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APUNTES

Algo se mueve por el centro

La decisión de Ciudadanos de respaldar la prórroga del confinamiento propuesta por el presidente Pedro Sánchez, y respaldada por el comité de expertos, ha agitado aún más las aguas ya de por sí revueltas de la política nacional. Muchas cosas dadas hasta ahora por seguras, se han vuelto de repente inseguras.

La nueva presidenta de la formación naranja ha declarado su independencia. La ruptura con el pasado hubiese pasado relativamente desapercibida si Albert Rivera y Juan Carlos Girauta, su fiel escudero, no hubieran mostrado en público su enfado, su altivo resquemor y demasiadas gotas de soberbia. Eso suele resultar peligroso. Ya lo decía Paracelso: el veneno es la dosis.

Girauta pegó el portazo porque, dijo, no habían trabajado tanto para que el partido fuera una bisagra. Y es verdad. Habían conseguido la hazaña de bajar de 57 diputados de abril de 2019 a solo 10 en noviembre. Y este derrumbe fue consecuencia directa de la rectificación de su ideario, un partido progresista, liberal, centrista con tintes socialdemócratas por un mero apéndice de las dos derechas que al final fueron tres desde la foto de Colón.

Rivera, Girauta y otros fueron unos fatales estrategas, expertos en darse tiros en el pie. Poco a poco, con prisas y sin pausas, fueron perdiendo las señas de identidad que los convirtieron de partido catalán en un protagonista emergente de la política nacional. El centro se había quedado huérfano. El Partido Popular volvió a las esencias aznaristas, que en realidad eran las esencias de la derecha sin complejos que convivía cómodamente con los residuos franquistas mal reciclados que fueron uno de sus nutrientes en la Transición.

Por su parte, también Sánchez había ido abandonando el espacio del centro por la izquierda. Sus coqueteos con los separatistas y con Iglesias ahuyentaban a parte de su electorado tradicional y sembraban la desconfianza entre muchos de los históricos.

Pero Albert Rivera pasó de largo ante la gran oportunidad de pactar con el PSOE, llevarlo hacia el centro, y formar una entente cordiale de los dos centros, con una mayoría absoluta que les hubiera permitido gobernar sin sobresaltos una entera legislatura. Resultado, hundimiento, blanqueo (relativo) de Podemos y cancha expedita para Casado y Abascal.

Pero el giro de una Arrimadas arrepentida y práctica ha devuelto el protagonismo a Ciudadanos . Además, en aspectos no previstos incluso. Sánchez no ha necesitado el apoyo de ERC. Junqueras, desolado, ha amenazado por la boca de Rufián con que sin diálogo (con ellos) no hay legislatura. Oído, cocina. Los partidos regionalistas moderados, entre ellos Nueva Canarias y Coalición Canaria han aumentado su influencia y su visibilidad. Todos ellos, con el apoyo del siempre imprevisible pero muy pragmático PNV, han contribuido a dejar sin cuota de chantaje permanente o mediopensionista a los herederos separatistas de la corrupta Convergencia y a Bildu, los herederos espirituales de ETA.

De inmediato el PP se ha alterado. El gobierno de la Comunidad de Madrid comienza a estar amenazado. Díaz-Ayuso no podrá seguir tensando las relaciones con sus socios imprescindibles. Su vicepresidente Aguado ya ha dicho que le encantaría sentarse en una mesa a tres con el portavoz socialista, el profesor Ángel Gabilondo, otro Tierno socialista. Eso es un claro aviso a navegantes.

Pero, igualmente, el acercamiento de Arrimadas a la amura de babor implica una pérdida de necesida para Iglesias, que a pesar de las apariencias en el escenario del teatro nacional se ha vuelto una pieza incómoda para Pedro Sánchez.

Y a mayores, el cogobierno de la crisis de la Covid-19 con las comunidades autónomas, según el modelo alemán, forzado por Urkullu y el nuevo Cs, introducirá nuevos elementos de confianza y consenso en la gestión de una emergencia que entrará en los libros de historia, y de la economía.

Y en Canarias esta nueva modalidad muy europea de bisagreo también podría tener presencia en la estabilidad de los gobiernos de Santa Cruz de Tenerife y el cabildo insular tinerfeño.

Los naranjas han decidido volver a buscar la moderación, el realismo y el centro perdido desesperadamente, y eso en política siempre es bueno para la gente.

En fin, aguardemos los próximos episodios nacionales, y regionales.

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