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INVENTARIO DE PERPLEJIDADES

EE UU y la tentación tiránica

Hasta hace bien poco, denunciar algunos comportamientos antidemocráticos del Gobierno de Estado Unidos, tanto en política exterior como interior, era replicado inmediatamente en la mayoría de los medios con el peregrino argumento del "antiamericanismo infantil". Es decir, de una fobia intelectualmente incurable que aquejaba a una parte de la opinión publica de izquierdas, y de manera especial de aquella que aún estaba escocida por la desaparición de la Unión Soviética y países satélites, como rezaba nuestro pasaporte durante la dictadura franquista. Porque los Estados Unidos de América del Norte, nos decían, fueron, tras independizarse de Gran Bretaña, la primera democracia que conoció el mundo, y la patria soñada por los defensores de los derechos humanos. Un ideario que, al parecer, se mantenía se mantenía vigente desde que allá por 1766 fuera proclamado por los padres fundadores. Por supuesto, la convivencia del idealismo programático con las tentaciones imperialistas de la joven República no fue siempre fácil.

Hubo una guerra civil, graves conflictos raciales todavía no resueltos pese a la abolición de la esclavitud, y una persistente expansión imperial a medida que la nación se enriquecía e iba ganando músculo militar. Un influjo que se hizo sentir primero sobre las antiguas colonias españolas y portuguesas en América del Sur, y después sobre Europa y Asia al finalizar las dos catastróficas guerras mundiales. Acto seguido nos sumergimos en la llamada "guerra fría" entre Estados Unidos y sus países satélites y la Unión Soviética y los suyos, una confrontación que duró hasta la caída del Muro de Berlín.

Pero la "guerra fría" no impidió otras guerras calientes en aquellos lugares que eran de interés estratégico para las dos superpotencias (Corea, Vietnam, Laos, Camboya, Oriente Próximo, Afganistán, Argelia, Siria, Congo, Etiopía, Irán, Irak, Afganistán, Libia, Cachemira, Congo, Egipto, Yemen, Yugoslavia etc, etc). La dolorosa brutalidad de estas intervenciones en terceros países difícilmente podrían merecer el calificativo de democráticas, aunque siempre se justificaban con la excusa de evitar el peligro de caer en un inminente proceso revolucionario o de impedir la expansión del comunismo. Una expansión contagiosa, según la conocida tesis de Henry Kissinger sobre la caída de las fichas del dominó Esa doble conducta -imperialismo agresivo en política exterior y usos democráticos en política interior- convivió un largo tiempo aunque ya daba síntomas preocupantes de resquebrajamiento (atentados del 11- S y sospechas de fraudes electorales) .

Nada de eso quedó fuera de la observación de la intelectualidad norteamericana más crítica y no faltaron voces que alertaron de la peligrosa deriva de la nación. Entre ellas, la del escritor Gore Vidal que en uno de los siete ensayos de su libro Patria e Imperio no descartaba que los Estados Unidos acabase convirtiéndose en una potencia fascista. La advertencia fue tomada a título de inventario por los partidarios de explicarlo todo con la tesis del "antiamericanismo infantil", pero son cada vez mas los observadores que coinciden con el autor de Juliano, el apóstata. En las páginas de opinión de un importante periódico español leo un artículo del embajador Emilio Menéndez del Valle con este sugerente tÍtulo: ¿Se encaminan los Estados Unidos a la tiranía? En el texto se mencionan como muy sintomáticos diversos episodios de la presidencia del inefable Trump, entre ellos, esa invocación al fraude electoral como única forma de evitar su reelección.

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