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Bowie, Darín, niños malignos, un falsificador y mucho más

Este viernes a las salas de cine 'Moonage daydream', 'La consagración de la primavera', 'Argentina, 1985', 'The innocents', 'Corazones valientes' y 'Oswald, el falsificador'

Fotograma del documental ’Moonage daydream’, de Brett Morgen.

'Moonage Daydream', de Brett Morgen ★★★★★

¡Bowie, Bowie, Bowie!

¿Cómo captar en un solo documental a una figura tan inaprensible, y tan asociada a los constantes cambios de personalidad, forma y género, a la experimentación personal y creativa y a la trasgresión de límites como David Bowie? Incluso más que su estupenda no-ficción sobre Kurt Cobain, ‘Cobain: Montage of heck’ (2015), la nueva película de Brett Morgen desecha el enfoque factual en pos de una mirada impresionista; no es una biografía sino un enorme collage de fragmentos de películas, apariciones televisivas y conciertos, pinturas, dibujos, fotografías, vídeos musicales, sesiones fotográficas, piezas de animación, campañas publicitarias y, por supuesto, docenas de canciones extraordinarias reproducidas a todo volumen.

Puede que su desinterés por la claridad expositiva descoloque a sus espectadores menos motivados, pero sin duda su posicionamiento heterodoxo se antoja como el más respetuoso a un artista inexplicable que, decimos, siempre se mostró voluble y sometido a la reinvención. Aunque Morgen da la espalda a las facetas menos amables de su homenajeado -su adicción a las drogas en los 70, sus coqueteos con la iconografia nazi-, eso no le impide ofrecer un retrato poliédrico del hombre falible a menudo oculto tras una criatura alienígena mientras nos envuelve con un ciclón de imágenes y sonidos. ‘Moonage daydream’ tiene potencial para convertir en fans de Bowie a quienes aún no lo son, y para hacer alcanzar el éxtasis al resto de nosotros. Nando Salvà

'La consagración de la primavera', de Fernando Franco ★★★★

Rigor, respeto y verdad

Comentaba el director Fernando Franco tras la presentación de su película en el festival de San Sebastián que era consciente, por el tema elegido, la sexualidad en un joven con parálisis cerebral, de que se estaba metiendo en un jardín y por eso era fundamental ser riguroso y respetuoso. Ha cumplido con creces. A ‘La consagración de la primavera’ no le faltan respeto y rigor al encarar una relación tan compleja como la que establecen Laura, una joven que se instala en un colegio mayor de Madrid mientras realiza sus estudios universitarios, y David, un chico con parálisis cerebral de quien se convierte en amiga. La película fluye a partir de un estilo atento al más pequeño de los detalles –las escenas de ambos tumbados en la cama escuchando las canciones que selecciona David son preciosas– y ese rigor casi documental que buscaba Franco desde el primer momento con la complicidad de Telmo Irureta, el actor protagonista, quien padece parálisis cerebral.

Todo en el filme emana una considerable verdad –véanse las primeras conversaciones entre la aún desorientada Laura y la madre de David, encarnada por Emma Suárez–, y verdad es un término esencial para que una película de estas características funcione sin alardear de tesis ni nada similar. Franco nos muestra la historia dejando el espacio suficiente para que el espectador reflexione sobre los hechos, dudas y emociones mostradas. Quim Casas

'Argentina, 1985', de Santiago Mitre ★★★

Una fórmula eficazmente aplicada

Para recrear el proceso judicial contra las juntas militares que cometieron innumerables atrocidades mientras gobernaban Argentina entre 1976 y 1983, la nueva película de Santiago Mitre se centra tanto en la persona del fiscal Julio César Strassera -magníficamente encarnado por Ricardo Darín- como en el equipo de jóvenes letrados cuya búsqueda de justicia se topó con la resistencia de un país que aún mantenía demasiados vínculos con su terrible pasado. Y en el proceso maneja sin reparos todas las convenciones narrativas propias del melodrama judicial prototípico: héroes reticentes dispuestos a todo en pos de la verdad, testimonios estremecedores, loas al trabajo en equipo, sucesivos reveses procesales, villanos perfectamente delineados, discursos finales catárticos y abundancia de subrayados musicales en la banda sonora, entre otras. 

En cualquier caso, ‘Argentina, 1985’ se las arregla para no resultar insensible u oportunista, sobre todo gracias a la pericia que exhibe a la hora de combinar jerga burocrática con momentos de domesticidad familiar y escenas emocionalmente desgarradoras con dosis inesperadas de humor. Y de ese modo logra funcionar con rotunda eficacia como reflexión sobre la perseverancia y la valentía necesarias para lograr la justicia, y como demostración irrefutable de que enjuiciar a aquellos líderes que han cometido crímenes no solo es posible sino una obligación moral, y algo necesario para sanar las heridas de un país. N. S.

