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El análisis

Trasuntos del Estado islámico

El autoproclamado Estado Islámico no deja de sorprender por su crueldad. Decapita y quema vivos a los rehenes, tira desde las azoteas a homosexuales, lapida a las mujeres porque no van amortajadas en vida y ahora se dedica a demoler el pasado milenario. Contemplamos horrorizados la vuelta a la Edad Media, en la que el mundo occidental se comportaba igual de salvaje y despiadado en Europa y en América, y lo vemos como algo ajeno y ya superado en nuestro entorno. Calificamos esos comportamientos como atentados contra la humanidad. Pero hay que recordar que el holocausto judío, los gulags y las fosas comunes que aún están por abrir en nuestro país no fueron obra del yihadismo. Aún no hace 100 años que sucedieron y la extrema derecha está cada vez más pujante.

Sin tener que recurrir a la Edad Media o al siglo XX, hay trasuntos o retazos del Estado Islámico que vemos plasmados en nuestros Estados y sociedades, ¡tan democráticos, tan civilizadas! Policías en Estados Unidos con gatillo ligero para masacrar a negros e hispanos, sin que ni siquiera se les aparte del cuerpo. Inmigrantes a los que se les impide llegar a la orilla a balazos de goma y mueren, mientras el Gobierno justifica la acción y el representante de la Guardia Civil, sin turbante ni chilaba, afirma que no les iban a rechazar en la playa tirándoles caramelos. Con estos argumentos es sorprendente que no se reciba del mismo modo a los que llegan en patera. La Liga Norte en Italia, gobernando con Berlusconi, proponía que la Marina hundiese las embarcaciones de inmigrantes.

Cuando un escuadrón de la Policía Nacional, protegido y armado como si fuese a detener a una banda criminal, revienta con la maza una puerta para ejecutar el desahucio de unas personas indefensas, con niños aún más indefensos, y las arrastran sin contemplaciones a la calle, eso también es un atentado contra la humanidad. Lo es también la violencia de género, que defenestra a mujeres o las quema con ácido por no someterse a los dictados del que se cree su amo.

El mayor patrimonio de la humanidad son las personas. Cuando el Estado con su acción u omisión permite hechos como los descritos, retazos de la barbarie del Estado Islámico y de su sociedad aparecen reflejados en nosotros. La demolición del patrimonio de la humanidad no consiste sólo en derribar fanáticamente estatuas milenarias para convertirlas en cascotes. Todo empieza cuando sin miramientos se reduce a escombros la vida o la dignidad de algunas personas y los demás no hacemos nada.

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