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TROPEZONES

Memoria vital

Me hallaba la otra tarde compartiendo un gin tonic con mi buen amigo F. D., y disfrutando del paisaje incendiado por los colores otoñales, rescoldos del esplendente día en retirada. Como en esas situaciones que por perfectas llevan en sí mismas la semilla de su inexorable final, se insinuó con naturalidad la presencia del otoño en nuestras propias vidas, y por extensión la tentación de plantearnos un balance aproximado de las mismas. Mi amigo, que como yo, no se hace demasiadas ilusiones sobre la existencia de un más allá, se atrevió a abordar el tema desde un enfoque original, y sin embargo totalmente apropiado a su condición de empresario de éxito.

Como repasando los puntos de una memoria anual de cualquiera de sus empresas, pero en este caso abarcando toda una vida, me sorprendió con un análisis descarnado de los puntos de apoyo de este tipo de planteamiento.

¿Qué es lo que he hecho? Estudios, implantación de una familia, algún desliz conyugal, Dios sabe que lamentado y con creces expiado, creación de empresas y puestos de trabajo, obras sociales y caritativas (desgravables, sí, ¿pasa algo?) etc.

¿Cómo lo he hecho? Trabajo, ambición, y en general una actitud dura en los negocios pero a la postre sin pisar demasiados callos.

¿Qué recursos he empleado? Los apropiados, sin derrochar ni malgastar medios naturales, y evaluando con respeto los recursos humanos.

¿Qué resultados he obtenido? Aquí una declaración de patrimonio personal y social motivo de orgullo e indisimulada satisfacción, tanto en la trayectoria de sus descendientes como en las aportaciones al bienestar de la sociedad en general.

Me gustó la exposición de mi amigo, y aparte de bromear sobre no haber incluido en el debe todas las bolas que me quitó jugando al tenis, coincidí bastante con su planteamiento. Ahora bien, yo creo que cabría haber sintetizado toda la prolija exposición sopesando el debe y el haber en un solo apartado; "Cuenta consolidada de pérdidas y ganancias" cuyo saldo me consta que saldría positivo, tanto en el plano familiar como el profesional. Yo no podía sino coincidir en las líneas maestras de su memoria vital, identificando su positivo balance con el mío propio. De hecho, de existir un ente sobrenatural aguardándonos al final de nuestras vidas, para premiarnos o castigarnos, estoy seguro que siendo tan sólo la décima parte de misericordioso que nuestras madres, la cosa estaba chupada.

Pero también es verdad que tal vez un cómputo más simple y acorde con los objetivos de dicho creador omnisapiente sería el de evaluar si al final de nuestras vidas habíamos sido capaces de aportar algo, dejando el mundo mejor de lo que lo encontramos.

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