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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

La conspiración de los 540 euros

Alberto Rodríguez, diputado y exsecretario de Organización de Podemos, ha pasado un trago muy desagradable en el Tribunal Supremo. No es una vivencia precisamente cómoda ser acusado y procesado judicialmente: lo digo por experiencia. En una ocasión incluso intentaron procesarme por escribir que los cuadros de un pintor tinerfeños eran infames. Me llamaron a declarar como parte de las diligencias previas, porque la demanda, sorprendentemente, resultó admitida. Llegué demasiado puntual y tuve que esperar en una antesala, donde un individuo gigantesco, cejijunto y de pecho inmenso e hirsuto sacudía de vez en cuando las manos esposadas. Lo vigilaba un policía que parecía muerto de sueño. El presunto se me quedó mirando varios segundos.

--¿Y tú que haces aquí pingapato?

--¿Yo? Un nota me ha denunciado por escribir que pinta mal.

He perdido en la desmemoria casi todos los discursos parlamentarios que he escuchado en mi vida, pero jamás olvidaré la réplica estupefacta del matado.

--Pero hay que joderse.

Aun así, Rodríguez habla del “calvario judicial” que ha vivido durante ocho años, quizás con cierta exageración. Después de intentar hacerse con la candidatura de Izquierda Unida al Congreso de los Diputados –perdió las primarias -- Rodríguez se pasó con armas y bagajes a Podemos, donde lo recibieron con los brazos abiertos. En su momento gente como Ramón Trujillo se quedó bastante pasmada por el desparpajo oportunista del entrañable compañero. Son minucias, claro, que ya no se cuentan, entre otras cosas porque Podemos e IU, al poco tiempo, decidieron embarcarse en una convergencia político-electoral y ahí están, disputándose demoscópicamente las miserias. Rodríguez, como todos los líderes de la izquierda poscontemporánea que nos ha tocado soportar, tiene una visión de sí mismo que a ratos parecería escrita por un guionista de Marvel con problemas con las anfetaminas. Asistí a varios mítines de Podemos en 2016 y el muy espigado Alberto siempre se presentaba como un activista social entusiasta, sacrificado e incansable que no se había perdido una manifa, una concentración o una pintada desde la preadolescencia. Lo escuchabas y parecía que había arriesgado repetidamente su vida y su libertad contra el fascismo que infectaba España a principios del siglo XXI. Otra de sus características de su retórica consistía en llamar “sinvergüenza” y “ladrón” a todo el mundo y en repetir mucho que “con el PSOE no puede irse a ningún lado”. En esos ocho años de calvario Rodríguez ha conseguido ser diputado, aumentar sus ingresos económicos en más de un 50% y ejercer el segundo rol más importante en la organización de un partido con casi 6.800.000 votos en las últimas elecciones generales. No está nada mal.

Uno de los mantras de Podemos en su momento –uno de sus top mantras – es que resultaba intolerable, vergonzoso, moralmente asfixiante que un diputado o senador, por serlo, no sea enjuiciado en un juzgado ordinario, sino por el Tribunal Supremo. Por supuesto Rodríguez compartía ese punto de vista contra el aforamiento, pero no dimitió como diputado, sino que prefirió ser juzgado por el Supremo. El diputado tinerfeño afirmó tajantemente en su declaración que todo era “un montaje policial” para ofrecer una suerte de castigo ejemplarizante a alguien que protesta contra un ministro. Es curioso: la propia abogada de Rodríguez rechaza del todo en su informe que su cliente fuera imputado “por razones espúreas”. Al final el Supremo le ha impuesto una multa de 540 euros y una fugaz inhabilitación para el derecho de sufragio pasivo. Es muy improbable que pierda el acta: le protegerá la buenrrollista mayoría de la que forma parte. ¿Una conspiración de jueces, fiscales, comisarios y policías para clavarte 540 euros? Guillermo Brown era mucho más peligroso que tú. Y a la vez más barato.

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