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La Provincia - Diario de Las Palmas

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José A. Luján

Piedra lunar

José A. Luján

Desfile dadaísta

Un profesor universitario jubilado, con reconocida solvencia expresiva, ha colgado en estas páginas del periódico un texto que, con enorme semejanza a la tipología de las antiguas cartas al director, aborda la suciedad que ensombrece nuestra ciudad. Utiliza un lenguaje directo, sin metáforas ni juegos literarios, y con una dimensión que abarca toda la urbe, de norte a sur. En casos similares, nosotros solemos dar giros literarios para propiciar la diversión propia y la de los lectores.

En las columnas más recientes hemos tenido la fijación perruna que invade el emblemático barrio de Triana. En esta cuadrícula urbana, los testimonios de viandantes y vecinos se han visto enardecidos sobremanera, porque no sólo la presencia de estos animales en recuas sino con su huella en el pavimento compartido con los caminantes es una evidencia de vergonzosa suciedad.

A este hecho específico hay que sumar el resto de vestigios que van en aumento cada día. Podríamos invitar a los responsables de la limpieza ciudadana, o sanidad pública, ya sean concejales o técnicos, a realizar una excursión por el barrio, con cuaderno o tableta digital en ristre para anotar los hallazgos y elevarlos a categoría de exposición.

Partimos de ciertas categorías artísticas de la misma manera que a principios del siglo pasado emergieron diversos estilos que hicieron las delicias de los innovadores. Dadaísmo, futurismo, mecanicismo, fauvismo, cubismo, ultraísmo… cada uno con la justificación de sus fundamentos.

El dadaísmo fue el juego de las casualidades. Emergió a partir de que tres autores decidieran tomar un cuchillo y con su hoja abrieron las páginas de un diccionario. La primera palabra que se alumbrara en la parte superior de la columna de la izquierda, sería la que daría nombre a un nuevo movimiento. Y resultó ser la palabra ‘dadá’. Este movimiento artístico y literario propugna la liberación de la fantasía y cuestiona los modos de expresión tradicionales.

El dadaísmo es una corriente antiliteraria y antipoética que cuestiona la existencia del arte, la literatura y la poesía. Se presenta como una ideología total, como una forma de vivir y como un rechazo absoluto de toda tradición o esquema anterior. Toma su nombre del balbuceo infantil «da-da».

Con este prólogo, proponemos pasear por las calles del barrio a partir de la esquina de Pérez Galdós con Bravo Murillo, donde el esbelto edificio del Cabildo muestra su arquitectura modernista. Pero esto no sirve para nada porque inmediatamente nos encontramos a ras de acera con una papelera chorreante, cuyo líquido se alarga por el pavimento como una graciosa culebrilla.

Seguimos adelante, y al pie de otra papelera nos encontramos con una rebanada de pan plagada de hormigas, y dos cucarachas moribundas patas arriba, y otras dos que corren hacia su escondite en una inmediata alcantarilla. La orina de los perros no deja de estar presente en diez ocasiones hasta la plaza de San Bernardo. Si pretendemos sortearlas, sin querer nos vemos bailando la Yenka, salto a un lado salto al otro. Danza para concurso. La propia Plaza de San Bernardo, en toda su planicie, muestra sus versículos en una amplia colección de chicles pegados al pavimento. Y las hojas de los plátanos en la calle Travieso muestran su haz de tono verde y el envés convertido en una felpa blanquecina que se desprende y vuela hasta el segundo, tercer o cuarto piso de las viviendas de la calle, y que indica que por allí no ha pasado la máquina de fumigación en el tiempo que estuvieron colgadas en la copa de los árboles. Las alergias se hacen presentes en las personas que pagan el IBI de manera religiosa. Chicles, hojas de plátanos, orines perrunos, kakas de lo mismo, cucarachas, hormigas, papeleras chorreantes, grafittis en fachas de casas recién pintadas, zócalos de piedra en edificios históricos corroídos por la urea de los queridos perros. Al llegar a la Alameda de Colón, vemos que por su hermoso perímetro labrado en piedra de Arucas ha escalado la suciedad, hojas de laureles pegadas con excrementos de palomas. Y en las inmediaciones un parque de juegos infantiles. Hay madres y padres con niños en brazos que no dejan de balbucear «dadá-dadá-dadá...» Con ello refuerzan el desfile del dadaísmo. Y los responsables de sanidad pública, mirando para otro lado.

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