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Punto de vista

La venenosa clase política española

Decía John Calvin Coolidge (1872- 1933, trigésimo presidente de los Estados Unidos de América) que “la política no es un fin, sino un medio; no un producto, sino un proceso; es, en suma, el arte de gobernar”. Y al hilo de estas palabras y del reciente reportaje del prestigioso semanario británico The Economist, en el que se hablaba de la “venenosa clase política española”, me he parado a pensar si la política española está para resolver problemas o para crearlos, viniéndome entonces a la cabeza otra frase, en este caso atribuida a Groucho Marx, que decía que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Nos encontramos en un momento terriblemente delicado para este país nuestro aún llamado “España”, con una crisis sanitaria como no la habíamos visto en los últimos tiempos, con la consiguiente crisis económica, que vuelve a situarnos en los peores momentos de la acaecida a partir de 2008, con una profunda crisis de valores en una sociedad enferma de imagen y de materialismo, con una crisis territorial que no parece tener buen diagnóstico… Y pese a todo esto, cuando la política tenía que ser “el arte de gobernar”, la clase política española se enzarza en disputas constantes y estériles, sin solucionar los problemas que ocupan y preocupan a los ciudadanos, sin tener en cuenta un término poco frecuente en su vocabulario: “prioridad”. No, no parece que consideren prioritario el bienestar de los ciudadanos y aplican un término que sí conocen bien: “partitocracia”. Todo es tacticismo político, estrategias de partido, mirar a las próximas elecciones y no a las próximas generaciones. Más que mirar a John Calvin Coolidge, actúan como “buenos marxistas” (no de Karl, sino de Groucho).

Y mientras tanto, el maldito virus avanza (por cierto, en esto también tenemos mucha culpa los irresponsables, en muchos casos, ciudadanos), la crisis económica se acentúa (deprime ver la cantidad de negocios cerrados hoy en nuestras ciudades y el paro enorme de nuestro sector laboral), los niveles de nuestra maltrecha enseñanza y de nuestra educación están en mínimos y muchos jóvenes abandonan nuestro país, que, además, se resquebraja con las disputas territoriales… No, señores políticos, éste no es el camino; son tiempos difíciles, sí, pero para afrontarlos los hemos votado (con “v”) los ciudadanos, porque si no lo hacen bien, los botaremos (con “b”) –aunque, tal vez, ya sea demasiado tarde–, y es en tiempos difíciles cuando se ve la altura política de quien gobierna, de quien soluciona problemas y no los crea…, como, desgraciadamente, está ocurriendo en España, que a los ojos de quien nos ve desde fuera, como es el caso de The Economist, tiene “una clase política venenosa” que ha agravado los problemas que hoy en día tiene nuestro país, incluyendo el más letal, el “coronavirus”. Y ya sabemos que el veneno sólo ocasiona dolor, sufrimiento y muerte. ¿Cómo vamos a curar al enfermo, ya de por sí envenenado por las aludidas trifulcas, con más veneno? ¿Es España un país especial en el que la palabra “entendimiento” no existe? He dicho.

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