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Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

Binomio gafas de sol y avión

Una fotografía de Pedro Sánchez con gafas de sol dentro del avión mientras habla con uno de sus colaboradores ha abierto, de inmediato, un debate (y memes) sobre el uso de la imagen por los gobiernos. A propósito de la misma, no han faltado comparaciones con otra similar del malogrado Kennedy, ni especulaciones sobre cómo el presidente se ha lanzado a explotar su atractivo físico, algo que en España funcionó tras la estética viejuna del franquismo y la entrada en vigor de la sonrisa dentífrica de Suárez. Sin intención de rebajar las poderosas razones simbólicas de una foto, pienso que en el asunto hay más casualidad que intencionalidad: Sánchez, molesto con las filtraciones solares, optó el día de su viaje oficial por las gafas de sol en vez de bajar la ventanilla. Una decisión, a la vista de la que se montó en Twitter, que desató un intercambio ruidoso sobre la conveniencia o no de ponerse los anteojos solares, o sobre el postureo hortera (crítica rabiosa del PP) o no del jefe en su supuesto afán de parecerse a Don Draper en Mad Men. En el mismo espectro de la estética y el poder, aparece la sesión de calentamiento de Sánchez antes de comenzar su carrera por los jardines de La Moncloa, también con una comunicación corporal totalmente opuesta al gesto cansino, sin vestimenta adecuada, del saliente Mariano Rajoy. Y no sigamos por el deporte dado que son diáfanas las ventajas de uno y las desventajas de otro. Igual que hay un cambio de ciclo palpitante en relación con la agenda política, lo mismo cabe decir del perfil que trata de transmitir a la sociedad el nuevo inquilino de Moncloa. Siempre es conveniente recordar que lo nuevo huele a fresco, mientras que lo antiguo viene hasta con el peso del torturador Billy el niño. Una vez observado el foco de atención sobre el binomio gafas de sol y avión, cabe una segunda parte.

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