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el análisis

Cursos en verano

Dentro del acontecer universitario, los cursos de verano traen consigo, entre otras muchas cosas, experiencias interesantes, diferentes de las habituales en los estudios reglados. Son encuentros normalmente distendidos, en los que, con suerte, puedes compartir con personas de bien ganado prestigio, así como con toda clase de participantes que, a modo de estudiantes, no pierden ocasión de plantear las cuestiones más desconcertantes.

Me toca este año hablar, nada menos, sobre los cambios que se producen en el mundo del Derecho como consecuencia de la globalización. Algo que, cabalmente, está fuera de mi alcance, pues para poder hablar de ello con verdadera solvencia, uno tendría que haber acumulado una experiencia muy directa del Derecho que realmente se da -es decir, del Derecho en Acción, el que realmente existe- en una multitud de países. No basta con conocer los textos (el derecho de los libros, de las leyes y de la infinidad de sentencias existentes, los cuales suministran indudablemente valiosa información) si no se tiene en cuenta el Derecho realmente vivido en las distintas sociedades. De modo que, desde una vivencia jurídica limitada y un conocimiento también limitado de los textos, uno tiene que arriesgar algunas consideraciones, apoyándose en soportes teóricos más elaborados que son también, como todo lo demás, cambiantes.

Si partimos de que la globalización es un fenómeno, no de ahora, sino al menos de dos siglos para acá, que va de la mano de la extensión del capitalismo, muchos teóricos afirman que los cambios en el Derecho están íntimamente relacionados con las condiciones de producción y de trabajo que el capitalismo impone. Un capitalismo indiscutido, vigente incluso en estados que proclaman formalmente modelos no capitalistas, y que se hace presente en todos los aspectos de la vida de la gente en cualquier parte del planeta.

En la medida en que la globalización se desarrolla mediante la extraordinaria fluidez de las comunicaciones, proporcionada por la tecnología, las relaciones entre el nivel local y el nivel global son particularmente complejas, lo que permite descartar los enfoques del Derecho que consideraban los ordenamientos estatales como si fueran entidades cerradas, impermeables, susceptibles de ser estudiadas aisladamente. Hoy en día, puede hablarse, más allá del Derecho estatal y del Derecho Internacional, de una pluralidad de prácticas jurídicas en el ámbito local y de un nuevo ius gentium, un nuevo derecho de gentes, compuesto de estándares jurídicos que viajan por el mundo, en el ámbito global. Desde este punto de vista, es lógico que se hayan producido cambios en sectores tan importantes como el derecho comercial y económico, el derecho de las comunicaciones, la propiedad intelectual o el derecho ambiental.

La tesis de que la extensión del capitalismo es determinante en el impacto sobre el Derecho habría, sin embargo, que matizarla. Los derechos humanos, por ejemplo, que sin duda han conocido un avance importante en la globalización, sufren el impacto de las crisis recurrentes del capitalismo del siglo XXI, que es el capitalismo financiero. De manera que las crisis capitalistas, como la que se arrastra desde la última década, destruyen los derechos sociales en las sociedades desarrolladas. Por otro lado, hay que tener en cuenta las reacciones que se han desencadenado ante el desorden mundial (conflictos militares, terrorismo, flujos migratorios) en forma de una internacional autoritaria, de un populismo de derechas que podría llevar a los estados a cerrar sus puertas y a acabar con los mercados globalizados, todo ello bajo la música del teclado nacionalista. En este contexto, derechos elementales, como la libertad de expresión, los derechos políticos, las regulaciones migratorias, de asilados y refugiados, los derechos de la mujer, las garantías individuales y de las minorías, están claramente amenazados.

Estos son algunos de los temas que se proponen a discusión en un curso en verano, lo que puede derivar en cuestionamientos insospechados por parte de un público que, como dije, somete al expositor a las observaciones más desconcertantes.

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