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Surgido de una bella historia de amor

Quegles: un magnífico edificio modernista

El pasado viernes el Ayuntamiento, después de recuperar el edificio que hace unos años había cedido al l Gobierno autónomo, inauguró el palacete Rodríguez Quegles como nuevo centro cultural municipal dedicado a actividades de cine, música, danza y talleres, en cuyo interior se alojaran las sedes del Festival de Cine, la Sociedad Filarmónica y el llamado proyecto CreActiva.

A propósito invitamos al lector a contemplar, cuando quiera, uno de los edificios mas emblemáticos de Las Palmas de Gran Canaria, si se pasea por la calle Pérez Galdós y se para en el que hace esquina a la calle Perdomo y que este año se cumplen 115 de su construcción. Se trata de un soberbio edificio estilo modernista en cuya génesis hay, según ha llegado hasta nosotros, una hermosa historia de amor que conocerán de inmediato, para resumirles luego brevemente la propia historia de esta mansión.

Este edificio inició su construcción en 1900 por encargo por don Domingo Rodríguez Quegles, que fue el primogénito del majorero emigrante a América desde su Tetir natal, don Juan Rodríguez González y de su esposa y prima hermana doña Juana Quegles González. Su padre había emigrado a Puerto Rico donde hizo fortuna y de regreso a la Isla puso en marcha una banca que llevó su nombre hasta hace escasas décadas, antes de su absorción por el Banco Central, que cambió de nombre por el de Banco de Canarias. y fue hermano de otro Rodríguez Quegles, don Juan, también conocido, por haber sustituido a su padre a la muerte de éste en la organización bancaria y haber puesto en marcha los Depósitos comerciales, además de otras iniciativas comerciales y mercantiles.

El promotor de esta majestuosa mansión que hoy historiamos había nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1863 y se dedicó, ya de mayor, también a la banca y al comercio, amén de intervenir en la política local de su tiempo como miembro del partido 'Leonista'. Fue concejal del Ayuntamiento de esta ciudad, consejero del Cabildo de la Isla y presidente del Círculo Mercantil. Celebró matrimonio el 27 de febrero de 1893 con doña María Teresa González Díaz, diez años más joven que él, como hija de don Manuel González Castellano, natural de Arucas y de doña Isabel Díaz de Aguilar. Los casó en la parroquia de San Telmo, a la que pertenecía la novia por vivir en la calle Pérez Galdós, el cura de Guía don Antonio Artiles, con licencia del titular de la misma don Miguel Domínguez Suárez, y fueron padrinos de la ceremonia el hermano del contrayente, don Juan, y la madre de ella, doña Isabel.

¿Cual fue la razón de esta construcción? Lo explicamos: don Domingo era novio de doña Teresa González, que moraba en la casa número 6 de la calle Pérez Galdós haciendo esquina con la de Perdomo, la misma donde en 1923 se estableció el convento franciscano de San Antonio de Padua. Esta casa, tal y como era en la época de la boda de don Domingo, se mantuvo en pie hasta 1950 en que se construyó la actual iglesia y morada conventual y así la conocimos por razones que no vienen al caso. A propósito de este convento muchos lectores ignoran, seguro, que la imagen en piedra del San Antonio que figura en el frontis de la iglesia franciscana es una de las primeras obras de Martín Chirino, y fuimos testigos de cómo el escultor la iba modelando, en un traspatio que tenía la casa.

Se preguntarán, ¿cual es esa bonita historia de amor a que nos hemos referido? Don Domingo Rodríguez Quegles, siendo novio de doña María Teresa González, próxima la boda y en presencia de su madre, en un impetuoso impulso amoroso, le prometió a la joven que le iba a construir la casa "más bonita y suntuosa" de Las Palmas para que viviera como una reina y permaneciera cerca de su progenitora, ya viuda. Y, en efecto, levantó en el amplio solar que había formado parte de la huerta del convento de la Concepción de las monjas bernardas este soberbio edificio que tiene las siguientes fechas respecto al germen del proyecto y el posible final de su construcción, según los datos que nos aporta el expediente municipal consultado, obrante en el Archivo Histórico Provincial.

