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ULPGC: crónica de una transformación

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria nació en las calles de la ciudad, nació de las voces de los ciudadanos, nació de la demanda de una sociedad, de una isla, de una provincia que reclamaba una institución pública de educación superior. A ella, a ellos, y a toda la comunidad universitaria nos debemos las personas que estamos al frente de la ULPGC y para ellos hemos trabajado en los últimos cuatro años con una vocación clara: educar para transformar. Y con un compromiso firme: traspasar el espacio de aulas, laboratorios y despachos para transferir a la sociedad el conocimiento generado y devolverle así, en forma de iniciativas y proyectos para la reactivación económica y social de Canarias, la confianza depositada en esta institución.      

El reto que nos marcamos en el año 2016, y que a día de hoy es una realidad, fue sentar las bases de una universidad más emprendedora, proactiva y conectada con su entorno social y económico. Una universidad que, además de formar a su alumnado para una profesión, quiere formar a los líderes del futuro. Una universidad que por fin se hace eco de la importancia que tiene ocuparse de la empleabilidad de sus titulados. Una universidad que pone los resultados de su investigación al servicio del desarrollo social. Una universidad que se conecta con el tejido empresarial para dar sentido a una de las más honrosas actividades humanas: la de crear, construir y añadir valor para los demás. Una universidad, en definitiva, que tiende puentes con la sociedad, que la mira de frente y dialoga con ella.

Uno de los grandes ejes de esta transformación ha sido, sin duda, el impulso a la transmisión del conocimiento que se genera entre las paredes de la universidad para convertirlo en economía, esto es, que salga a la calle y tenga un impacto en las personas. Para desarrollar este ambicioso objetivo hemos necesitado captar financiación extra destinada a la investigación y a la innovación, que ha permitido, a través del Plan IDi ULPGC 2018-2020 y del más reciente ULPGC Facilities Net, incrementar el número de contratos propios de investigación pre y posdoctoral, generar convocatorias de proyectos de investigación puente y consolidar las infraestructuras científicas.

De esta manera, el Parque Científico de la ULPGC se ha afianzado en estos últimos años como el centro de referencia de la transferencia de la I+D, gracias a una apuesta decidida por nuevos recursos y una organización eficiente. Además, la creación de empresas de base tecnológica en forma de spin-off y start-up universitarias, una de nuestras grandes apuestas, está cada vez más cerca. El nuevo reglamento que pronto verá la luz permitirá a investigadores, docentes y otros miembros de la comunidad universitaria constituir nuevas empresas, contribuir a la renovación del tejido productivo local y procurar empleo de alta calidad para nuestros graduados.

Nos empeñamos también en construir un ecosistema emprendedor que, desde el corazón mismo del campus central de Tafira, irradia su actividad hacia toda la universidad y la conecta al ecosistema empresarial que nos circunda. Este planteamiento tiene dos propósitos: aportar una vía de sustento vital para la persona y honrar la creatividad humana y el conocimiento aplicado. Y pusimos en marcha el Centro de Formación Permanente de la ULPGC, que se ha convertido, con una oferta más de 500 cursos de especialización profesional, en un extraordinario aliado del sector productivo canario.

En nuestro propósito de volver a conectar con la sociedad, en estos cuatro años hemos trabajado en diferentes frentes para divulgar la ciencia que hacen nuestros profesionales: a través de los medios de comunicación convencionales, con participación en plataformas internacionales, como The Conversation, y con la creación de plataformas propias, como ULPGC Research y accedaCRIS, abiertas al mundo. A día de hoy podemos decir con satisfacción que la divulgación científica ya forma parte de nuestra cultura universitaria.

En definitiva, hemos demostrado que construir una universidad más emprendedora, proactiva y conectada con su entorno social y económico es posible. Cuatro años nos han servido para constatar que salir del riesgo de ensimismamiento a que invita la actividad universitaria en dos de sus grandes ámbitos de trabajo, la docencia y la investigación, es deseable y sano para que la universidad se encuentre no solo en sintonía con su entorno, sino también comprometida con el progreso social y económico de la región en la que se asienta y de la sociedad a la que sirve y de la que forma una parte activa, hasta tal punto que justifica su razón de ser y su propia existencia.

