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Ya ha sido detectada en Canarias la nueva (ya no tanto) cepa del coronavirus que procedente del Reino Unido saltó al continente europeo hace varias semanas. Es simpática la afirmación de que no es más mortal, que solo presenta un mayor índice de contagiosidad, porque uno de las variables que apunta a la letalidad de un virus es, precisamente, su capacidad de contagio. Una cepa más contagiosa lleva a más gente al hospital, es decir, demuestra más eficacia a la hora de contribuir a un colapso sanitario. Los virólogos advierten, además, que el repulsivo bicho puede seguir mutando en el futuro. Puede aumentar su contagiosidad, su poder de matar, su intervalo de acción. Así que estamos en una carrera entre un virus capaz de matar a cientos de miles de personas en los cinco continentes y arruinar al resto y las campañas de vacunación ya en curso. Una carrera donde nos jugamos nuestro futuro a corte y medio plazo como sociedades (más o menos) democráticas y económicamente sostenibles. En Canarias se han empleado para la primera dosis casi el 50% de las vacunas suministradas por la EU y el Gobierno central. Estamos en la parte media alta de la tabla. La Consejería de Sanidad admite que el ritmo de vacunación, aun siendo superior a la media estatal, todavía no ha alcanzado una velocidad admisible, y lo hará a medida que aumente la provisión de vacunas.

Vacunar ahora mismo, vacunar a toda mecha, vacunar rápida y eficazmente es la principal prioridad en el ámbito de la salud pública. Vacunar como si no hubiera un mañana porque tal vez el mañana no exista sin una vacunación masiva que, como mínimo, llegue al 70 o 75% de la población, facilitando así la llamada inmunidad de rebaño. Vacunar sin descanso y tomando nota de experiencias e incidencias porque es harto probable que si se consigue tener éxito en 2024 o 2025 deba repetirse el programa. Quizás consigamos que el coronavirus no llegue para quedarse, pero las vacunas contra el virus quedarán incluidas en nuestras cartillas de la Seguridad Social en cualquier futuro imaginable.

Se nos repite insistentemente que el dinero no es problema. Vaya que si lo es, pero en esto no debe escatimarse nada. Si el Gobierno autónomo ha contratado a miles de profesores, médicos y enfermeros en los últimos meses que contrate en las próximas semanas más ATS y auxiliares de clínica para vacunar mañana, tarde y noche si es imprescindible. Es difícil entender que no se entienda que vivimos en una situación excepcional y que si las campañas de vacunación no ganan en mayor velocidad y tenemos un tropiezo epidemiológico –otra cepa más contagiosa o directamente más letal– el futuro es realmente oscuro y la recuperación de Canarias, pese a la hipertrofia presupuestaria, se frenará en seco. Israel ha conseguido vacunar a unas 152.000 personas en un solo día: más o menos la población del municipio de La Laguna o un 50% más que la población del municipio de Telde en apenas 24. Por supuesto se trata de salvar vidas humanas. Pero también la actividad económica que les sirve de base de subsistencia. En la comunidad más dependiente del turismo en toda España conseguir ese 75% de vacunados –con las dos dosis prescritas– en el mes de junio es un objetivo no solo razonable, sino imprescindible.

Es una carrera. La carrera más grave y delicada que definirá si volveremos a vivir, a crecer y a aspirar a reformas para conseguir una sociedad más abierta, más próspera y más democrática, o nos dedicaremos a sobrevivir durante los próximos treinta años. Simplemente eso.

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