Opinión | Retiro lo escrito

Otra mamarrachada

Imagen de archivo de Julio Cruz en el Parlamento de Canarias cuando era diputado regional. | | LP/DLP

Imagen de archivo de Julio Cruz en el Parlamento de Canarias cuando era diputado regional. | | LP/DLP / Daniel Millet

El escándalo de Julio Cruz es la enésima mararrachada que caracteriza el anodino mandato de Luis Yeray Gutiérrez como alcalde de La Laguna. No, no necesito que me lo digan: puede ganar las elecciones el próximo mayo. Por cierto, sería la primera vez, porque en 2019 no lo hizo. Alrededor del joven mandatario se ha construido una diminuta y bastante cara mitología: un joven Apolo salsero, el caderú socialdemócrata de Aguere, sin pecado coalicionero concebido. Todo ha sido una farsa. El PSOE gobernó con CC hasta cuatro o cinco meses antes de las últimas elecciones y Gutiérrez formó parte de ese gobierno municipal como asesor de Javier Abreu primero y de Mónica Martín después. Por cierto, el PSOE también sostuvo a Fernando Clavijo como alcalde durante cuatro años ininterrumpidos. Yo no creo ser el único ciudadano hastiado de la machangada moralista como cuartada de una pasmosa incapacidad de gestión.

En todo este tiempo las únicas áreas que han mejorado en la gestión municipal son las controladas por Unidas Podemos, y más concretamente, los todavía modestos servicios sociales. Rubens Ascanio ha conseguido ordenarlos, coordinarlos y prestarles más rapidez, eficacia y capacidad de respuesta. Los espacios controlados por los psocialistas, en cambio, han devenido ejemplo de negligencia contumaz autocomplaciente, mientras que en Urbanismo Santiago Pérez, el paladín del cambio democrático y la modernización, no ha crujido ni ha mugido. El PSOE llegó a la Alcaldía de La Laguna sin un proyecto claro y articulado para la ciudad y los pueblos del municipio. Podría haberlo construido a lo largo de tres años mientras a través de un auténtico compromiso aprendían a gestionar. No lo han hecho. Y no hay ningún misterio en esta negativa. Es pura gandulería. Gandulería y fascinación por el poder. Los de los trajes y los chaqués, las comilonas individuales y colectivas, los viajitos desprovistos de cualquier agenda de trabajo, las obras sin autorización porque yo lo valgo, el castigo o premio político a la oposición a través de las comisiones con sabrosos sueldos que repartir, el fusilamiento de adversarios políticos por amiguitos de papel y tinta. A menudo les ha salido bien. Al portavoz del PP le han puesto un sueldo, por su discreto silencio y su espíritu de servicio, que compatibiliza sin problemas con la dirección de su empresa particular.

La penúltima desvergüenza en el gobierno municipal fue aquello que ya han olvidado todos: un concejal que al votante de un coche del parque público municipal lo estrella contra una pared, deja el motor en marcha y horas después la Guardia Civil lo encuentra deambulando por el arcén de la autopista y manteniendo la verticalidad con grandes dificultades. Después de algunas horas el concejal dimitió sin brindar ninguna explicación sobre su comportamiento. El alcalde aceptó la dimisión y elogió al concejal – al que en ese momento se le descubrió un breve pero asombroso historial delictivo – como si hubiera dimitido Konrad Adenauer. ¿Explicaciones a los ciudadanos? Ninguna. ¿Y quién paga el coche destrozado? Por usted, capullo lagunero, con sus impuestos y tasas. Pues bien, ahora se entera el universo que Julio Cruz, el gomero errante, estaba cobijado en el ayuntamiento de La Laguna. Cruz lleva años peregrinando por administraciones para conseguir un curro y no tener que volver al Cabildo de La Gomera, donde al parecer conserva plaza de funcionario, por terror a las sevicias a las que podría someterlo su archienemigo Casimiro Curbelo. Al menos Patricia Hernández, en el ayuntamiento de Santa Cruz, montó un paripé de concurso. Gutiérrez no: le abrió la puerta y le enseñó el tomacorriente. Y ahí ha estado, cobrándolo caliente, hasta que el secretario del ayuntamiento decidió que su nombramiento era nulo de pleno derecho. El alcalde no explicará esta pequeña gorrinada. Tiene belenes y clases de zumba la próximas tres semanas.