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OBSERVATORIO

Economía keynesiana en la Europa occidental

Cuando los analistas hablan del dominio del modelo de economía liberal, creo que se refieren al marco internacional, en cuanto que hay, en general, libertad de movimientos de capitales y libre comercio a nivel global. Este modelo se introdujo en los años 90 para vencer el bajo crecimiento y la inflación (estanflación), que tantos perjuicios ocasionó en los 80. Porque si nos ceñimos a las políticas nacionales en Europa occidental, desde luego que no hay liberalismo. Al contrario, hay hiperestatalismo. En todas estas economías el gasto público supone de media el 50% del PIB, excepto, por ejemplo, Irlanda. Además, todo está regulado; no se puede tirar una piedra sin pedir permiso a alguna Administración. O si no que se lo digan, por caso, a los de la zona rural. A esta economía se la llama, economía mixta de mercado, socialdemócrata o keynesiana, por el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946). Este apoyó el incremento del gasto público en épocas de recesión, aunque se incurra en déficit, para incrementar la demanda, mediante la inversión y consumo público, cara a estimular la actividad económica. Esa idea se aplicó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Hay analistas que dicen que esto duró hasta 1975, cuando se deshizo con la llegada de Margaret Thatcher al gobierno del Reino Unido en 1979. Thatcher aplicó medidas de reducción del gasto público y privatizaciones porque no había otro remedio, después de 30 años de despilfarro y pérdidas de las empresas públicas que dejaron los gobiernos socialistas. Arregló el problema y el país, con sucesivos gobiernos conservadores y laboristas, se encaminó al gasto público normal en Europa. Fue una situación extraordinaria. Lo mismo le sucedió a Rajoy (2012-junio 2018), que después de las alegrías de Zapatero tuvo que aplicar recortes, sobre todo en la inversión pública, para recuperar la confianza de los inversores. La secuencia del ciclo es: incremento del gasto, más administración pública, más organismos autónomos, más déficit fiscal, hasta que la situación es insostenible, con lo que tenemos dificultados para colocar la deuda y vienen los recortes. Pero da la casualidad de que de los momentos del gasto y de las alegrías se encarga la izquierda y de ordenar las cuentas públicas la derecha. Pero tenemos que aguantar a muchos caraduras, sean tertulianos o políticos de la izquierda, que no paran de decir que no puede gobernar la derecha porque "quitan derechos y prestaciones". A mí no me engañan. En Europa occidental no hay capitalismo liberal, seguimos dependiendo del gasto estatal. La mitad de la población depende del sueldo público, de las adjudicaciones de obras y servicios de las administraciones, de que haya oposiciones y más o menos subvenciones. Que por cierto, la izquierda habla de precariedad laboral y bajos salarios, esto que se lo digan a los representantes públicos, pues son ellos los que adjudican las obras a la oferta más barata, con lo que ya pueden ustedes imaginar qué condiciones tendrán los millones de trabajadores de estas contratas. La que sí se puede considerar como economía liberal es la de Estados Unidos. La presencia del Estado es mucho menor, lo normal es montar un negocio, hay mucha iniciativa privada, si fracasan en un proyecto enseguida crean otro. Es el sector privado el que lleva el peso de la carrera digital y la economía de datos, de la investigación e innovación, por eso las mayores empresas tecnológicas son estadounidenses. EE UU está ahora en pleno empleo, con una tasa de paro del 3,2 %. Perder el empleo allí no es un trauma, enseguida consigues otro. En la Eurozona es del 7,5 % y en España, del 14 %. El declive de la eurozona es evidente. Hay en marcha un plan keynesiano para animar la economía europea, bajo la dirección de los políticos. Se trata de movilizar un billón de euros para acometer la transición hacia un modelo más sostenible, todo al más puro estilo socialdemócrata. Por lo tanto, que no le echen la culpa al "neoliberalismo" de la menor o mayor desigualdad en Europa, porque no es cierto.

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