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Manuel Wood Wood

El covid: secuelas nacionales y regionales

La pandemia que nos azota desde marzo nos ha hecho vivir momentos, acontecimientos y situaciones sociales y políticas sin precedentes, ya que nunca nos habíamos visto en una coyuntura tal. Tanto el gobierno nacional como el regional han intentado, supongo, hacerlo lo mejor posible adoptando medidas y tomando decisiones harto complicadas dado lo inédito de la circunstancia. Unas disposiciones resultaron acertadas y otras no. Hubo que dar marcha atrás, retocar o presionar mas o menos según fueran los logros obtenidos. Independientemente de su éxito o fracaso, y desde el primer momento, la política innoble y rastrera hizo su aparición y, los tiempos en los que deberíamos haber colaborado y arrimado el hombro se convirtieron en tiempos de obstrucción, crítica estéril y, no sistemático. Desgraciadamente, estamos tan acostumbrados a estos avatares que apenas nos cuesta justificar tales actitudes mezquinas porque la política, ya sea nacional, regional o local nos ha acostumbrado a creer que en esto consiste la democracia, en tumbar al adversario o, mejor dicho al enemigo; en enturbiar, acusar o condenar. Si los partidos persisten en esta dinámica revanchista, poco realista o populista, la democracia será imposible pues no habrá quien reemplace sus funciones, aunque siempre habrá un “salvador” que venga a organizarnos la vida política.

Quisiera ahora extrapolar el contenido del párrafo anterior y traerlo al terreno geográfico de Canarias. Como en el resto del país, tampoco los canarios habíamos vivido una pandemia ni sufrido sus consecuencias. Sin embargo, no me refiero ahora a la lucha política, de la que, por otro lado tampoco estamos a salvo. Me refiero a la contienda insular, y que conste que no pretendo sacar el pleito a colación. Mi intención es poner, negro sobre blanco, las posturas mezquinas que los efectos del Covid han tenido y siguen teniendo entre las islas. Desafortunadamente, el ejemplo de los partidos políticos ha calado en el tejido social y en los dirigentes de algunas instituciones insulares y, muy en particular, de la isla de Tenerife. A finales de agosto de este año, cuando los números negativos de la pandemia en Gran Canaria eran comparativamente mas importantes, el presidente del Círculo de Empresarios y Profesionales del Sur de Tenerife, Roberto Ucelay afirmó lo siguiente: “Se deben controlar urgentemente los vuelos y viajes en barco desde Gran Canaria”. Asimismo, a principios de septiembre, el presidente del Cabildo de Tenerife, Pedro Martín sentenció: “Hay que salvar a la isla de Tenerife para poder salvar a Canarias”. En similar sentido se pronunció el presidente de la Patronal Hotelera Tinerfeña, Jorge Marichal. Resulta lamentable que cuando tenemos, como región, que remar todos en el mismo sentido, que ser solidarios y apoyarnos mutuamente, sean precisamente los dirigentes quienes, en vez de proponer situaciones para salvar la parte del territorio que está afectada, pretendan ante todo salvar su propio pellejo.

Hoy cuando los números no les son propicios, ya no se habla de la isla de Gran Canaria o de Tenerife, ahora, en momentos de zozobra, todos somos “Canarias”, ya no hay distinción entre islas. Muchos son los medios de comunicación que, siguiendo el ejemplo de sus líderes, eluden o disfrazan los números: según convenga, acaparan sus éxitos o reparten sus desgracias.

Me satisface saber que, ni siquiera ahora que la tortilla se ha dado la vuelta hasta el punto de que se nos ha prácticamente vetado el turismo inglés debido al incremento de infectados he escuchado que desde Gran Canaria se hayan vertido frases con esa carga de cicatería y mezquindad.

Paralelamente a lo que afirmo al final del primer párrafo, si los intereses insulares persisten en esta dinámica interesada y egoísta, el espíritu de “Comunidad” seguirá siendo imposible.

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