda siempre tuvo como referente a la Guardia Civil, a través de su padre miembro cuerpo. Fue en esos primeros años, en su casa familiar de Tafira, cuando tuvo claro que su destino estaba ligado a la Benemérita, que ser guardia civil era su auténtica vocación. Un sueño que cumplió el 1 de marzo de 1978 cuando ingresó en el cuerpo y que ahora, más de 45 años después, llega a su fin. El próximo viernes 15 de diciembre se jubila. «La Guardia Civil es mi vida, mi todo. Me da un poco de vértigo porque supone muchos cambios. Llevo meses durmiendo mal, y eso que soy de tumbarme en la cama y dormir sobre la marcha. No se cómo será el futuro, sí que no me voy a desvincular del todo porque tengo a mis amigos y mi vida aquí», explica.

Sus primeros pasos dentro del cuerpo los dio en el País Vasco, a finales de la década de los 70, en los años más duros de la banda terrorista ETA. «Éramos un grupo de canarios en la Academia en Úbeda, en Jaén. Vimos unos incidentes muy graves en Pamplona y pedimos ir destinados al País Vasco. Cuatro años estuve allí», rememora. En ese tiempo, sufrió un atentado perpetrado a unos 100 metros de su cuartel.

«No nos afectó directamente. Recuerdo salir a la calle con un pijama verde, que me había regalado mi madre, unas botas de goma, una metralleta en la mano y los cargadores en la otra. Era una época de pleno apogeo de ETA, con atentados todos los días», subraya. Al mes de estar allí uno de sus compañeros de habitación, Ángel Pacheco Pata, de 20 años, era asesinado a tiros por los terroristas. Algo que aún recuerda.

Con su nieto y el banderín de la Guardia Civil el pasado 12 de octubre.  | | LP/DLP

Con su nieto y el banderín de la Guardia Civil el pasado 12 de octubre. | | LP/DLP / Carlos Santana Beltrán

«Cuesta mucho recuperarse de algo así. Son muchas noches sin dormir llenas de rabia. Se supera con el tiempo. Yo por lo menos vine a las Islas sin secuelas. Al principio iba por la calle y sentía pasos detrás mía, estaba siempre controlando o acechando, mirando los reflejos en los escaparates o revisando el coche antes de subirme. Es lo que se te quedaba cuando volvías de allí», explica.

Tras ese primer destino Miranda, como es conocido por sus compañeros y amigos, volvía a su Isla de la que ya no volvió a salir y donde ha desarrollado gran parte de su carrera profesional en el Instituto Armado.

«Cada vez hay una mayor presencia de mujeres en la Guardia Civil, por fin. Son piezas fundamentales», alega

«Primero estuve en el Núcleo de Reserva y ocupé varias destinos. He estado en la Sección de Intervención Rápida (SIR), de escolta de un coronel que estuvo aquí, ascendió y se marchó y muchas tareas de orden público. He sido un poco el chico comodín», detalla. Durante los últimos quince años se ha encargado de las nuevas incorporaciones. Les informa de los requisitos y de los méritos que tienen que tener, organiza los exámenes o se encarga de la llegada del tribunal desde Madrid, entre otras funciones. Desde este papel ha visto en primera persona y de tú a tú los cambios dentro de la propia Guardia Civil acordes con los avances de la sociedad española y, particularmente canaria, de los últimos cuarenta años.

«Antiguamente se tenía vocación y un espíritu de sacrificio muy grande. Ahora, además llega gente mucho más cualificada y preparada. Son circunstancias diferentes. Por fin hay cada vez una mayor presencia de mujeres en la Guardia Civil, cada vez se nota más. Son piezas fundamentales en la Benemérita y el futuro», comenta.

José Santana Miranda con la placa que le regalaron sus compañeros tras años como instructor de tiro.  | | LP/DLP

José Santana Miranda con la placa que le regalaron sus compañeros tras años como instructor de tiro. | | LP/DLP / Carlos Santana Beltrán

De los momentos que más le han marcado en estos más de 45 años en la Guardia Civil fue el que desencadenó el accidente del vuelo de Spanair JK5022 el 20 de agosto de 2008.

«Tuvimos que atender y volcarnos con la gente de aquí. Perdimos a una compañera nuestra, fue algo duro», apunta con el rostro serio. También destaca la crisis migratoria que están viviendo las Islas, y el esfuerzo titánico que están haciendo sus compañeros, como otro de los momentos que le han marcado.

«La Guardia Civil es mi vida. No se cómo será el futuro, sí que no me voy a desvincular del todo», afirma

Ahora sus horas las llenará su nieto de tres años, el gimnasio, la fotografía y el montañismo. También promete seguir haciendo rutas de senderismo para hacer con sus compañeros de la Comandancia de la Guardia Civil de Las Palmas y en todo lo que pueda participar y ayudar.

«Voy a ser el jubilado más fuerte del gimnasio», afirma entre risas. Sí tiene claro que sus horas estará hipotecadas para su nieto. «Esa es mi meta», sentencia.