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Marisol Ayala

Volando bajito

Marisol Ayala

Los míos

Hoy por estas mismas páginas sabrán que a partir de mañana lunes a las 11.30 comienzo a presentar en RTVC “Vidas Cruzadas” un programa de entrevistas e historias cuyos personajes de alguna manera han vivido en mi vida.

Y yo en la de ellos. La mayoría de los personajes que cada lunes desfilaran por el VC son viejos conocidos que cuando comenzaron a sortear los baches de la vida venían pidiendo ayuda. Como imaginaran la única ayuda que por entonces yo podía prestarles era una denuncia pública en La Provincia cuyas páginas eran mágicas. La denuncia social que publicábamos se solucionaba en un par de día. Todos esos encuentros fueron haciendo mella en mi vida hasta el punto dejar un trabajo en la Administración Pública, en el hospital Insular. Y con un sueldo suculento. Nadie pudo frenarme porque tenía claro que había que dar un paso para hacer luego lo que más gusta, contar historias y denunciar atropellos. Sin saberlo estaba eligiendo el periodismo humano, el de cercanías. Un género periodístico dirigido a los enfermos, los pobres, los ancianos mal atendidos, los menores desamparados y las mujeres maltratadas. Me senté con los míos. Siendo para mí una necesidad denunciar sus carencias para otros compañeros era sensacionalismo, amarillismo. Aunque no lo crean en aquellos años, mediados de los noventa, sorprendía la incomprensión de los que cuestionaban cada reportaje o historia que firmaba. Menos mal que en La Provincia trabajé con buenos directores, Diego Talavera, Ángel Tristán y Paco de la Iglesia. Cuando me fui del Insular llegué a casa sin una peseta, nunca le tomé cariño a ese lugar pero estaba dispuesta a meter la cabeza por donde fuera para hallar trabajo en la profesión.

Un día estando en Playa del Inglés me avisaron. “Te busca La Provincia”. Era el director. “Ayala, cógete un descanso y en cuatro te quiero aquí para que firmes el contrato”.

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