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TROPEZONES

Cincinato

La palabra dictador arranca de una figura política del imperio romano, el "dictator". Era éste un título extraordinario que el senado otorgaba al que había de asumir temporalmente todos los poderes del estado, en general para hacer frente a alguna emergencia nacional.

Uno de los más conocidos "dictatores" fue sin duda Quincio Lucio Cincinato. Proclamado en el año 460 A.C. para asumir con plenos poderes la jefatura interina del estado, le tocó hacer frente a la inminente amenaza de una invasión de los Ecuos. A sus dotes políticas, pues había sido anteriormente cónsul, y a sus méritos castrenses, que le habían valido el rango de general, unía una gran popularidad entre toda la ciudadanía por su carácter humilde y su probada inteligencia. Y vaya si cumplió con la tarea asignada: en pocas semanas había movilizado a las legiones imperiales, consiguiendo en una espectacular maniobra militar envolvente una victoria fulminante sobre los Ecuos. Y pese a no haber agotado el plazo de seis meses vigentes para su encomienda de "dictator", se retiró a sus propiedades, retomando sus labores agrícolas temporalmente interrumpidas.

Como es natural, el otorgar poderes absolutos a una sola persona para resolver una emergencia nacional puede salir bien si se da con un líder como Cincinato. Y no deja de tener su lógica concentrar en un mando único inteligente y preparado los destinos de toda una nación, impidiendo la aparición de camarillas intestinas rivales, potencialmente disgregadoras del esfuerzo bélico. Pero hay muchos ejemplos, a cual más sangrante, de los peligros que entraña dar carta blanca a un mando unipersonal, poniendo todos los resortes del poder en manos de un führer equivocado.

Y no es descartable que la urgencia del nombramiento, por lo acuciante de la emergencia so- brevenida, comprometa un análisis objetivo y reposado en la selección del candidato idóneo.

Por ello quisiera romper una lanza en favor de un enfoque más ecléctico, el de un país como Suecia. Además típico de una nación que se precia de lograr consensos frente a los lógicos conflictos de cualquier sociedad; piénsense en las escasas huelgas padecidas en los últimos cincuenta años o en la pionera implantación del "ombudsman", o defensor del pueblo.

La solución es muy sencilla: Suecia tiene en cualquier momento ya decidido su Cincinato.

El país no espera a que se produzca una situación de guerra que pueda necesitar los buenos oficios de un "deus ex machina" para sacarle las castañas del fuego al país. Existe un "dictator" de turno, cuidadosamente seleccionado y consensuado entre todas las fuerzas vivas del país, listo para asumir de inmediato, de ser requerido para ello, todas las competencias civiles y militares precisas para hacer frente a cualquier amenaza.

Hace ya unos años el ungido temporal era G.L. En la actualidad está ya jubilado, pero todavía tengo el privilegio de contarlo entre mis mejores amigos. Y no se me hubiese ocurrido mejor candidato para puesto de tanta responsabilidad. Además de su título de ingeniero de caminos y su rango de coronel, desempeñaba brillantemente a la sazón la administración de una extensa red de propiedades inmobiliarias del estado.

¿No creen Uds. que sería ya hora de ir pensando en un Cincinato para este país?

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