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Elizabeth López Caballero.

Ser cabrona no es la opción

El otro día una amiga me contaba que había conocido a un chico pero que la relación no prosperó porque ella era excesivamente buena y, él, según palabras textuales del muchacho: «Demasiado canalla». Mi amiga estaba muy agradecida por la sinceridad del susodicho, cosa que yo no terminaba de entender. «Al menos fue sincero», comentó. Entonces sacó de una bolsa un libro «Mira, me lo recomendó otra amiga» y con una mezcla de tristeza y de emoción me enseñó la obra maestra: Por qué los hombres aman a las cabronas. Quizá fue mi cara de desconcierto o mi falta de interés por echarle un vistazo al contenido, pero vi que la mirada de mi amiga se ensombreció. «¿Intuyo que crees que volviéndote una “cabrona” mejorarán tus relaciones de pareja?», le pregunté. «Claro, amiga, mi problema es que soy muy buena, lo doy todo y se aprovechan de mí», contestó con una gran confianza en su discurso. «A lo mejor deberías mirar de dónde viene la necesidad de querer “darlo” todo. ¿Miedo al abandono? ¿Querer ser aceptada? Y también valorar por qué siempre te atraen el mismo patrón de hombres: con miedo al compromiso. Infantiles y mujeriegos. Estoy segura de que también los habrá que sí estén dispuestos a recibir toda tu bondad». Dicho esto se acabó la conversación porque mi amiga posee una elegante habilidad para cambiar de tema cuando la conversación no va por donde ella quiere. Cuando llegué a casa investigué un poco más sobre el libro, que resulta ser una guía para mujeres “demasiado buenas” que te aconseja sobre cómo mantener el misterio y cómo evitar que los hombres pierdan el interés en ti.

A veces basta con pararnos a observar qué necesidades tenemos como mujer y, sobre todo, por qué nos atraen hombres que nos tratan justo como no desamos que lo hagan

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En resumen, convertirnos en eso que tanto aborrecemos de ellos. Y no me gustó el trueque. Es cierto que el mito del amor romántico, que a todas nos pusieron de bebés en el biberón, nos ha calado muy hondo y que es difícil huir del “Efecto chicle”: «Entre más te pisan más te pegas», pero no creo que cambiar de bando sea evolucionar. A veces basta con pararnos a observar qué necesidades tenemos como mujer y, sobre todo, por qué nos atraen hombres que nos tratan justo como no deseamos que lo hagan. Puede que sean maestros que elegimos inconscientemente para que nos reflejen qué cosas debemos fortalecer en nuestra personalidad: la autoestima, el amor propio, la seguridad en una misma, la independencia, aprender a decir: ¡no! A todos nos han roto el corazón y todos hemos estado con la persona que no era la indicada. Sin juzgar si era buena o mala, simplemente la “no indicada” para nuestro momento evolutivo. Pero la sanación para las heridas no está en una guía que te enseñe trucos para “mantener el misterio”. No vivimos en una película de Hitchcock. La sanación parte de la aceptación de las debilidades. De la observación de nuestras emociones y del compromiso con uno mismo. Considero que, de ninguna de las maneras que me viene a la mente, ser una cabrona sea la opción.

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