En agosto de 1900, el arquitecto madrileño Mariano Belmás presenta en el Ayuntamiento Memoria y planos del proyecto -en realidad, un solo plano al estilo de la época- señalando que será de planta baja y piso principal, "con cantería en zócalos, mampostería al uso del país y piedra natural y artificial en fachadas y muros", siendo cierto que se trajeron mármoles de Carrara, vidrieras de Francia y maderas nobles de Cuba y de Guinea. Junto a la memoria, el propio don Domingo adjunta la instancia de solicitud de obra nueva manifestando como su domicilio la citada casa número 6 de la propia calle Pérez Galdós, suponiendo nosotros que había puesto el de su novia, pues era cercano el matrimonio.

Debe advertirse que creo que erróneamente se ha atribuido al arquitecto canario de la época Fernando Navarro la autoría de estos planos, cuando en realidad lo único que hizo éste fue diseñar el trazado de la verja exterior de las calles Pérez Galdós-Perdomo y adaptar e introducir algunas pequeñas modificaciones en el proyecto original de Belmás, como el aumento de la figuración de la fachada y una altura superior en la planta del mirador, pero respetando íntegramente la concepción arquitectónica y artística del arquitecto madrileño a quien, curiosamente, don Domingo le adorna con el tratamiento de Excelentísimo, y es lo cierto que se trataba de uno de los más prestigiosos proyectistas de su época en la capital del reino. El propio Fernando Navarro, en calidad de arquitecto municipal da el visto bueno al proyecto dos meses después, aunque sugiriendo al Ayuntamiento la necesidad de que el edificio esté rodeado con una verja.

Por la residencia de Belmás en Madrid, pues allí está firmado el proyecto, y la supuesta recíproca amistad, don Domingo encarga al propio Navarro el diseño de la verja, cuyos planos se someten a aprobación siete meses después, en mayo de 1901, y también reciben el visto bueno de la oficina técnica, ahora rubricado por el igualmente arquitecto municipal Laureano Arroyo, al considerar Navarro la falta de ética que sería que la aprobación llevara su firma.

Las obras se iniciaron en junio del mismo 1901 con un costo que rondaba las 500.000 pesetas de la época, pues en esta fecha Rodríguez Quegles abona en concepto derechos de licencia la cantidad de 223 pesetas, advirtiendo el Ayuntamiento que si los materiales ocuparan, en algún momento, la vía pública tendría que abonar los derechos correspondientes. Nada sabemos de la fecha de la conclusión de la soberbia obra, pero es de suponer que su construcción consumiera varios años. Es posible que en febrero de 1903, fecha de la celebración de la boda, estuviera ya terminado o, quién sabe, si se retrasara algunos años después de celebrada aquella, dada la envergadura de la obra y los rudimentarios recursos técnicos de la época.

El resto de la historia pertenece a nuestro tiempo y es de todos conocida. El edificio sufrió con el paso de los años el lógico deterioro, sobre todo porque un palacete de estas características requería mucho servicio doméstico que, con el correr del tiempo y de las circunstancias hacía imposible de sostener. Los herederos propusieron la compra al Ayuntamiento en 1972, quien lo destinó luego como instalaciones del Conservatorio de Música y más tarde, por cesión al Gobierno de Canarias, como sede de la Consejería de Cultura y Deportes, que en 1992 realizó obras de reforma, embellecimiento y recuperación de materiales nobles ocultos hasta la fecha y que le devolvieron, si cabe, el esplendor que tuvo uno de los mejores edificios con que cuenta esta ciudad desde el inicio del siglo XX, considerado como un soberbio palacio modernista que honra nuestra ciudad.

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