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A divinis

El Papa y 'la asignatura'

P ermanece demasiado endiablado el debate sobre la asignatura de Religión como para atrevernos a sugerir, incluso, que se pregunte al "padre de la rapaza", es decir, si a las familias que han decidido que sus hijos cursen esa materia les parecería bien que supieran el Padrenuestro, o aprobarían el hecho de que la asignatura sea evaluable, o les complacería que no sólo se tratara de un mero conocimiento de datos históricos, sino de un instrumental vivo y muy práctico para moverse moralmente en la vida. Es terreno pantanoso, pero nos atrevemos a decir que las tres respuestas serían afirmativas y ello contando con que puede haber personas que adoren entonar mantras tibetanos u otras devociones orientales y, por el contrario, les parezca antiguo rezar el citado Padrenuestro o escuchar el Magníficat. Y del Rosario, que se basa en la misma técnica de repetición que los mantras, ya no decimos nada. Así que todo está muy liado, pero aún lo liará más el que diga que está clara -o debe estarlo, sin paliativos- la barrera entre el conocimiento de una religión y el deseo de que ésta sea norma de la acción. En este sentido, se ha producido un repliegue eclesial al calor de la extendida neutralidad laica. Y poner objeciones a ésta parece un sacrilegio civil. Por último, traemos a colación lo que el diputado Pere Macías (CiU) declaró el otro día en el Congreso acerca del nuevo temario de la asignatura: "Es una visión anticuada de la Religión, pero el papa Francisco dice cosas como que pagar salarios en negro constituye un pecado gravísimo; soy cristiano y este mundo está cambiando, incluso el Papa, la Religión católica, los cristianos, estamos cambiando". Son palabras un tanto confusas, pues apela a un hombre, Francisco, muy moderno, pero de clara religiosidad clásica y que, sobre todo, no crea departamentos estancos entre conocimiento y vida.

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