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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Caballero de fina estampa

Generalmente es al revés: el magistrado o juez se pasa a la política, no para comenzar como militante de base precisamente, sino como una personalidad de cierta proyección profesional o social cooptada por un partido con la oferta de un cargo público relevante. Los ejemplos abundan en los últimos treinta años: Baltasar Garzón, Juan Alberto Belloch, Juan Pedro Yllanes, Manuela Carmena, Victoria Rosell, Margarita Robles, Fernando de la Rosa. Algunos, como el inefable exministro de Interior y Justicia, volvieron a ponerse la toga y lucir puñetas después de veinte años como cargo público. La legislación es muy permisiva para la ida y la vuelta entre política y judicatura. Pero en este caso (del que ha informado canariasahora.com) la senda es la opuesta: un individuo que está en la política (Jorge Rodríguez, vicesecretario de Estudios del PP de Canarias) es designado magistrado suplente del TSJC por el Consejo del Poder Judicial.

No hay solo una manera de practicar la política. El señor Rodríguez, el flamante magistrado suplente, ha seguido el modelo de la rosa de Alejandría: colorada de noche y blanca de día. A un servidor le recuerda mucho al perfil de otro tribuno del PP, don Manuel Fernández, que llegó a ser brevemente secretario general de la organización conservadora: dirigentes más interesados en las ventajas y oportunidades que ofrece la proximidad del poder que en ocupar poltronas concretas, gente brillante y hacendosa que sabe que el negocio puede ser política y que la política no deja de ser nunca un negocio, caballeros con excelentes relaciones tanto con líder local – ambos profesaron una ilimitada admiración por José Manuel Soria –como con figuras influyentes de la dirección nacional. Ocurre, sin embargo, que el señor Fernández nunca se vió incurso en un procedimiento judicial que investigaba un caso de corrupción, y el señor Rodríguez, sí. Por supuesto que el asunto se ha olvidado –lo que se llama casi poéticamente opinión pública tiene la memoria de un batracio – pero los más jóvenes o amnésicos pueden repasar los periódicos entre 2011 y 2014 para informarse debidamente. Hasta un servidor escribió al respecto porque, entre otras cosas, quedó acreditado en el proceso que don Jorge cobró informes de asesoramiento urbanístico mientras estaba en situación de dedicación exclusiva en el Parlamento de Canarias. Jorge Rodríguez, que era un orador correcto y preciso, pero retóricamente bastante remilgado, fue investigado y juzgado por los tribunales, y jamás se le descompuso ni el gesto ni la corbata. Fue el único de los acusados en el denominado caso Grupo Europa – una hijuela judicial del caso Faycán – que resultó absuelto por los tribunales. Estas vicisitudes judiciales no le han afectado jamás. Hasta 2019 fue un silente senador autonómico.

Obviamente han menudeado las críticas sobre un Consejo General de Poder Judicial controlado por el PP y que Pablo Casado y los suyo, precisamente para conservar la mayoría conservadora, se niegan a renovar aunque su mandato haya expirado hace más de dos años y medio. Más grave y bochornosa aun es la incapacidad del PP para emprender un mínimo esfuerzo de regeneración interna. El señor Rodríguez, en efecto, no terminó condenado judicialmente en su día, pero políticamente su comportamiento como diputado y dirigente fue deleznable. Es irrelevante: la vereda del PP sigue expedita. La vereda de los favores mutuos, la información delicada compartida a oscuras, la estricta obediencia mande quien mande. Lo cantó en su día Chabuca Grande: “Una veredita alegre con luz de luna o de sol/ Tendida como una cinta con sus lados de arrebol/ Arrebol de los geranios y sonrisas con rubor/ Arrebol de los claveles y las mejillas en flor/ Perfumada de magnolia rociada de mañanita/ La veredita sonríe cuando tu piel acaricia/ Y la cuculí se ríe y la ventana se agita/ Cuando por esa vereda tu fina estampa pasea/ Fina estampa, caballero/ Caballero de fina estampa/Un lucero que sonriera bajo un sombrero/No sonriera más hermoso/ Ni más luciera caballero”. Por supuesto.

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