Lo hemos hecho con diálogo continuo, tanto interno como con la ciudadanía, con las empresas y con otras instituciones. Y sin descuidar en ningún momento nuestro misión fundamental: la formación de nuestro alumnado. Con ellos y ellas hemos mantenido una relación fluida durante estos cuatro años, un periodo en el que el Consejo de Estudiantes se ha consolidado como interlocutor general. Para ellos y ellas hemos continuado trabajando en la ampliación de la oferta de titulación oficial y hemos intensificado los intercambios ERASMUS +, de modo que cada año cerca de 1.000 estudiantes pueden adquirir competencias lingüísticas en otros idiomas.

Hemos apostado también por ayudar a nuestro alumnado a prepararse para dar el paso de las aulas al mundo laboral, un paso especialmente difícil en este momento de crisis y elevada tasa de paro juvenil. Nuestros estudiantes cuentan ahora con un programa integral que contempla una formación específica para el desarrollo de competencias transversales y actitudes proactivas, así como de un espacio propio en el campus, NEXO, destinado a la innovación y el emprendimiento. Además, claro está, del apoyo de cientos de empresas e instituciones que solidariamente colaboran con la ULPGC en la formación práctica de las futuras generaciones de profesionales que salen de nuestras aulas.

La crónica de esta transformación debe incluir también las mejoras en la organización de la actividad y de los recursos humanos, gracias al importante esfuerzo realizado para incrementar la plantilla y adecuarla a las necesidades reales de la ULPGC. En cuatro años hemos creado, a pesar de las enormes dificultades de financiación, más de doscientas plazas de profesorado estable, con un nuevo Reglamento de Organización Académica como marco de referencia; y hemos realizado reformas en la relación de puestos de trabajo del personal de administración y servicios para provisionar plazas absolutamente necesarias para el correcto funcionamiento de la institución.

En este camino arduo, intenso y muy fructífero hemos avanzado también en calidad y transparencia. La ULPGC es una referencia nacional en calidad universitaria, y así debe seguir siendo. En este sentido, nuestra estrategia para una oferta universitaria de calidad se ha centrado en dos pilares: la acreditación del sistema de evaluación del profesorado y la acreditación institucional de los centros. En cuanto a la transparencia, uno de los logros alcanzados y al que no debemos renunciar ha sido la transmisión en línea de los claustros y consejos de gobierno. Una nueva forma diáfana de tender puentes con la comunidad universitaria, de abrir y conectar.

Una conexión que hemos querido que se expanda más allá de nuestras fronteras para establecer lazos sólidos con el continente que tenemos más cerca. En diciembre de 2017 se creó, a iniciativa de la ULPGC, la Red de Universidades del África Noroccidental y la Macaronesia (UNWAM), una red global de colaboración científica y académica

Y una conexión que hemos querido retomar también con los ciudadanos de nuestra isla y que ha sido posible gracias a la conmemoración, en el año 2019, del 30 aniversario de la creación de la ULPGC. Esta celebración nos ha permitido comprobar, una vez más, los íntimos lazos que nos unen a los colectivos, municipios, agentes sociales e instituciones públicas y privadas de Gran Canaria.

Nuestro esfuerzo vale la pena. El de los ciudadanos, que se movilizaron hace más de 30 años para que la ULPGC fuera una realidad, el de todas y cada una de las personas que han trabajado para forjar sus cimientos y alzar el edificio, y por supuesto el del equipo que he encabezado durante los últimos cuatro años para desarrollar este proyecto de transformación. Ahora más que nunca, cuando estamos viviendo una grave crisis de salud, social, económica y hasta vital, hay que poner en valor lo que tenemos y también aquello a lo que aspiramos: a una universidad de calidad, sólida y cohesionada, que no solo forma a futuros profesionales, sino que pone su conocimiento al servicio del desarrollo económico y social de Canarias.

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