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Calafateando

Acoso y derribo... cainita

El comienzo de este comentario que someto a los amigos que me siguen fue concebido cuando en una sorprendente declaración parte de los barones del PSOE daban a Pedro Sánchez un ultimátum de no recuerdo cuántos días de plazo para que se retractara de su intención de posponer a después de mayo el congreso ordinario del partido. La cantinela de los contrarios al secretario general era "el congreso, cuando toca". Sánchez es partidario de aplazarlo ante la hipotética repetición de los comicios si no fuera posible por alguno de los partidos mayoritarios formar gobierno. De gran coalición según la preferencia de Rajoy, cosa que rechaza de plano el socialista. En tiempos de turbación no hacer mudanza, que diría Santa Teresa.

Los máximos responsables, los llamados barones, parecen estar inoculados hasta el tuétano de una ponzoña cainita, embreando una a una la varia conciencia de clase para cubrirla y opacarla ante cualquier intento de fuerza del "aparato". El acoso y derribo sin embargo parece aparcado, de momento. Si la credibilidad de esta formación se halla hoy en situación más que preocupante por errores cometidos y la lucha interna dirimida en pública almoneda, terminará por ahuyentar a los seguidores incondicionales, no votando a un PSOE cada vez más lastimosamente no creíble. Y lo peor de todo es la tendencia, que sigue a la baja. Nunca había yo visto algo igual a lo sucedido con los barones territoriales, Fernández Vara y García-Page, encabezados por la baronesa Susana Díaz y su cada vez más explícita intención de liderar el partido. Son maestros en desestabilizar a su propia organización en el peor momento posible.

En los inicios del actual sistema político el PSOE era mucho más democrático que lo es ahora. Todo se discutía en asambleas; se les indicaba a los cargos institucionales la línea de sus actuaciones, sometiéndose a las mismas el resultado. Es evidente que todo aquello les resultaba a los cargos un engorro, razón por la que poco a poco se dieron en ir "afeitando" en los Estatutos del partido tanta democracia interna, cada vez que tocaba un congreso. Luego le daría al "aparato" por dar entrada a los simpatizantes, de suerte que ya no quedaban militantes; todos pasaron a ser "simpatizantes" pagaran o no la cuota mensual. Hoy el militante no cuenta para casi nada, laminado, hecho trizas. Se cargaron pues aquella militancia y quedó como invitada de piedra. No se trata del asamblearismo puro donde todo se decide mano alzada, lo que se echa de menos. Pero sí que el militante cuente para algo más que pegar carteles y hacer los mandados.

Para todo esto se creó una corriente de opinión demonizando aquella sana democracia interna con la expresión "asamblearios" y todo el mundo tragó. A partir de ese momento un partido que había nacido para luchar por las desigualdades y abusos de las clases opulentas, mitigando la miseria que desencadenaba, se ha convertido en un aparato de ambiciones personales. A ello se une que la ideología ya no es lo importante. Así le va al PSOE. Para comprender qué es asamblearios, basta lo sucedido con la CUP en su negativa de investir president a Artur Mas. Los anticapitalistas basaron su campaña denunciando los escándalos de corrupción, mordidas a empresas del 3%, tesorero de CDC imputado y recortes a mansalva del gobierno de Mas. Éste fue el argumento repetido a las exigencias de Junts pel Sí por el responsable de la CUP Antonio Baños. Hasta el domingo, que cambió de modo vergonzante apoyando la investidura. ¿Qué obró el milagro? ¿Hubo recompensa de por medio a lo tamayazo? Al no conseguir Baños de su grupo el apoyo a Mas, dimitió. Así, las asambleas de la CUP fueron las que recuperaron con su voto asambleario la dignidad perdida, manteniendo incólume la principal promesa electoral por la que obtuvo su representación en el Parlament. Díganle, mis amigos, a un auténtico demócrata que esto no es Democracia.

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