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Papel vegetal

El 'lobby' de los transgénicos no descansa

El poderoso lobby de los transgénicos no descansa, sino que presiona en Bruselas sin descuidar a los gobiernos para conseguir finalmente sus objetivos, que no son otros que la liberalización de ese polémico sector en la Unión Europea.

La Comisión Europea delibera desde hace ya ocho años qué hacer con lo que se presenta como una nueva generación de técnicas de ingeniería genética, pero que, según sus críticos, no es más que vino viejo en odres nuevos, y debe tomar una decisión el próximo marzo.

De ahí el intenso trabajo de cabildeo del lobby conocido en inglés como New Breeding Techniques Platform (Plataforma de las Nuevas Técnicas de Cultivo), integrada por las principales compañías de biotecnología agrícola y ganadera.

Según denuncia en un nuevo y exhaustivo estudio el Observatorio de la Europa Corporativa, esas empresas, entre las que están Bayer, BASF, Dow Agrosciences y por supuesto también Monsanto "han invertido en técnicas tendentes a burlar la actual legislación y regulación sobre transgénicos".

La desregulación que pretenden significaría que sus productos, todos ellos patentados, podrían entrar en la cadena alimentaria sin tener que cumplir los requisitos de la UE relativos al principio de precaución, la trazabilidad o el etiquetado como transgénicos.

Las regulaciones europeas son una espina clavada en la industria de la tecnología desde que la Unión Europea introdujo en 2001 la legislación sobre productos genéticamente modificados y desde entonces ese sector se ha esforzado en desarrollar nuevas técnicas capaces de sortearla.

Técnicas que se conocen en la jerga científica con nombres como "mutagénesis dirigida por oligonucleótidos", "nucleasas con dedos de zinc" o el bastante más sencillo para los legos de "agroinfiltración".

Como señala el citado estudio, dado el rechazo que los productos transgénicos producen en una mayoría de los ciudadanos de los países europeos más avanzados, las empresas del sector han llegado a la conclusión de que "la invisibilidad" en cuanto a su carácter transgénico es vital para su éxito comercial en Europa, donde rige el principio de precaución.

Agricultores, ganaderos y organizaciones ecologistas no dejan de advertir sobre las incertidumbres y los riesgos asociados a esos productos al tiempo que critican la insistencia en patentarlo todo y convertir en fuente de beneficio privado lo que siempre ha dado gratis la naturaleza.

Y siempre con los mismos argumentos que se utilizaron en su día para introducir las primeras técnicas de manipulación genética: el crecimiento demográfico, el cambio climático y la necesidad de enfrentarse a la escasez de recursos naturales como el suelo o el agua.

Las solicitudes de patentes para las nuevas tecnologías transgénicas tienen que ver con la tolerancia a los herbicidas, la producción de insecticidas o alteraciones en la composición de las oleaginosas, es decir, lo mismo que las de la primera generación, que tanto rechazo provocan en muchos.

Según el citado estudio, la compañía de relaciones públicas encargada de las labores de cabildeo tanto en Bruselas como cerca de los diferentes gobiernos europeos se ha ocupado sobre todo de renombrar la ingeniería genética, bautizándola como "nuevas técnicas de cría o cultivo", lo que podría sonar mucho más inofensivo a oídos del público en general.

Sin embargo, denuncian sus críticos, no se trata de técnicas innovadoras con respecto a las de la primera generación, sino que son sólo un nuevo "modelo de negocio". Se trata sobre todo de evitar el etiquetado como transgénicos de los mismos o parecidos productos para que el consumidor finalmente no se entere.

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