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Los Veintisiete

Sentirnos europeos

Es fácil, o por lo menos más comprensible, sentirse ciudadano europeo si vives en París, Roma, Berlín, Madrid o en cualquier rincón de la Toscana o Alsacia, dada la proximidad social, histórica y geográfica.

Para un ciudadano isleño como yo, nacido y que vive en las Islas Canarias, debería parecer más un ciudadano del continente africano que europeo. Pero no es así. Mire usted por donde, cuando España pasa a formar parte la Unión Europea, Canarias es declarada automáticamente parte de la UE como región ultraperiférica, al igual que otras regiones de otros países.

No faltaron grupos sociales que aplaudían la postura contraria para que Canarias quedase fuera de la UE y fuera declarada zona independiente lo que afortunadamente no ocurrió, ya que de ser así estaríamos en situación parecida o similar a otras zonas que quedaron estancadas en el desarrollo.

El europeísmo en Canarias está avalado históricamente por la situación geográfica y comercial. Somos una región ligada a actuaciones tricontinentales a lo largo de la historia con invasiones de navegantes y conquistadores del viejo continente y más lejanos…

Canarias ha tenido y tiene la suerte de ser un pueblo abierto en un océano Atlántico en el que, a lo largo de los siglos, han arribado y partido conquistadores, mercenarios, piratas… y por supuesto aportando nuevas costumbres, formas de vida, desarrollo y aventuras.

El hecho que Canarias sea región de Europa nos ha permitido un desarrollo económico, social, sanitario, de infraestructuras, colegios, con seguridad jurídica, defensa, con extraordinarias comunicaciones desarrolladas con el exterior, con una economía estable y un nivel y calidad de vida óptimos.

El hecho que Canarias sea región de Europa nos ha permitido un desarrollo económico, social, sanitario, de infraestructuras, colegios, seguridad jurídica, defensa y extraordinarias comunicaciones

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Esto que manifiesto podría trasladarse a otras zonas de Europa, aunque no estén en el Atlántico. Porque a unos nos limita el agua, a otros las montañas, los valles, lagos o los ríos.

Lo que pretendo es manifestar, una vez más, mi compromiso como ciudadano y docente en aportar a la sociedad mi contribución a potenciar la fortaleza y los principios y valores de este nuestro gran país llamado Europa.

Europa avanza no sin grandes precipicios que nos encontramos en ocasiones. Pero no hay que olvidar que se han ido superando, a veces con tormentas y otras perdiendo, partes importantes (Brexit).

No ha sido fácil, no lo es. Han pasado décadas en las que se han dado pasos de gigantes para unir voluntariamente a sociedades diversas con costumbres y lenguas diferentes, con el propósito de establecer normas comunes para más de 500 millones de ciudadanos.

Realmente tenemos que parar un momento y recapacitar para valorar, analizar este proceso en todas sus facetas.

Hagamos uso de la fórmula más sencilla para todos y seamos sensatos y prácticos. Lo hemos hecho muchas veces en nuestras vidas: coger un lápiz y papel, a un lado lo positivo y al otro lo negativo de la UE y nuestra pertenencia…

El 9 de mayo, Día de Europa, sería un día apropiado para hacerlo en nuestras casas, con la familia. Serviría para acercarnos, compartir y especialmente para homenajear a las tantas personas que a lo largo de décadas han luchado para que tengamos paz, desarrollo, tolerancia y respeto estando unidos en la diversidad.

*José Manuel Vega Pérez. Vicepresidente europeo de la asociación europea de enseñantes (Aede)

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