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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Martín Caicoya

La psicología al rescate de los epidemiólogos

A unos investigadores de la Universidad de Maryland se les ocurrió la idea de caracterizar las sociedades por la flexibilidad de sus normas y su grado de aplicación. No se refiere a las leyes y regulaciones, sino a los usos y costumbres sociales no escritos. Es lo que creo que estudian los antropólogos. El grupo de la psicóloga doctora Gelfand trató de caracterizar esa dimensión de la sociedad mediante una serie de preguntas del tipo: “Hay muchas normas sociales que se supone que la gente debe cumplir”, “Hay expectativas muy claras sobre cómo la gente debería actuar en la mayoría de las situaciones “, “Si alguien actúa de manera inapropiada, otros lo desaprobarán rotundamente” y “La gente de este país casi siempre cumple con las normas”.

Con este método clasificaron a las naciones y logran predecir cosas como las diferencias en creatividad, el grado de éxito de los emigrantes o las diferencias en prejuicios. La pregunta que se hicieron recientemente es si esa caracterización puede explicar las enormes diferencias en incidencia y mortalidad por covid-19.

En general, las sociedades con normas más rígidas y más estricta aplicación son o han sido más inseguras: han sufrido en el pasado, reciente o lejano, catástrofes naturales, epidemias, agresiones otros países, o conflictos internos. Ese estado permanente de alerta hace que sean más cohesionadas en torno a normas que las hacen sentir más seguras. A la vez son más rígidas, apenas dejan espacio para la creatividad, para el cuestionamiento y ruptura. Bajo esos supuestos, se espera que sepan reaccionar mejor a la amenaza de la pandemia. En el otro extremo, las sociedades que ofrecen seguridad tienen normas menos estrictas y una tolerancia grande a su incumplimiento, quizá porque no se ven en peligro: serían menos cumplidoras de las reglas para evitar los contagios.

El método estadístico que emplearon para examinar el efecto de esa dimensión en la incidencia y mortalidad por covid-19 es muy claro, lo que se agradece ante el abuso de modelos matemáticos oscuros que predicen con mayor o menor éxito el comportamiento de la epidemia. Simplemente colocan en el eje de las X la puntuación en el grado de rigidez de las normas y en el de las Y la incidencia o mortalidad. Se produce una nube de puntos que puede ser explicada por una línea que las atraviesa equitativamente: es la regresión. Cuanto más cerca estén los puntos de la línea, mejor la predicción.

El resultado es bastante interesante. Antes vale la pena comentar cuáles son los países más estrictos, aspecto estudiado años antes y hecho público en la revista Science. La media de puntuación fue 6,1. Por encima de 10 están la India, Malasia, Pakistán, Singapur o Corea del Sur. En la media estarían Francia, Alemania, Hong Kong, Reino Unido, Italia o Islandia. Y en lo más bajo, con puntuaciones por debajo de 3, Estonia, Hungría y Ucrania y bordeándolo, Israel y Holanda. España se sitúan algo por debajo de la media, con una puntuación de 5,4. Si se preguntan cómo han hecho esta clasificación, que los autores afirman haber validado, baste decir que se basa en entrevistas: en España realizaron 172, en Valencia el 40% eran estudiantes.

Con estas reservas, los investigadores encontraron que los países con normas más férreas y aplicación más estricta tenían 5 veces menos incidencia y 9 veces menos mortalidad que los que son relajados. Con el modelo logran explicar el 50% de la variación en la incidencia y el 30% de la mortalidad. Pero cuando se añaden otras variables, notablemente, el grado de imposición de la normativa covid-19 por parte del Gobierno, se logra explicar hasta el 70% de la incidencia y el 50% de la mortalidad. Lo que nos viene a decir, que ya sabíamos, es que el comportamiento de la gente influye de manera principal en la dinámica de los contagios. Esas sociedades que lograron tener menos casos son más vigilantes porque históricamente se han sentido asediadas. Por eso se saben defender mejor ante una agresión colectiva, si bien tienen que pagar en tiempos normales el coste de vivir en una sociedad muy normativa que deja poco espacio para la expresión y exploración de formas de ser de uno miso o de grupos.

De todas formas, dado que con esa variable, y el resto de las que incluyen en el análisis, no se logra explicar más allá del 50% de las diferencias en la mortalidad, este estudio nos dice que hay mucho que no sabemos. Por otra parte, la inexactitud en la predicción se muestra en casos como el de España que sufre una carga de enfermedad muy superior a la esperada o el de Grecia, con mortalidad más de dos veces inferior a la de España con el mismo grado de normativa. Tampoco ayuda a explicar por qué países como Portugal apenas sufrieron la primera ola mientras son los más afectados ahora. Son intentos loables, desde las ciencias sociales, de explicar un fenómeno que nos tiene secuestrados.

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