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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Menos mal

Los ahogados se hunden entre la desesperada esperanza y las costas canarias. Cae la lluvia y vuelve el frío y casi se inunda el centro de acogida de migrantes de Las Canteras. Escrivá estuvo hace dos o tres días en La Palma, cumpliendo con el cronograma de visitas ministeriales trazado desde La Moncloa, y como vino se fué, grandullón y sonriente, ligeramente petardo y completamente inútil. Por los problemas de la migración irregular no ha venido ni se le espera. Sinceramente me trae sin cuidado lo que haga o deje de hacer ese genio inefable en Canarias. Estoy harto de este desfile de gaznápiros y arrebatacapas. Hasta Irene Montero ha paseado por aquí para conocer a los volcanes, los volcanos y las volcanas. Ahora, precisamente, el partido de Montero vuelva a escandalizarse por lo de los inmigrantes. Las muertes y el trato a los (mal)acogidos. Da igual que sean corresponsables de esta situación. Lo son porque cogobiernan en España y en Canarias. Los gobiernos son, por definición, órganos colegiados, y la responsabilidad es compartida. Habrá que insistir en que si a los de Podemos les indigna tanto la gestión de la crisis migratoria deberían abandonar inmediatamente el Gobierno. Los gobiernos. No lo harán. Quieren el poder, quieren los presupuestos y quieren las poltronas y entienden que son perfectamente compatibles con la indignación moral y los discursos propagandistas de quien juega impunemente a ser a la vez gobierno y oposición, sabio mandamás y rebelde irreductible, poder y víctima.

Es de un cinismo repugnante, pero invencible. La misma Yolanda Díaz – dulce levadura para el mismo pastel de la izquierda unificada – se permitió criticar la represión policial en las manifestaciones de los obreros del metal en Cádiz sin que se le cayera nada al suelo por ser vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo. Seguro que se negó a tomar café con Grande Marlaska en el descanso del consejo de ministros. El resto del tiempo lo ocupa Díaz en emitir una prosa poética de dudosa calidad basada en cierto idiolecto cursi y promisorio, un pastiche verbal que no significa absolutamente nada: “Un nuevo horizonte de transformación deseado precisamente por ser común y común precisamente por ser deseado”. Personalmente creo que esta señora y sus palmeros nos están bacilando. Y lo hace también cuando cuenta que la Inspección de Trabajo ha conseguido transformar en 2021 más de 300.000 contratos temporales en indefinidos. Tal vez la Inspección haya transmitido a las empresas afectadas esa orden administrativa. Pero sería interesante saber qué porcentaje de empresas convirtieron en fijo al trabajador en cuestión y lo despidieron inmediatamente o lo hicieron fijo, en defecto, pero durante media jornada. Es todo tan estúpido, infantil y, sobre todo, asfixiantemente mentiroso y falaz que produce grima. Es normal que la izquierda poscomunista –como todas las opciones políticas – mienta en el gobierno con mayor fruición y descaro que en la oposición. Lo que asombra es lo poco que se curran el argumentario. Las políticas de empleo (así como los acuerdos sindicales) puestas en marcha por Díaz no han tenido mayor impacto en la creación del empleo en España en el último año y medio en España o en la calidad de los resurrectos puestos de trabajo. Su influencia ha sido minúscula, sencillamente, porque el Gobierno del PSOE y Podemos no ha tocado ninguno de los elementos centrales que definen la situación de desempleo cronificado en España, especialmente entre los jóvenes: la estructura del mercado de trabajo, la productividad de las empresas, la intervención de las administraciones públicas o la inversión en I+D+i entre otras. Porque otra de las curiosidades de la ministra Díaz consiste en vender como una gestión genialoide lo que es reparto de subvenciones y ayudas sin haber culminado ninguna reforma relevante. Niños que se ahogan en el mar, tiritan en los campamentos los migrantes y aquí el desempleo no baja del 20%, qué indignante, qué indignante, pero menos mal de gobernamos, ¿no? Es un alivio.

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