Opinión | Punto de vista

El 23 de julio y la literatura

Un hombre vota en las últimas elecciones.

Un hombre vota en las últimas elecciones. / EFE

La vida y la literatura está repleta de páginas de recuerdo y olvido. Aunque estamos advertidos por esos mismos genios de que no hay nada más falso que un libro aplicado a la vida real.

El método Proust consiste en olvidar para revivir en la forma de la memoria recuperada. Faulkner advierte que la memoria cree antes que el conocimiento recuerde.

No sé de forma cierta de que materia está hecho el cuerpo social que tiene su reflejo en el censo electoral. Pero la memoria cree al mismo tiempo que el conocimiento se acuerda de que este gobierno sanchista hizo en cuatro años por los trabajadores y los pensionistas más de lo que cabe en un solo sueño con un gobierno de derechas, aunque gobierne durante varias legislaturas.

No es posible olvidar como este gobierno subió el salario mínimo interprofesional de forma rotunda y las pensiones de forma notable. Y se posicionó ante la inflación a favor de los más desfavorecidos. Y mejoró de forma incontestable la forma de contratación con la reforma laboral.

El partido popular no acusó recibo de todas estas mejoras sociales mirando hacia otra parte o a veces mirando con desdén desde la oposición a estas medidas. Un pensionista de Vox ante el beneficio patente de la subida de su pensión tiene un argumento espurio, en realidad no tiene argumentos porque por encima de su pensión esta la marcha de Sánchez. Y el falaz argumento es una pregunta, quién va a pagar esos presupuestos de aumento. Esta pregunta jamás la haría en el casi imposible caso de que la subida de la pensión la decreten ellos.

Es la economía, estúpido, decía un slogan del candidato Clinton contra el invencible Bush padre. El mismo Bill Clinton pidiendo sin duda prestada la frase se preguntaba cómo tanta gente estaba discutiendo casi todo el tiempo mientras que tenían en común el noventa y nueve por ciento del genoma.

Como no hay política exterior que posicione a España en el mundo puesto que ni Sanchez ni Feijóo están matriculados en esa asignatura, la economía debería ser la materia troncal. El partido Popular nos ha acostumbrado al artificio de oponerse a todo y no derogar nada. Ya la memoria cree y el conocimiento recuerda la postura conservadora contra el divorcio o contra el aborto o en el asunto de los matrimonios del mismo sexo, avances sociales cada uno de su momento, que ellos utilizaron en su vida privada como si fueran parte de la izquierda peligrosa.

La memoria cree antes de que el conocimiento recuerde a Rajoy recortando en todo y atreviéndose incluso con la sanidad. En el método Proust, el votante olvida y lo revive al recordarlo. Solo que en ese recuerdo no se encontrarán una magdalena sino una tijera en las manos de Rajoy o de Feijóo, practicando recortes sociales.

Difícil expediente este de la posible mayoría de derechas. Ni es recuerdo ni olvido, es estado de ánimo que lleva a cada cual a votar dejando a un lado sus intereses más particulares.

En el Reino Unido de hace cuatro décadas, en época convulsa, todo era más previsible. Y más inevitable. El obrero era laborista de forma irreductible y conformaba un tercio del censo que votaba, el que no lo era formaba parte de otro tercio irredento y votaba conservador y dirimía el resultado final un tercer tercio que no sabía realmente si era obrero o sencillamente estaba inmerso en una crisis de identidad. Acaso tenía una ideología marcada o creía que estaba dentro del ascensor social. Era la economía, estúpido.

Aquí en España las clases sociales parecen disueltas cuando tienen en la mano el voto y no sé si no saben o no ignoran que pueden volver hacerlo, pueden volver a los recortes porque les encanta recortar. Nada nuevo, la política es péndulo y alternancia y la mueve un estado de ánimo colectivo.

Sanchez vale más por sus logros sociales que por su mera y desgastada presencia. Para prometer viviendas hay que estar fresco de presencia. Feijóo va de tapado, pero no va a engañar a nadie. Le votarán, muchos se arrepentirán, pero no por un engaño. Los decepcionará después, cuando nadie recuerde lo que prometió o calló, el péndulo lo golpeara y perderá las siguientes elecciones. La alternancia que decreta un orden natural electoral que postula que cada cual no vota según sus intereses.

Bueno, el que está abajo del andamio sí que lo hace, pero el tercio obrero y el tercio oscilante y decisivo votan según este el escenario donde se representa la sociedad del espectáculo. Compartiendo el noventa y nueve por ciento del genoma, no hacen otra cosa que discutir el noventa y nueve por ciento de su tiempo.

Decía Churchill que si una persona apacigua a un cocodrilo es porque cree que el cocodrilo se va a comer al otro que va contigo. Muchos no recuerdan al andamio porque fueron sus padres los que estaban en el andamio y se portan como el apaciguador del cocodrilo. Tan tranquilos, se comerán al otro.