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a la intemperie

Ases en la manga

A finales de septiembre se tose de un modo distinto al del resto del año. Digamos que se trata de una tos precursora que el personal confunde con los síntomas de un catarro común o de una reacción alérgica a la vegetación de otoño, que empieza a abrirse paso. Pero esa tos viene del alma aunque se expulse a través de los pulmones. Si permaneces atento a la pantalla, la escuchas en todas partes: en el supermercado, en la panadería, en la farmacia, incluso en el parque infantil. La tos de los niños siempre es profética, anuncia algo que nos concierne a todos y que está a punto de producirse ya. La tos de los niños es morfológica y sintáctica. Conviene analizarla con intención gramatical.

Si lees en la prensa las penúltimas entrevistas veraniegas a los políticos, comprobarás que, en vez de contestar, tosen. Tosen con apariencia de respuesta, pero tosen para arrancarse un no sé qué de las vías respiratorias. En cuanto a los tertulianos de la radio, se incorporan a los micrófonos fríos de esta época carraspeando también, como si durante las vacaciones se les hubiera alojado en la garganta la espina invisible de un salmonete metafísico.

- Ejem, ejem.

Viniendo de comprar el periódico, vi a una familia cargando el coche para regresar a su lugar de residencia habitual. Todos tosían. Entonces llegó el padre y dijo con tono de advertencia:

- ¡Esas toses!

Esas toses, cabría decirle a Pedro Sánchez y demás líderes políticos que van entrando poco a poco en la realidad. A punto de terminar el verano, Franco sigue en su tumba (a ver si con el decreto ley?) y la lista de defraudadores fiscales no ha sido publicada (ni lo será, ya nos lo han dicho por activa y por pasiva). He ahí un par de espinas metafísicas difíciles de olvidar dada la contundencia con la que se nos prometió una cosa y la otra al comenzar la fiesta que ahora declina. En cuanto a Billy el Niño, ha pasado un verano tranquilo, gastándose en marisco la pensión extra de la que disfruta por los servicios prestados a la dictadura. No sabemos cuántos ases le quedan en la manga al presidente del Gobierno. Cuántos gestos, dirían algunos. ¿Le habrán dado ya a Pedro Sánchez las toses precursoras de finales de septiembre?

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