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Javier Durán

Reseteando

Javier Durán

Periodista

La Covid contagia a la Academia

La Covid ha entrado como un verdadero Poseidón para darle, si cabe, más brillo y esplendor al lenguaje en época de pandemia. La okupación de la enfermedad de todos los intersticios sociales ha puesto de manifiesto la velocidad del lenguaje para adquirir dominios. La Real Academia Española (RAE), que a veces dormita entre tapices y pomposidades de caoba, se ha decidido a agarrar el timón con fuerza antes de que una tormenta perfecta del habla la dejase en estado comatoso. La adaptación del Diccionario de la lengua española (DLE) incluye, como un chorro de agua fresca, coronavirus, covid, desconfinar, desescalada o cuarentenear, términos que desde marzo circulan de arriba a abajo y, como es obvio, nadie preguntó si habían sido bendecidos o no por la RAE. Un interrogante, por otra parte, superfluo y poco correcto a la vista del encadenamiento de desgracias que nos aflige. Pero lo palmario es que la Covid ha removido los cimientos de la economía y las estrategias políticas como el fenómeno del siglo, pero también ha impulsado la tradicional flema que afecta a la movilidad de la RAE: en el caso que nos ocupa no ha podido pensárselo mucho ni tampoco acordarlo bajo el incienso de un calendario eterno de sesiones, sino que ha sido como una apisonadora. La mayor parte de la terminología, lejos de surgir de los laboratorios científicos, procede más bien de la continua comunicación de los políticos a la sociedad, para la que se ha tenido que crear un lenguaje capaz de transmitir la gravedad de los hechos y la necesidad de atenerse a unas normas para evitar la expansión del contagio. La RAE siempre trata de mantener el equilibrio, huyendo de decisiones que puedan provocar la dura acusación de que se dedica a inventar palabras. En el caso de la Covid, ha pisado el acelerador al considerar que no podía ser ajena a las innovaciones en el lenguaje de una enfermedad que se alarga en el tiempo, y que deja tras de sí una herencia en formato expresiones. Y la prueba es que hoy no hacen falta comillas simples ni cursivas (cosas de la deformación profesional) para decir: “El finde me quedo en casa, no tengo más remedio que cuarentenear por culpa del covid, y es posible que tenga una videoconferencia con un galdosista, que también es muy berlanguiano, recién desconfinado”. Aparte, de las inclusiones relativas al coronavirus hay al menos tres que proceden de otros ámbitos, a las que la RAE también ha dado curso en su afán de no quedar como un mausoleo.

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