'The innocents', de Eskil Vogt ★★★★

Maldad infantil en estado puro

Eskil Vogt seguramente sea más conocido por escribir los guiones de Joachim Trier, desde ‘Olso, 31 de agosto’ hasta ‘La peor persona del mundo’, por el que fue nominado al Oscar, pero también es el responsable de una de pieza de terror sobresaliente como es ‘The innocents’, una de esas películas que exceden los límites del mal rollo a la hora de abordar la maldad infantil en su estado más puro utilizando para ello las herramientas del cine fantástico. El director puede que se nutra de muchas influencias, pero lo cierto es que configura un universo único, tanto a través de los espacios (un entorno residencial nórdico), como en la relación que se establece entre los cuatro niños protagonistas (una de ellas tiene autismo), marcada por los poderes telepáticos y la dicotomía entre el bien y el mal.

‘The innocents’ es una película de cadencia fría, tensa y absorbente en la que la planificación milimétrica de la puesta en escena adquiere una importancia fundamental a la hora de crear una atmósfera de terror sobrenatural dentro de la cotidianeidad. En realidad, podría ser una variación del cine de superhéroes (en una vertiente silenciosa y mental perturbadora), pero desde una perspectiva incómoda y malsana que se va desplegando sin piedad, adentrándonos en espacios oscuros de una crueldad devastadora.

Una pesadilla a la luz del día, un cuento tenebroso sobre la infancia y su toma de conciencia moral que, de forma subrepticia y ambigua, también habla sobre las clases sociales en la Europa del norte, del racismo (arios ricos y racializados pobres) a través de un despliegue observacional que bascula entre el misterio y el abismo. Beatriz Martínez

'Corazones valientes', de Mona Achache ★★

Seis niños y un castillo

Buena parte de la acción de ‘Corazones valientes’ acontece en un enorme y bello castillo francés, el de Chambord, situado en el Loira, de arquitectura que mezcla estilos renacentistas franceses e italianos. Un lugar ideal para ambientar una película en la que unos personajes deben esconderse de otros, pasar desapercibidos entre sus grandes estancias, columnas, escaleras, balaustradas y torreones. El castillo es un personaje más en esta película que relata la huida de seis niños judíos en la Francia ocupada de 1942. Una conservadora de arte logra esconderlos en el lugar, ahora abandonado, receptáculo de las pinturas que se han conseguido salvar del Louvre, pero los nazis codician esas obras, sobre todo las que pertenecían a adineradas familias judías, y se presentan en el castillo para llevárselas.

Este peculiar juego de gato y el ratón dura buena parte del metraje, hasta que el castillo ya no es un lugar seguro y conviene buscar otros escondrijos. El filme empieza a flaquear entonces, cuando los personajes ya no dan mucho más de sí y aparecen algunos efectos en exceso melodramáticos, en torno al forzado aprendizaje de estos niños y niñas, sin padres, sin casa, sin infancia, en una situación límite como la que deben vivir. Q. C. 

'Oswald, el falsificador', de Kike Maíllo ★★★

Retrato de un impostor

Hacer una película sobre un falsificador es una idea muy atractiva, ¿no?, le comenta un tasador de arte al propio Kike Maíllo, pensando quizás en un clásico de esta modalidad, ‘Fraude’ (1973) de Orson Welles, en torno al falsificador de cuadros Elmyr de Hory y su mentiroso biógrafo, Clifford Irving. Esta atracción novelesca por la figura del artista que se dedica a copiar obras de los otros y venderlas por muchísimo dinero está implícita en la historia trazada por Maíllo en torno a otro falsificador ‘ilustre’, Oswald Aulestia Bach, que trajo de cabeza durante años al FBI y a las policías catalana e italiana.

Todo empieza, por lo que respecta al trabajo de Maíllo, con el descubrimiento azaroso de la falsificación de un cuadro de Modigliani realizada por el tal Oswald en una tablilla de madera y las noticias que empezaron a circular por la prensa en 2018 hablando de su caso. A partir de aquí, estirar el hilo a base de entrevistas –con el propio impostor, que se jacta de serlo, la exesposa, hermanos, expertos en arte– y material de archivo, para sacar a la luz una de las mayores tramas de falsificación de pinturas. Maíllo aparece constantemente para certificar la verdad de su trabajo, pero el procedimiento del filme nos acerca por momentos a las técnicas del falso documental, dejándonos más intrigados aún por el personaje y la historia de lo que lo estábamos antes de ver el filme. Q. C.

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