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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Antonio Perdomo Betancor

Objetos mentales

Antonio Perdomo Betancor

Psiquiatrización de la política

El Tribunal Supremo que juzgó la rebelión del 1-O parte del supuesto de que lo sucedido en Cataluña fue una ensoñación. Desde una perspectiva amplia parece más bien un diagnóstico de un psiquiatra acerca de una dolencia política, individual y colectiva. Y quizá lo sea. Las dolencias también se transmiten en un proceso similar al de un virus. Y no es menos cierto que no siempre ocurre lo que tradicionalmente está previsto por las leyes, a veces ocurre que la realidad mental siempre tan abierta y creativa puede salirse de los hechos meramente establecidos, y abordar, sorpresivamente, estados mentales donde los individuos se transmiten una dolencia como infección.

Yo pienso con Freud, el más importante filósofo de la mente de su época, a pesar de que la nueva ciencia lo ha colocado en el lazareto de los confinados, que la psique pende de un delicadísimo equilibrio. Es un sistema que tiende a la entropía, por sí mismo el lenguaje lo desequilibra. El lenguaje con su poder vírico de acción tiende a infectarlo, por ello, el sostenimiento de su salud se establece en instantes alternantes más o menos amplios. En la realidad, por lo general, pasamos por alto la cuestión del lenguaje por cuanto si lo pensamos verdaderamente creeremos que nos falta un plus de salud, es decir, que aquello que pensamos o imaginamos como la expresión “estar bien”, realmente se encuentra más allá de nuestras posibilidades. Y ese matiz no es ajeno al escenario que apuntamos más arriba.

Desde que dimos el salto del animal al estado de homo sapiens, cortamos la última liana con la conformidad salutífera de la que gozan los animales, y, con el salto a homo sapiens, agarramos con fuerza la liana de la inestabilidad mental, por el hecho extraordinario, quizá, de sabernos seres capaces de desear en una escala desproporcionada. Este estado nuevo, propio del hombre, de singular excepcionalidad en la naturaleza biológica, por esa misma singularidad, la humanidad se instala en la casa de la angustia, o de la ensoñación, de nuevas neurosis, de obsesivas alucinaciones, que no dejan de ser los muchos nombres con los que se designa la misma angustia. De hecho, el mero existir ya supone una existencia aumentada, y con la mera potencialidad figurada de una existencia alternativa a la que se vive, conduce a una existencia precaria en seguridad y estabilidad.

Ese logro alcanzado por la humanidad debido a su conciencia, que lo excluye de la mera animalidad, es, al mismo tiempo, el acicate del que se nutre la industria de las grandes farmacéuticas cuya producción farmacológica en constante aumento, a petición de la propia constitución insatisfecha de sus usuarios, y de cuyo recurso importantísimo la sociedad se sirve para evitar el precipicio de la inseguridad, describe bien la situación. De manera que la sociedad comercia estabilidad transitoria al coste de una grave inestabilidad futura. Y precisamente, ahora, nos encontramos en una de esas situaciones de extrema gravedad donde la dolencia política adquiere proporciones desmesuradas. De tal modo es así que ocurre precisamente cuando la autoridad y la seguridad parecen poco creíbles. Lo es, quizás, porque la ciudadanía atisba un precipicio.

La demanda de la sociedad de seguridad acepta, para su propio blindaje, ensoñaciones, acepta creencias por absurdas que sean, pues una mente abierta y especulativa crea escenarios falaces, o de abierta incertidumbre. Así las cosas, dada la imposibilidad ontológica de la estabilidad continuada, los micro-relatos, o relatos neuróticos, o sea, las neurosis en general, cobran presencias reales.

Un ejemplo, por lo cercano en el tiempo, es el experimento político-social implementado en Cataluña, en el que un sistema de premios y castigos, el uso de un lenguaje como un vector capaz de propagarse meméticamente por contagio provoca una grave dolencia social. Este experimento político-social sin el uso del lenguaje y su proyección por los medios de comunicación de masas hubiera sido improbable. Consecuentemente lo que sobrevuela, según mi parecer, en la actualidad de la comunidad política es la novedosa forma de tratamiento psiquiátrico de la política. Que ya la intuición de estamento judicial, con sus diferencias y contradicciones, interpreta del zoo humano.

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