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TROPEZONES

Breverías 38

J.L. dice haberse reconciliado con la idea de que el hombre desciende del mono. Aunque le desasosiega que sus antepasados puedan no ser los simpáticos chimpancés, sino los culiazulados mandriles.

El otro día, presumía un amigo sobre la pequeña fortuna que pensaba amasar, habiéndose endeudado al 2% para comprar unas acciones que le daban el 5%. En dicho contexto, y a guisa de advertencia, creí oportuno citarle la frase de un conocido humorista: "La mejor manera de hacerse con una pequeña fortuna, es empezar con una grande".

De vuelta de una ausencia vacacional de casi 3 meses, me topo con un amigo, del que dado el tiempo transcurrido desde que nos vimos me espero cuando menos un abrazo. Que no sólo no se produce sino que al enseñarle un jersey comprado en Noruega me espeta: "¿Ah, pero es que has estado fuera?".

Sic transit gloria mundi.

Es curioso que un país como Suecia, tan celoso de preservar la intimidad de sus ciudadanos posea un sistema de numeración del DNI cuyos primeros indiscretos dígitos se corresponden con la fecha de nacimiento del interesado.

Y ya puestos, otra contradicción en dicho país, tan severo en su código de circulación, es que NO prohíbe el uso del móvil durante la conducción.

Es de agradecer que la compañía aérea de turno nos informe de los motivos de la demora de su vuelo. Lo malo es que las explicaciones de rigor "Por problemas de acoplamiento", "Por problemas técnicos" no son de mucha enjundia ni consuelo. Pero peor es la reflexión causa-efecto de Perogrullo recogida el otro día por los altavoces "El vuelo sufre una demora por llegada tardía del vuelo anterior". ¡Vamos, que no hay vuelo por falta de aparato!

Oído el otro día como original variante de la justificación "Nadie es perfecto"; "¡Hasta el sol tiene manchas, oiga!"

Por enésima vez en esta semana me llamaba por teléfono un individuo preguntándome si era yo un tal Ricardo, no dando crédito a mi desmentido. e insistiendo, como si el que se equivocaba fuera yo. Hasta el punto de hacerme dudar, recordándome la conocida boutade de Groucho Marx: "¿A quien va Ud. a creer, a mí o a sus propios ojos?"

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